viernes, 17 de agosto de 2007

sexo y preservativo

Las insistentes campañas en pro de la difusión del preservativo encierran engañosas falacias que el Dr. Enrique A. Alemán desvela en esta interesante reflexión tomada de http://www.prensa.com

Tengo más de 20 años trabajando como médico urólogo y, por lo tanto, he tenido la oportunidad de conversar con muchos de mis pacientes, entre otras cosas, sobre realidades de su vida sexual y, además, tratar a niños y adultos con enfermedades de transmisión sexual. Mi convicción tallada en estas décadas de aprendizaje es que no nos equivocaremos nunca si aprendemos a limitar nuestras relaciones sexuales al ámbito del matrimonio. Hemos caído en la trampa de los mass media al permitir que parte importante de la polémica sobre la sexualidad, las enfermedades de transmisión sexual, principalmente el sida, recaigan sobre el uso o no uso del condón.














El problema no es el uso o el no uso del condón. Lo fundamental del asunto es la concepción que tengamos del hombre y de su sexualidad. Si el sexo es solo placer o pasión, entonces no tenemos nada que discutir. Usen todos los preservativos que quieran. Hemos destruido el significado del sexo y nuestra actual sociedad, al decidir vender actualmente el sexo como producto del hedonismo y del mercantilismo, está pagando un precio terrible, tan evidente, que nadie sensato y honesto puede discutir: aumento de las enfermedades de transmisión sexual, de embarazos no deseados, de abortos; inicio de vida sexual en edades tempranas de la adolescencia, uniones a prueba no comprometidas y egoístas, ausencia de matrimonios, irrespeto a la feminidad, a la maternidad y disminución de la fertilidad; incremento de la pornografía, de la prostitución, de la violencia doméstica, y de las infidelidades. Esto no se resuelve con el condón.
Hay muchos que entendemos la relación sexual como algo maravilloso, como una extraordinaria experiencia, enriquecedora, y que lleva a una vida plena y madura, pero, cuando la realizamos en el marco de un compromiso serio, maduro, responsable como es el matrimonio. Nos permite llevar una vida matrimonial y, por lo tanto, familiar más rica, más tolerante, más generosa. Muchas personas, que están de acuerdo y no de acuerdo con estas últimas líneas, objetarán diciendo que esto es una quimera, que es imposible, que es muy difícil, que la naturaleza humana no está hecha para estos conceptos. Solo puedo responder diciéndoles que estoy de acuerdo con que es difícil, es una lucha, pero que no es imposible, que vale la pena ese esfuerzo. También es difícil trabajar duro y honradamente para llevar adelante una profesión y una familia; que también es difícil decir la verdad siempre; que también es difícil saber olvidar y perdonar; que también es difícil alegrarse del éxito de los demás a pesar del fracaso profesional o económico de uno; que también es difícil levantarse una y otra vez, no importa cuántas veces nos hayamos equivocado o caído. Vivir valores y una vida digna es difícil.
La tragedia que vive la sociedad mundial con la presencia el sida y otros flagelos no es causado, ni es problema de condón o no condón. Estas realidades se han agravado por las desigualdades económicas y sociales, por los bajos niveles de educación, por el ataque frontal, altamente lucrativo, contra las mujeres y su dignidad, por la promiscuidad sexual, por la degradación del matrimonio, por la homosexualidad y por la promoción del hedonismo y del consumismo.
Soy un convencido de que las campañas masivas de repartir condones, no resuelve el problema que todos los involucrados en el tema queremos solucionar de buena fe. Más bien agrava la situación, pues el mensaje queda claramente enunciado: "muchachos y muchachas tengan sexo, cuando quieran y con quien quieran, que eso no es problema, tienen derecho a darte ese placer; lo malo, lo irresponsable es no usar el condón y así evitar el embarazo y una enfermedad de transmisión sexual". Este mensaje es falso, equivocado. El uso del condón no es sexo seguro. Sigue siendo un sexo inseguro y al destruir la voz de la conciencia (que sin duda existe), desbocamos sin control el fuerte instinto sexual que se despierta en nuestra adolescencia, aumentando la promiscuidad sexual con todas las consecuencias ya descritas.
El objetivo preventivo del condón es destruido con creces por esa otra realidad científica que son las consecuencias del aumento de relaciones sexuales irresponsables e inmaduras. No es asunto de mojigatería. La mojigatería es seguir pensando que tener relaciones sexuales cuando y con quien el instinto nos invite, con condón o sin condón, no tiene consecuencias nefastas en la vida de esas personas, en el matrimonio, en la familia y en la sociedad.

miércoles, 15 de agosto de 2007

Nueva encíclica de Benedicto XVI sobre doctrina social

Leo en aciprensa.com que el Papa Benedicto XVI trabajó durante sus vacaciones en Lorenzago di Cadore en julio en una nueva encíclica social, que abordará el desafío del justo desarrollo de los pueblos en el marco de la globalización. El vaticanista italiano Ignazio Ingrao, observador del Vaticano para la revista Panorama, citó esta semana fuentes del Vaticano señalando que la esperada encíclica social del Papa, la segunda de su pontificado, conmemorará los 40 años del histórico documento del Papa Pablo VI “Populorum Progressio” (“El Desarrollo de los Pueblos”), publicado en la Pascua de 1967. Parece que Bruno Forte no andaba desencaminado en su libro ¿Dónde va en cristianismo? al señalar la doctrina social como un tema prioritario en la Iglesia actual.

















La segunda encíclica del Papa Benedicto -al parecer- abogará “por un mundo donde el comercio mundial y la economía estén reguladas de tal manera que impida mayor injusticia y discriminación”, como consecuencia de la globalización. Es previsible que la encíclica social, según observadores vaticanos, contenga importantes criterios éticos más que “recetas” para el manejo de la economía mundial.



El tema es una de las preocupaciones del actual Papa, que ya a inicios de su pontificado, en su encuentro con dirigentes de la FAO, ponía el dedo en la llaga de la preocupante paradoja de nuestro mundo: el crecimiento simultáneo de desarrollo y pobreza:

DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A LOS PARTICIPANTES EN LA XXXIII CONFERENCIA DE LA FAO


Jueves 24 de noviembre de 2005

Señores primeros ministros;
señor presidente;
señor director general;
ilustres señoras y señores:

Me complace daros una cordial bienvenida a todos vosotros, representantes de los Estados miembros de la FAO, que participáis en la trigésima tercera conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura. Este es nuestro primer encuentro, y me permite conocer de cerca vuestros esfuerzos al servicio de un gran ideal: librar a la humanidad del hambre. Saludo a todos cordialmente y, en particular, al director general, señor Jacques Diouf. Le expreso mis mejores deseos al comienzo de su nuevo mandato.

El encuentro de hoy me brinda la ocasión para expresar mi sincero aprecio por el programa que la FAO, en sus diversas agencias, ha desarrollado desde hace sesenta años, defendiendo con competencia y profesionalidad la causa del hombre, comenzando precisamente por el derecho básico de cada persona a estar "libre del hambre". La humanidad vive actualmente una paradoja preocupante: junto a avances siempre nuevos y positivos en las áreas de la economía, la ciencia y la tecnología, se asiste a un aumento continuo de la pobreza. Estoy seguro de que la experiencia que habéis acumulado durante estos años puede ayudar a desarrollar un método adecuado para combatir con éxito el hambre y la pobreza, un método modelado por el realismo concreto que ha caracterizado siempre las intervenciones de vuestra benemérita Organización.

En estos años la FAO ha trabajado en favor de una cooperación más amplia y ha visto en el "diálogo entre las culturas" un medio específico para garantizar un mayor desarrollo y un acceso seguro a la alimentación. Hoy, más que nunca, hacen falta instrumentos concretos y eficaces para eliminar las recurrentes tentaciones de conflicto entre diferentes visiones culturales, étnicas y religiosas. Es necesario basar las relaciones internacionales en el respeto a la persona y en los principios fundamentales de coexistencia pacífica, fidelidad a los compromisos asumidos y aceptación mutua por parte de los pueblos que constituyen la familia humana. Además, es preciso reconocer que el progreso técnico, aun siendo necesario, no lo es todo. Sólo es verdadero progreso el que salvaguarda íntegramente la dignidad del ser humano y permite a cada pueblo compartir sus recursos espirituales y materiales en beneficio de todos.

En este contexto, deseo recordar la importancia de ayudar a las comunidades autóctonas, con demasiada frecuencia sometidas a apropiaciones indebidas realizadas con fines de lucro, como vuestra Organización ha subrayado recientemente en sus Directrices sobre el derecho a la alimentación.

No se debe olvidar tampoco que, mientras algunas áreas están sujetas a medidas y controles internacionales, millones de personas están condenadas al hambre, incluso a morir de inanición, en zonas donde tienen lugar conflictos violentos, conflictos que la opinión pública tiende a olvidar porque los considera internos, étnicos o tribales. Pero en esos conflictos se han eliminado sistemáticamente vidas humanas, mientras que la población ha sido desarraigada de sus tierras y a veces forzada, para huir de una muerte segura, a abandonar sus alojamientos precarios en los campos de refugiados.

Un signo alentador es la iniciativa de la FAO de convocar a sus Estados miembros para discutir sobre la cuestión de la reforma agraria y el desarrollo rural. No se trata de un área nueva, pero la Iglesia siempre se ha interesado por ella, preocupándose en particular por los pequeños agricultores rurales que representan una parte significativa de la población activa, especialmente en los países en vías de desarrollo. Una línea de acción podría consistir en asegurar que las poblaciones rurales cuenten con los recursos y los medios que necesitan, comenzando por la educación y la formación, así como estructuras organizativas que salvaguarden las pequeñas haciendas familiares y las cooperativas (cf. Gaudium et spes, 71).

Dentro de pocos días muchos de los participantes en esta Conferencia se encontrarán en Hong Kong para entablar negociaciones sobre el comercio internacional, particularmente con respecto a los productos agrícolas. La Santa Sede confía en que prevalezca un sentido de responsabilidad y solidaridad con los menos favorecidos, para que se dejen a un lado los intereses locales y la lógica del poder. No se debe olvidar que la vulnerabilidad de las áreas rurales tiene repercusiones significativas en la subsistencia de los pequeños agricultores y sus familias, si se les niega el acceso al mercado. Actuar con coherencia implica, por tanto, reconocer el papel esencial de la familia rural, guardiana de los valores y agente natural de solidaridad en las relaciones entre las generaciones. Por consiguiente, es preciso apoyar también el papel de la mujer rural y asegurar a los niños no sólo la alimentación sino también la educación básica.

Señoras y señores, consciente de la gran complejidad de vuestro trabajo, ofrezco estas reflexiones a vuestra consideración, puesto que estoy convencido de que el corazón de todos debe abrirse cada vez más a todas las personas que en nuestro mundo carecen del pan de cada día. Los trabajos de esta Conferencia mostrarán la fuerza de la creciente convicción de que hace falta una lucha valiente contra el hambre. Que Dios todopoderoso ilumine vuestras deliberaciones y os conceda la fuerza necesaria para perseverar en vuestros indispensables esfuerzos al servicio del bien común. Renuevo a todos mis mejores deseos de pleno éxito en los trabajos de vuestra Conferencia.

El encuentro de hoy me brinda la ocasión para expresar mi sincero aprecio por el programa que la FAO, en sus diversas agencias, ha desarrollado desde hace sesenta años, defendiendo con competencia y profesionalidad la causa del hombre, comenzando precisamente por el derecho básico de cada persona a estar "libre del hambre". La humanidad vive actualmente una paradoja preocupante: junto a avances siempre nuevos y positivos en las áreas de la economía, la ciencia y la tecnología, se asiste a un aumento continuo de la pobreza. Estoy seguro de que la experiencia que habéis acumulado durante estos años puede ayudar a desarrollar un método adecuado para combatir con éxito el hambre y la pobreza, un método modelado por el realismo concreto que ha caracterizado siempre las intervenciones de vuestra benemérita Organización.

En estos años la FAO ha trabajado en favor de una cooperación más amplia y ha visto en el "diálogo entre las culturas" un medio específico para garantizar un mayor desarrollo y un acceso seguro a la alimentación. Hoy, más que nunca, hacen falta instrumentos concretos y eficaces para eliminar las recurrentes tentaciones de conflicto entre diferentes visiones culturales, étnicas y religiosas. Es necesario basar las relaciones internacionales en el respeto a la persona y en los principios fundamentales de coexistencia pacífica, fidelidad a los compromisos asumidos y aceptación mutua por parte de los pueblos que constituyen la familia humana. Además, es preciso reconocer que el progreso técnico, aun siendo necesario, no lo es todo. Sólo es verdadero progreso el que salvaguarda íntegramente la dignidad del ser humano y permite a cada pueblo compartir sus recursos espirituales y materiales en beneficio de todos.

En este contexto, deseo recordar la importancia de ayudar a las comunidades autóctonas, con demasiada frecuencia sometidas a apropiaciones indebidas realizadas con fines de lucro, como vuestra Organización ha subrayado recientemente en sus Directrices sobre el derecho a la alimentación.

No se debe olvidar tampoco que, mientras algunas áreas están sujetas a medidas y controles internacionales, millones de personas están condenadas al hambre, incluso a morir de inanición, en zonas donde tienen lugar conflictos violentos, conflictos que la opinión pública tiende a olvidar porque los considera internos, étnicos o tribales. Pero en esos conflictos se han eliminado sistemáticamente vidas humanas, mientras que la población ha sido desarraigada de sus tierras y a veces forzada, para huir de una muerte segura, a abandonar sus alojamientos precarios en los campos de refugiados.

Un signo alentador es la iniciativa de la FAO de convocar a sus Estados miembros para discutir sobre la cuestión de la reforma agraria y el desarrollo rural. No se trata de un área nueva, pero la Iglesia siempre se ha interesado por ella, preocupándose en particular por los pequeños agricultores rurales que representan una parte significativa de la población activa, especialmente en los países en vías de desarrollo. Una línea de acción podría consistir en asegurar que las poblaciones rurales cuenten con los recursos y los medios que necesitan, comenzando por la educación y la formación, así como estructuras organizativas que salvaguarden las pequeñas haciendas familiares y las cooperativas (cf. Gaudium et spes, 71).

Dentro de pocos días muchos de los participantes en esta Conferencia se encontrarán en Hong Kong para entablar negociaciones sobre el comercio internacional, particularmente con respecto a los productos agrícolas. La Santa Sede confía en que prevalezca un sentido de responsabilidad y solidaridad con los menos favorecidos, para que se dejen a un lado los intereses locales y la lógica del poder. No se debe olvidar que la vulnerabilidad de las áreas rurales tiene repercusiones significativas en la subsistencia de los pequeños agricultores y sus familias, si se les niega el acceso al mercado. Actuar con coherencia implica, por tanto, reconocer el papel esencial de la familia rural, guardiana de los valores y agente natural de solidaridad en las relaciones entre las generaciones. Por consiguiente, es preciso apoyar también el papel de la mujer rural y asegurar a los niños no sólo la alimentación sino también la educación básica.

Señoras y señores, consciente de la gran complejidad de vuestro trabajo, ofrezco estas reflexiones a vuestra consideración, puesto que estoy convencido de que el corazón de todos debe abrirse cada vez más a todas las personas que en nuestro mundo carecen del pan de cada día. Los trabajos de esta Conferencia mostrarán la fuerza de la creciente convicción de que hace falta una lucha valiente contra el hambre. Que Dios todopoderoso ilumine vuestras deliberaciones y os conceda la fuerza necesaria para perseverar en vuestros indispensables esfuerzos al servicio del bien común. Renuevo a todos mis mejores deseos de pleno éxito en los trabajos de vuestra Conferencia.

martes, 14 de agosto de 2007

La amistad según Aristóteles

Como en ocasiones anteriores hemos rastreado en el pensamiento de Aristóteles. Ofrecemos aquí una selección de textos breves que ilustran el elevado concepto qwue tiene de este gran bien que es la amistad.
















La amistad es una virtud, va acompañada de virtud y, además, es lo más necesario en la vida. Sin amigos nadie querría vivir, aunque tuviera todo tipo de bienes.

En la pobreza y en las demás desgracias se considera a los amigos como el único refugio. Los jóvenes los necesitan para evitar el error; los viejos, para sostener su debilidad. Los que están en plenitud de facultades, porque siempre la unión hace la fuerza.

Parece darse de modo natural entre padres e hijos, y en general entre los hombres. Por eso alabamos a los que aman a sus semejantes. Los legisladores aspiran sobre todo a la concordia, una especie de amistad que mantiene unida la ciudad, y lo que más procuran expulsar es la discordia, pues cuando los hombres son amigos, ninguna necesidad hay de justicia. La política debe, por encima de todo, promover la amistad, pues si uno desea que los hombres no se traten injustamente basta con hacerlos amigos.

Además de necesaria, la amistad es también algo hermoso.

El amigo es uno de los mayores bienes, y la carencia de amigos y la soledad es lo más terrible, porque toda la vida y el trato voluntario se desarrolla entre amigos: pasamos la mayor parte del tiempo con nuestros familiares y amigos, o con los hijos, padres y esposa.

Dice Eurípides que "cuando Dios da bienes, ¿qué necesidad hay de amigos?". Pero parece absurdo atribuir al hombre feliz todos los bienes y no darle amigos, que parecen constituir el mayor de los bienes exteriores. Además, nadie querría poseer todas las cosas y estar solo, pues el hombre es animal social, y por naturaleza necesita convivir.

Igual que los que se aman desean, por encima de todo, verse, lo que más buscan los amigos es la convivencia. Amistad es, en efecto, convivir, y desear para el amigo lo mismo que para sí. Igual que nos resulta agradable la sensación de vivir, nos resulta grata la vida de nuestros amigos, y por eso buscamos su compañía. Y aquello en lo que ponemos el atractivo de la vida es lo que deseamos compartir con ellos. Por eso unos beben juntos, otros disfrutan con el mismo juego practican el mismo deporte, o salen de caza, o charlan sobre filosofía. Y todos ellos pasan el tiempo junto aquello que más les gusta de la vida. Porque para convivir hay que buscar lo que favorezca la convive


Por eso es peligrosa la amistad entre hombres de mala condición, pues se asocian para cosas bajas, y se vuelven malvados al hacerse semejantes unos a otros. En cambio, es buena la amistad entre los buenos, y los hace mejores conforme aumenta el trato, pues mutuamente se toman como modelo y se corrigen. Los malos prefieren los bienes materiales a los amigos, pues no aman a las personas más que a las cosas. El amigo resulta para ellos un accesorio de las cosas, y no las cosas un accesorio de los amigos.

Puede ser objeto de predilección lo que es bueno, agradable o útil. Por eso hay diversas clases de amistad. Pero nunca será amistad el gusto por los objetos, porque no hay reciprocidad ni se desea el bien del objeto. Se desea el vino, pero no el bien del vino; en cambio, debemos desear el bien del amigo. Y hay amistad precisamente cuando esa benevolencia es recíproca.

La amistad por interés no busca el bien del amigo, sino cierto beneficio. Tampoco los frívolos son desinteresados, pues buscan su propio agrado. Estas amistades no son auténticas, y son fáciles de disolver cuando el amigo deja de ser útil o agradable.

La amistad interesada parece darse sobre todo en los viejos, y en los hombres maduros y jóvenes, que buscan la propia conveniencia. Tales amigos no suelen convivir mucho, pues sólo se estiman el uno al otro en la medida en que tienen esperanzas de beneficio.

En cambio, la amistad entre los jóvenes suele tener por causa el sentimiento de agrado y las ganas de pasarlo bien. Eso es lo propio de la juventud, y por eso los jóvenes son amigos y dejan de serlo con facilidad, pues el sentimiento cambia fácilmente.

La amistad perfecta es la de los hombres buenos e iguales en virtud, porque estos quieren el uno para el otro lo auténticamente bueno. Como la virtud es permanente, estas amistades también lo son, además de útiles y agradables. Es natural, sin embargo, que tales amistades sean raras, porque los hombres no suelen ser así. Además, requieren tiempo y trato, pues no es posible conocerse en poco tiempo, ni tampoco aceptarse mutuamente como amigos hasta que cada uno se ha mostrado al otro como digno de afecto y confianza. Los que se apresuran a cambiar entre sí pruebas de amistad quieren, sin duda, ser amigos, pero no lo son aún, porque el deseo de amistad surge rápidamente, pero la amistad no.

El bueno, al hacerse amigo de alguien, se convierte en un bien para aquel de quien es amigo.

La distancia no impide la amistad, sino su ejercicio. Pero si la ausencia se prolonga, también la amistad parece caer en olvido, y por eso se dice que la falta de trato deshace muchas amistades.

Es claro que ni los viejos ni las personas de carácter agrio se prestan a la amistad, porque es poco el agrado que puede encontrarse en ellos, y nadie puede pasar mucho tiempo con una persona molesta o desagradable, pues la naturaleza aspira a lo agradable.

Por eso los jóvenes se hacen pronto amigos, y los viejos no, y tampoco los de mal carácter. Pueden tener buenos sentimientos y ayudarse mutuamente, pero no serán del todo amigos, porque no les resulta agradable la mutua compañía y no conviven mucho.

No es posible ser amigo de muchos con amistad perfecta, pues la intimidad requiere tiempo y es difícil. En cambio, por interés o por pasarlo bien es posible tener bastantes amigos, pues ambas condiciones las reúnen muchos y no requieren mucho tiempo.
 
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Los poderosos suelen buscar amigos útiles y frívolos: útiles para hacer con habilidad lo que se les manda; frívolos para el placer. El hombre bueno no suele hacerse amigo del poderoso, a menos que el poderoso le aventaje también en virtud, y esto no es nada frecuente.

Las amistades mencionadas se apoyan en la igualdad: los amigos obtienen lo mismo el uno del otro, y quieren lo mismo el uno para el otro. Pero también hay amistades fundadas en la desigualdad, como la del padre hacia el hijo, la del mayor hacia el más joven, y la del gobernante hacia el gobernado. En estos casos no obtienen lo mismo el uno del otro, ni deben pretenderlo, pues en las amistades fundadas en la superioridad el afecto debe ser también proporcional. La proporción consiste en que el mejor recibe más afecto que profesa, porque cuando el afecto es proporcionado al mérito se establece en cierto modo una igualdad, característica necesaria de la amistad.

La importancia de la igualdad se pone de manifiesto cuando se produce entre los amigos una gran diferencia en virtud, vicio, prosperidad o cualquier otra cosa: entonces dejan de ser amigos, y ni siquiera aspiran a serlo. Por eso es tan difícil que un hombre normal sea amigo de un rey o de un sabio.

Preferimos ser queridos, pero la amistad consiste más en querer. Como las madres, que se complacen en querer sin pretender que su cariño sea correspondido. Por eso, los amigos que saben querer, son seguros.

Los buenos amigos no hacen peticiones torpes ni se prestan servicios de esa clase. Más bien impiden la torpeza, pues es propio de los buenos no apartarse del bien, y no permitir que se aparten sus amigos.

¿Debemos buscar el mayor número posible de amigos, o un término medio entre demasiados y ninguno? Desde el punto de vista de la utilidad, lo mejor es un término medio, porque corresponder a los servicios de muchos es trabajoso y quizá imposible. También para pasarlo bien son suficientes unos pocos, como un poco de condimento en la comida. Si tenemos más amigos de los que necesitamos, resultarán molestos y embarazosos.

Por tanto, el número de amigos debe ser limitado y relativo: el mayor número con el que podamos convivir, ya que la convivencia parece condición necesaria de la amistad. Por eso la amistad estrecha no se da con muchos, pues sería preciso convivir mucho con cada uno, y por eso es correcto afirmar que el que tiene muchos amigos no tiene ninguno.

Está claro que no es posible dedicar tiempo a muchos. Tampoco es fácil identificarse con las alegrías y las penas de muchos, pues a veces hay que alegrarse con unos y entristecerse al mismo tiempo con otros.

Como no somos capaces de amar a muchas personas, no parece posible ser muy amigo de muchos. De hecho, una gran amistad sólo es posible con pocos. Y los que tienen muchos amigos y los tratan familiarmente, dan la impresión de no ser amigos de nadie, y de obrar así por buena educación. Por cortesía y buen carácter se puede llegar a tener muchos amigos, pero no muchos íntimos. Tener amigos íntimos es, además, una suerte que no todos tienen.

No hay amistad estable sin confianza mutua, y no hay confianza sin tiempo. Por tanto, no hay amigos sin tiempo. El tiempo somete a prueba a la amistad, como dice Teognis: -No puedes conocer la mentalidad de un hombre o de una mujer antes de ponerlos a prueba como a una bestia de carga. El tiempo revela al amigo, y la desgracia pone de manifiesto quiénes no son realmente amigos.

Algunos creen que para ser amigos basta con querer, como si para estar sano bastara desear la salud.

Para que alguien sea un verdadero amigo, no sólo debe ser bueno, sino también bueno para ti.

¿Necesitamos más a los amigos en la prosperidad o en la desgracia? En ambas situaciones los buscamos: para pedir ayuda o para compartir la alegría. Pero es más necesaria la amistad en el infortunio, y más noble en la prosperidad. Y la presencia de los amigos es grata tanto en los buenos momentos como en los malos. El amigo consuela con la presencia, y también con la palabra oportuna.

Nadie desea entristecer a los amigos con las propias desgracias. Por eso los hombres fuertes procuran evitar que sus amigos tomen parte en sus penas, y no admiten compañeros de duelo. En cambio, las mujeres y los hombres que se parecen a ellas, se gozan en tener quienes se lamenten con ellos, y los quieren como amigos por ser partícipes de su dolor.

La presencia de los amigos en los momentos buenos supone disfrutar juntos y tener conciencia de que ellos se alegran con nuestra alegría. Por eso parece que deberíamos invitarlos en esas ocasiones, y evitar en lo posible que participen en nuestras desgracias, porque los males se deben compartir lo menos posible. Sí debemos acudir a ellos cuando, a costa de una pequeña molestia suya, pueden hacernos un gran favor.

Por nuestra parte, deberemos acudir en su ayuda de buena gana, antes de que nos llamen. Eso será grato para ambos y más noble. Participaremos con gusto en las alegrías, pues también en ellas se necesita a los amigos. Y seremos lentos en aceptar favores, porque no es noble estar ansioso de beneficios. Cuidaremos, sin embargo, no caer en el extremo de rechazarlos con displicencia y por sistema, como algunas veces ocurre.

lunes, 13 de agosto de 2007

Coplas por la muerta de su padre

Poco podemos aportar a con nuestros comentarios a este magistral poema de Jorge Manrique (1440-1478). Sólo ofrecer su lectura para que lo disfruten y les ayude a meditar.

1.- Recuerde el alma dormida
avive el seso e despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer ,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.














2.- Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
e acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo non venido
por pasado.
Non se engañe nadie no,
pensando que ha de durar
lo que espera
más que duró lo que vio,
pues que todo ha de pasar
por tal manera.

3.- Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
e consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
e más chicos;
i llegados, son iguales
los que viven por sus manos
e los ricos.

4.- Dejo las invocaciones
de los famosos poetas
y oradores;
non curo de sus ficciones,
que traen yerbas secretas
sus sabores;
a Aquél sólo me encomiendo,
Aquél sólo invoco yo
de verdad,
que en este mundo viviendo,
el mundo non conoció
su deidad.

5.- Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nascemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que, cuando morimos,
descansamos.

6.- Este mundo bueno fue
si bien usásemos dél
como debemos,
porque, según nuestra fe,
es para ganarse aquel
que atendemos.
Aun aquel Fijo de Dios,
para sobirnos al cielo,
descendió
a nascer acá entre nos,
y a vivir en este suelo
do murió.

7.- Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que en este mundo traidor ,
aun primero que muramos
las perdemos;
dellas deshace la edad,
dellas casos desastrados
que acaescen,
dellas por su calidad,
en los más altos estados
desfallescen.

8.- Decidme: la hermosura,
y gentil frescura y tez
de la cara,
la color e la blancura,
cuando viene la vejez,
¿cuál se para?
Las mañas e ligereza
e la fuerza corporal de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega al arrabal
de senectud.

9.- Pues la sangre de los godos,
y el linaje e la nobleza
tan crescida,
¡por cuántas vías e modos
se pierde su gran alteza
en esta vida!
Unos, por poco valer,
por cuán bajos e abatidos
que los tienen;
otros que, por non tener ,
con oficios non debidos
se mantienen.

10.- Los estados e riqueza,
que nos dejen a deshora
¿quién lo duda?
non les pidamos firmeza
pues que son de una señora
que se muda,
que bienes son de Fortuna
que revuelve con su rueda
presurosa,
la cual non puede ser una
ni estar estable ni queda
en una cosa.

11.- Pero digo que acompañen
e lleguen fasta la fuesa
con su dueño,
por eso non nos engañen,
pues se va la vida apriesa
como sueño.
E los deleites de acá
son, en que nos deleitamos,
temporales,
e los tormentos de allá,
que por ellos esperamos,
eternales.

12.- Los placeres e duIzores
desta vida trabajada
que tenemos,
non son sino corredores,
e la muerte, la celada
en que caemos.
Non mirando a nuestro daño,
corremos a rienda suelta
sin parar ;
desque vemos el engaño
e queremos dar la vuelta
no hay lugar.

13.- Si fuese en nuestro poder
hacer la cara hermosa
corporal,
como podemos hacer
el alma tan gloriosa,
angelical,
¡qué diligencia tan viva
toviéramos toda hora
e tan presta,
en componer la cativa,
dejándonos la señora
descompuesta!

14.- Esos reyes poderosos
que vemos por escripturas
ya pasadas,
con casos tristes, llorosos,
fueron sus buenas venturas
trastornadas ;
así que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
e perlados,
así los trata la muerte
como a pobres pastores
de ganados.

15.- Dejemos a los troyanos,
que sus males non los vimos,
ni sus glorias;
dejemos a los romanos,
aunque oímos e leímos
sus hestorias,
non curemos de saber
lo de aquel siglo pasado
qué fué dello ;
vengamos a lo de ayer,
que también es olvidado
como aquello.

16.- ¿Qué se hizo el rey don Joan?
Los Infantes de Aragón,
¿qué se hicieron?
¿Qué fué de tanto galán,
qué de tanta invinción
que trujeron?
¿Fueron sino devaneos?
¿Qué fueron sino verduras
de las eras,
las justas e los torneos,
paramentos, bordaduras
e cimeras?

17.- ¿Qué se hicieron las damas,
sus tocados e vestidos,
sus olores?
¿Qué se hicieron las llamas
de los fuegos encendidos,
de amadores?
¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿Qué se hizo aquel danzar,
aquellas ropas chapadas
que traían?

18.- Pues el otro, su heredero,
don Enrique, ¡qué poderes
alcanzaba!
¡Cuán blando, cuán halaguero
el mundo en sus placeres
se le daba!
Mas verás cuán enemigo
cuán contrario, cuán cruel
se le mostró
habiéndole sido amigo,
¡cuán poco duró con él
lo que le dio!

19.- Las dádivas desmedidas,
los edificios reales
llenos de oro,
las vajillas tan fabridas;
los enriques e reales
del tesoro.
los jaeces, los caballos
de sus gentes e atavíos
tan sobrados,
¿dónde iremos a buscallos?
¿Qué fueron sino rocíos
de los prados?

20.- Pues su hermano el inocente
que en su vida sucesor
le ficieron,
¡qué Corte tan excellente
tuvo e cuánto gran señor
le siguieron!
Mas, como fuese mortal,
metióle la muerte luego
en su fragua.
¡Oh juicio divinal,
cuando más ardía el fuego,
echaste agua!

21.- Pues aquel gran Condestable
maestre que conoscimos
tan privado,
non cumple que dél se hable,
mas sólo cómo lo vimos
degollado.
Sus infinitos tesoros,
sus villas e sus lugares,
su mandar,
¿qué le fueron sino lloros?
¿qué fueron sino pesares
al dejar?

22.- E los otros dos hermanos,
maestros tan prosperados
como reyes,
que a los grandes e medianos,
trujieron tan sojuzgados
a sus leyes;
aquella prosperidad
que en tan alto fue subida
y ensalzada
¿qué fue sino claridad
que cuando más encendida
fue amatada?

23.- Tantos duques excellentes,
tantos marqueses e condes
e varones
como vimos tan potentes,
di, muerte, ¿do los escondes
e traspones?
E las sus claras hazañas
que hicieron en las guerras
y en las paces,
cuando tú, cruda, te ensañas,
con tu fuerza las atierras
e desfaces.

24.- Las huestes innumerables,
los pendones, estandartes
e banderas,
los castillos impugnables,
los muros e baluartes
e barreras,
la cava honda, chapada
o cualquier otro reparo,
¿qué aprovecha?
Cuando tú vienes airada
todo lo pasas de claro
con tu flecha.

25.- Aquél de buenos abrigo,
amado por virtuoso
de la gente,
el maestre don Rodrigo
Manrique, tanto famoso
e tan valiente;
sus hechos grandes e claros
non cumple que los alabe,
pues los vieron,
ni los quiero hacer caros
pues que el mundo todo sabe,
cuáles fueron.

26.- Amigo de sus amigos,
¡qué señor para criados
e parientes!
¡Qué enemigo de enemigos!
jQué maestro de esforzados
e valientes!
¡Qué seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos!
¡Qué razón!
¡Qué benigno a los sujetos!
¡A los bravos e dañosos,
qué león!

27.- En ventura, Octaviano,
Julio César, en vencer
e batallar;
en la virtud, Africano;
Aníbal, en el saber
e trabajar;
en la bondad, un Trajano;
Tito, en liberalidad,
con alegría,
en su brazo, Aureliano;
Marco Atilio, en la verdad
que prometía.

28.- Antonio Pío, en clemencia;
Marco Aurelio, en igualdad
del semblante;
Adriano, en elocuencia;
Teodosio, en humanidad
e buen talante.
Aurelio Alexandre fue
en disciplina e rigor
de la guerra;
un Constantino, en la fe;
Camilo, en el grand amor
de su tierra.

29.- Non dejó grandes tesoros.
ni alcanzó muchas riquezas
ni vajillas;
mas fizo guerra a los moros,
ganando sus fortalezas
e sus villas;
y en las lides que venció,
cuántos moros e caballos
se perdieron;
y en este oficio ganó
las rentas e los vasallos
que le dieron.

30.- Pues en su honra y estado,
en otros tiempos pasados,
¿cómo se hubo?
Quedando desamparado,
con hermanos e criados
se sostuvo.
Después que fechos famosos
fizo en esta misma guerra
que hacía,
fizo tratos honrosos
que le dieron más tierra
que tenía.

31.- Estas sus viejas hestorias
que con su brazo pintó
en joventud,
con otras nuevas victorias
agora las renovó
en senectud.
Por su gran habilidad,
por méritos e ancianía
bien gastada,
alcanzó la dignidad
de la grand Caballería
dell Espada.

32.- E sus villas e sus tierras
ocupadas de tiranos
las halló;
mas por cercos e por guerras
e por fuerza de sus manos
las cobró.
Pues nuestro rey natural
si de las obras que obró
fue servido,
dígalo el de Portugal
y en Castilla quien siguió
su partido.

33.- Después de puesta la vida
tantas veces por su ley
al tablero;
después de tan bien servida
la corona de su rey
verdadero;
después de tanta hazaña
a que no pudo bastar
cuenta cierta,
en la su villa de Ocaña
vino la muerte a llamar
a su puerta,

34.- diciendo: -«Buen caballero,
dejad al mundo engañoso
e su halago;
vuestro corazón de acero
muestre su esfuerzo famoso
en este trago;
e pues de vida y salud
fecisteis tan poca cuenta
por la fama,
esfuércese la virtud
para sufrir esta afrenta
que vos llama.

35.- No se os haga tan amarga
la batalla temerosa
que esperáis,
pues otra vida más larga.
de la fama gloriosa
acá dejáis.
Aunque esta vida de honor
tampoco no es eternal
ni verdadera,
mas con todo es muy mejor
que la otra temporal
perecedera.

36.- El vivir que es perdurable
non se gana con estados
mundanales,
ni con vida delectable
donde moran los pecados
infernales;
mas los buenos religiosos
gánanlo con oraciones
e con lloros;
los caballeros famosos,
con trabajos e aflictiones
contra moros.

37.- E pues vos, claro varón,
tanta sangre derramaste
de paganos,
esperad el galardón
que en este mundo ganaste
por las manos;
e con esta confianza
e con la fe tan entera
que tenéis,
partid con buena esperanza,
que estotra vida tercera
ganareis.»

/Responde Don Rodrigo/

38.- «Non tengamos tiempo ya
en esta vida mesquina
por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la divina
para todo;
e consiento en mi morir
con voluntad placentera.
clara e pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera
es locura.»

/D. Rodrigo se dirige a Cristo/

39.- «Tú, que, por nuestra maldad,
tomaste forma servil
e bajo nombre;
Tú, que a tu divinidad
juntaste cosa tan vil
como es el hombre ;
Tú, que tan grandes tormentos
sofriste sin resistencia
en tu persona,
non por mis merecimientos,
mas por tu sola clemencia
me perdona.»

/Final/

40.- Así, con tal entender,
todos sentidos humanos
conservados,
cercado de su mujer
y de sus hijos e hermanos
e criados,
dio el alma a quien se la dio
-el Cual la dio en el cielo,
en su gloria-,
que aunque la vida perdió,
dejónos harto consuelo
su memoria.

lunes, 6 de agosto de 2007

El origen del hombre y la Biblia

Con frecuencia la cuestión del origen del hombre plantea innumerables preguntas a la hora de compaginar lo que dice la Biblia sobre la Creación, y lo que se explica en las clases Ciencias Naturales. A pesar de que la solución a estos problemas ha sido clarificada hace ya mucho tiempo por el Magisterio de la Iglesia, que es quien interpreta auténticamente las Sagradas Escrituras, sus enseñanzas no han llegado al gran público, y los alumnos no encuentran respuestas claras de sus padres o profesores.

Son habituales preguntas como las siguientes: “¿Es verdad lo que dice el Génesis?”, “¿De dónde salieron nuestros Primeros Padres?”, “¿Cómo es posible que Caín fuera agricultor y Abel ganadero, si durante mucho tiempo el hombre prehistórico no conoció ni la agricultura ni la ganadería?”…
El fin de estas reflexciones es, principalmente, adquirir una compresión general del estado de los conocimientos científicos sobre el origen del hombre, y de su complementariedad con una filosofía realista.



La ciencia experimental y la filosofía son saberes que se complementan. Son como dos caminos paralelos que no se cruzan, pero que se iluminan mutuamente. A primera vista, parece que los avances de la ciencia, al desvelar los mecanismos de la naturaleza, eliminan la admiración ante ella. Sin embargo, los nuevos hallazgos no suprimen el asombro de los científicos.

Para comprender mejor las causas últimas del orden existente en el universo y la sorprendente singularidad del hombre, es muy útil conocer básicamente el estado actual de las ciencias experimentales sobre estas cuestiones.
“La cuestión sobre los orígenes del mundo y del hombre es objeto de numerosas investigaciones científicas y han enriquecido magníficamente nuestros conocimientos sobre la edad y las dimensiones del cosmos, el devenir de las formas vivientes, la aparición del hombre (…)” (Catecismo de la Iglesia Católica, n.283).

“El gran interés que despiertan estas investigaciones está fuertemente estimulado por una cuestión de otro orden, y que supera el dominio propio de las ciencias naturales. No se trata sólo de saber cuándo y cómo ha surgido materialmente el cosmos, ni cuándo apareció el hombre, sino más bien de descubrir cuál es el sentido de tal origen: si está gobernado por el azar, un destino ciego, una necesidad anónima, o bien por un Ser transcendente, inteligente y bueno, llamado Dios (…)” (Catecismo de la Iglesia Católica n. 284, cf. también n. 285). Es decir: la búsqueda de las últimas causas —filosofía— nos lleva a querer conocer mejor lo concreto —ciencia experimental—, y viceversa. Ambos saberes se iluminan mútuamente, pero no se pueden mezclar, porque los métodos que utilizan para llegar a sus conclusiones son distintos.

Se trata de ver cómo los datos que se desprenden de la ciencia experimental, en relación con la evolución y el origen del hombre, encajan mejor con una filosofía realista que con otras que han estado en la base de muchas teorías, llamadas científicas, que han intentado llegar a una explicación global de esos datos. Por ejemplo, los datos científicos apoyan la existencia de una parte espiritual en el hombre, la realidad de una naturaleza única y estable que tiende a la sociabilidad humana como algo propio.

Hay algo estable y algo cambiante. Concepciones, por ejemplo, de tipo hegeliano han supuesto, más o menos inconscientemente, el olvido de lo que es estable y la extrapolación de lo cambiante a todos los campos del saber, con la consiguiente desaparición de valores permanentes. El hecho de que en el universo se de una evolución en la materia, no significa que todo lo real sea evolución, sin embargo ésta ha sido la concepción dominante en nuestro siglo, que se va desmoronando a medida que van apareciendo nuevos datos.

Lo que enseña la Iglesia
Los últimos papas han hablado con frecuencia sobre el significado de los primeros capítulos del Génesis, pero el documento fundamental, donde se resuelve la cuestión que nos ocupa —el origen del hombre—, es la Carta Encíclica de Pío XII Humani Géneris (12 de agosto de 1950). En ella hay dos proposiciones fundamentales en los números 29 y 30.

En el número 29 se lee: “(…) El magisterio de la Iglesia no prohibe que —según el estado actual de las ciencias y de la teología— en las investigaciones y disputas, entre los hombres más competentes en ambos campos, sea objeto de estudio la doctrina del evolucionismo, en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente —pero la fe católica manda defender que las almas son creadas inmediatamente por Dios (…)”.

El número 30 aborda la doctrina cristiana del monogenismo: “(…) los fieles cristianos no pueden abrazar la teoría de que después de Adán hubo en la tierra verdaderos hombres no procedentes del mismo protoparente por natural generación, o bien de que Adán significa el conjunto de muchos primeros padres, pues no se ve claro cómo tal sentencia pueda compaginarse con cuanto las fuentes de la verdad revelada y los documentos del Magisterio de la Iglesia enseñan sobre el pecado original, que procede de un pecado en verdad cometido por un sólo Adán individual y moralmente, y que, transmitido a todos los hombres por la generación, es inherente a cada uno de ellos como suyo propio”.

En resumen:

1. En el origen del hombre, el cuerpo humano no tiene que haber sido creado inmediatamente por Dios pero sí su alma —al igual que ocurre en el momento de la concepción de cualquier hombre—.

2. Toda la humanidad procede de un sólo hombre —“protoparente”— que en la Sagrada Escritura se llama Adán, y esta verdad se desprende directamente de la doctrina de la Iglesia sobre el Pecado Original, cometido personalmente por un hombre y heredado por todos sus descendientes.

Salta, pues, a la vista que la Iglesia no interpreta la narración del Génesis en sentido literal, sino que, basándose en el conjunto de la Revelación y en la autoridad dada por Dios al Magisterio, extrae las verdades que Dios nos ha querido dar a conocer a través de la narración del autor sagrado.

En 1909, la “Pontificia Comisión Bíblica”, respondiendo a varias preguntas sobre el carácter histórico de los tres primeros Capítulos del Génesis, distingue entre la forma y el fondo, y dice lo básico que hay de histórico en estos tres primeros capítulos:

a. La Creación de todas las cosas, hechas por Dios en el principio del tiempo.
b. La unidad del género humano.
c. La felicidad original de nuestros primeros Padres en el estado de gracia.
d. La integridad e inmortalidad de su situación originaria.
e. El mandato dado por Dios al hombre.
f. La transgresión del precepto divino por instigación del demonio.
g. La caída de nuestros primeros Padres de aquél estado de inocencia.
h. La promesa del futuro Redentor.

Hay que tener en cuenta que la Biblia no es un libro científico: su finalidad es, exclusivamente, mostrarnos el camino de la salvación; para tal fin usa las imágenes que mejor se pueden entender en cada época. Llegados a este punto, es interesante detenerse a considerar en su conjunto el relato de la Creación, para clarificar el significado perenne que subyace en su primitivo género literario.

El universo en la narración bíblica
El autor sagrado nos narra la Creación de un mundo tal como se concebía en aquella época: de acuerdo con la “ciencia” del momento.
Su concepción se puede resumir del siguiente modo: el universo está formado por una cúpula resistente y firme —firmamento—, apoyado en grandes montañas que se encuentran en los confines de la tierra —los “fundamentos”—. Toda la tierra está rodeada por “las aguas”, el firmamento hace que haya tierra seca, separa las “aguas superiores” de las “aguas inferiores”; éstas últimas afloran a la tierra en los mares y ríos.

El sol, la luna y las estrellas son seres móviles —más perfectos, para su mentalidad, que las plantas que carecen de movimiento—. La lluvia caía cuando se abrían unas compuertas situadas en el firmamento, dando así entrada a las aguas superiores.Esta visión, por supuesto, no era sólo la del Pueblo de Israel, sino la de todas las culturas relacionadas con él: egipcios, babilonios, cananeos, fenicios, etc.

Hoy en día, aunque el avance de la ciencia nos haya dado otra visión del universo, podemos entender, conociendo la mentalidad del escritor, las verdades esenciales que se nos enseñan en el relato del Génesis; narradas en un estilo literario y con una visión del mundo necesarios para que también las comprendieran los hombres de aquellas épocas.

Hay que tener en cuenta que esta forma de interpretación es ya muy antigua pues Padres de la Iglesia como San Agustín ya mencionan una interpretación alegórica de los “días de la creación”, si bien sólo se ha generalizado en los dos últimos siglos. Al fin y al cabo, para la salvación del hombre, es accidental que el firmamento esté constituido por una rígida cúpula o por millones de estrellas y galaxias.
Para ver, pues, qué es lo esencial nos fijaremos primero en las diferencias existentes entre la concepción del Pueblo Elegido, inspirada por Dios, y las de sus pueblos vecinos.

El Génesis y los mitos de los pueblos vecinos

Hay una cuestión que sorprende a los historiadores: la concepción del mundo y de la creación es similar en todos los mitos pertenecientes a las culturas que rodeaban al Pueblo de Israel. Sus relatos tienen muchas coincidencias, en la forma, con el del Génesis; podemos decir que convienen en la “materialidad del relato”, pero se diferencian en las cuestiones religiosas fundamentales. La concepción de Israel es mucho más profunda y original a pesar de ser culturalmente menos avanzado, por ser un pueblo más reciente, gracias a la asistencia que Dios otorgó al “pueblo elegido.
En los otros relatos se habla siempre de un caos preexisistente a todo, donde va formándose el primer dios, del cual derivan los otros dioses o semidioses (el sol, la luna, la tierra, los elementos, las estrellas, etc.), dioses que tienen limitaciones, no son todopoderosos, tienen que luchar para vencer. En cambio en el Antiguo Testamento se nos muestra un Dios que existe antes que todo, un Dios personal, que crea libremente el mundo, un mundo distinto de El y que antes no existía, que no es una emanación suya.

El verbo “crear” —en hebreo “bará”— es utilizado en la Biblia como una acción exclusivamente divina: “sacar algo de la nada”, noción que no existe en las culturas vecinas: A esta noción —creación de la nada—, no había llegado nadie, ni siquiera la sabiduría griega precristiana. Y continúa siendo un misterio incluso para la cultura de nuestros días.

Una vez creado por Dios, el mundo comienza siendo un caos (Gen 1,2), pero el orden no va saliendo del propio caos, como en los mitos vecinos, sino que es el mismo Dios, personal y transcendente, el que lo va ordenando con la fuerza de su palabra. En los relatos míticos va apareciendo un inestable orden, como resultado de las victorias de unos dioses sobre otros. El Dios del pueblo hebreo es Todopoderoso, nada se le puede enfrentar porque todo ha sido hecho por El: no existe ninguna fuerza que se oponga a Dios, o que Dios tenga que vencer. Llegados a este punto, estamos ya en condiciones de abordar el mensaje esencial y permanente que se nos transmite en el relato del Génesis.

Significado de los primeros capítulos del Génesis
Como ya hemos visto, lo primero que se nos enseña es la existencia de un Dios personal y transcendente, por el que han sido creadas todas las cosas distintas de El. Después se van desmantelando, una a una, las ideas de las culturas paganas, que siempre han tendido a divinizar o “sobrenaturalizar” lo que no pueden entender o dominar.

Como dijo el Cardenal Ratzinger: “De manera que la Escritura no pretende contarnos cómo progresivamente se fueron originando las diferentes plantas, ni cómo se formaron el sol, la luna y las estrellas, sino que en último extremo quiere decirnos sólo una cosa: Dios ha creado el Universo. El mundo no es, como creían los hombres de aquel tiempo, un laberinto de fuerzas contrapuestas ni la morada de poderes demoníacos, de los que el hombre debe protegerse. El sol y la luna no son divinidades que lo dominan, ni el cielo, superior a nosotros, está habitado por misteriosas y contrapuestas divinidades, sino que todo esto procede únicamente de una fuerza, de la Razón eterna de Dios que en la palabra se ha transformado en fuerza creadora” (Creación y pecado); es decir, en pocas palabras se desarticula toda creencia en la divinidad de las criaturas y de la creación.

Desde esta perspectiva, repetidamente propuesta por el Magisterio —y que incluso se encuentra en la misma Sagrada Escritura en los distintos libros que la componen, escritos en épocas diferentes—, lo que nos enseña el Génesis es que Dios ha hecho la creación según un plan ordenado, que se va desarrollando a lo largo del tiempo. Este sucederse ordenado de las cosas, previsto y sostenido por Dios, es lo que se llama en Teología “Providencia ordinaria”.

El “primer día” comienza después de la aparición de la luz: “Vio Dios que la luz era buena y la separó de las tinieblas, y llamó a la luz día y a las tinieblas noche. Hubo así tarde y mañana: Día primero”(Gen 1, 4-5). En los sucesivos “días”, o períodos de tiempo, van apareciendo ordenadamente los diversos seres, de menor a mayor perfección. Llama la atención que este orden de aparición concuerda, esencialmente, con lo que sabemos hoy por las observaciones científicas —a diferencia de otros relatos de la época que son en este punto bastante aleatorios—, salvo en el caso de las plantas, que aparecen antes que el sol, la luna y las estrellas(Gen 1, 11-19),lo que se explica, como ya habíamos apuntado, por la idea de que las plantas debían de ser más imperfectas ya que carecían de movimiento.
Esta coincidencia es una muestra de la capacidad de conocimiento sapiencial del autor sagrado, que intuye el orden real de la creación contemplándola, sin necesidad de tener datos científicos, algo que, quizá, el hombre moderno ha perdido la costumbre de hacer.

En el “día” quinto aparecen los seres vivos en el agua, y en el “día” sexto aparecen los animales terrestres y, con una especial solemnidad, el hombre; mostrándose así también como obra de Dios, tales como son, con la diferenciación de sexos y la fecundidad, que eran objeto de adoración en muchos pueblos.

Adán y Eva
Hay que tener en cuenta que en la Biblia se ofrece una visión de conjunto de la historia del Universo y del hombre desde su origen hasta su final, en una perspectiva religiosa y transcendente. Dentro de esta visión de conjunto, la parte histórica de la Biblia que podemos relacionar con la historia de los pueblos, y de la que los autores sagrados tuvieron noticia de una u otra forma, abarca desde la época patriarcal (hacia 1800 a.C.) hasta las primeras comunidades cristianas (finales del s.I d.C.). En la Biblia queda recogida desde el capítulo 11 del libro del Génesis hasta el 3 del Apocalipsis. Lo anterior y lo posterior a estos capítulos, aún conteniendo verdades fundamentales de orden histórico, como la creación y el final del mundo, escapa a la comprobación científica, histórica o arqueológica. Se trata de acontecimientos cuya explicación no puede desvincularse de una actitud religiosa: aceptación de fe o rechazo gratuito.

El hombre es creado por Dios para ser su representante en la tierra, y para llevarla a la perfección mediante su trabajo. Adán y Eva son puestos por Dios en el Paraíso, en una situación de dicha sobrenatural que no se merecen. Dios no crea al hombre para servirse de él, sino para hacerle partícipe de su propia felicidad por pura Gracia. Esto se manifiesta, entre otras cosas, en la posesión de algunos dones no pertenecientes a la naturaleza material, como el de la inmortalidad. Existe aquí una clara diferencia con los relatos míticos. Dos ejemplos: en la “Leyenda de Asciela” —Mesopotamia (Mito de Atraharis)— un dios vencedor forma al hombre con arcilla amasada con sangre de un dios vencido, para que le sirva; y en el poema de Gilgamés es el propio hombre el que intenta conseguir la inmortalidad pero, cuando está a punto de conseguirla, le es robada por “la serpiente”.

Para que el hombre se merezca esos dones Dios le somete a una prueba mediante un mandato, lo cual se nos transmite en el Génesis con la imagen de la prohibición de comer del “árbol de la ciencia del bien y del mal” (Gen 2,17). Pero el hombre, engañado por el demonio, lo incumple y comete el primer pecado; se nos enseña así el hecho histórico del pecado original. Aquí está el origen del mal en el mundo: el mal no tiene entidad en sí mismo, es una falta de un bien debido; el mal existe, pero no viene de Dios.

El relato de Caín y Abel (Gen. 4,1-15), y los que le siguen, nos quieren mostrar cómo el mal se va extendiendo en el mundo, consecuencia de la herencia del pecado de nuestros primeros Padres; sus descendientes no consiguen dirigirse hacia el bien sin la ayuda de Dios. En este sentido, Caín y Abel son una imagen de todos los descendientes de la primera pareja.

Que Caín sea agricultor —sedentario— y Abel ganadero recoge, según muchos estudiosos, una advertencia al pueblo de Israel, que era nómada —ganadero— hasta que se asentó en la tierra prometida; trata de subrayar la necesidad de no dejarse influir por la superior cultura de los pueblos cananeos, para no caer en su politeísmo. Era éste un peligro constante para el pueblo hebreo, en el que, de hecho, cayó en numerosas ocasiones. Vemos pues que no existe el problema del vacío histórico entre la época en que vivieron Adán y Eva y la aparición de la agricultura y la ganadería en épocas muy posteriores.

miércoles, 1 de agosto de 2007

La persona como ser corporal

La persona humana es corporal. El cuerpo no es un añadido, ni un freno para el desarrollo del espíritu como han dicho con diversos matices los dualismos. Platón lo llama cárcel del alma. Descartes lo separa tanto del alma que no hay manera de coordinarlo salvo, con una acción extraordinaria de Dios. La consecuencia del dualismo cartesiano será aparentemente contradictoria, pues del la “res cogitans” surgen los idealismos y racionalismos, y la “res extensa” los materialismos; unos prescinden del cuerpo, o no lo tienen mucho en cuenta; y los otros del espíritu intentando vanamente explicarlo todo con la materia. En uno y en otro la unidad de la persona se pierde. Todo dualismo se enfrenta a un gran problema: explicar la unidad sustancial del ser humano.




La Biblia es más unitaria pues utiliza el término bäsar para expresar cuerpo, se emplea también para designar a los animales (nunca a Dios), por lo que suele indicar lo que el hombre tiene en común con los animales. El principal significado es el de “carne”, aunque puede significar también cuerpo pero su matiz de traducción es cuerpo espiritual como lo llama San Pablo, a veces este término sirve para mostrar toda la persona.

Más frecuentes son en la Biblia los términos de nefesh y ruah que expresan la realidad espiritual del hombre. nefesh (el hombre necesitado) aparece más de 700 veces en el Antiguo Testamento. Habitualmente se traduce por alma, aunque no siempre es correcta esta traducción. Puede significar garganta o faringe (órgano de las necesidades básicas de la vida: comer, beber, respirar), cuello, anhelo, vida, etc. Ruah (el hombre fortalecido) se distingue de nefesh y de bäsar por dos razones; en primer lugar porque designa una fuerza natural: el viento; en segundo lugar porque se atribuye más a Dios que a los hombres. Significa: viento, aliento, ánimo, fuerza vital, Espíritu...

Por último tenemos un término fundamental para la antropológica en la Biblia: Lêb (el hombre razonante) Es quizá el término más importante. Aparece 858 veces en el Antiguo Testamento. Suele traducirse por corazón, pero significa mucho más que el órgano corporal en sentido estricto. Es el centro de la vida personal, el motor de la existencia, de los afectos y de los proyectos. Es algo profundo, que sólo Dios conoce. Se puede traducir también por sentimiento y deseo, pero en muchos casos se refiere a la razón (“el corazón del inteligente busca la ciencia” Prov 8, 5). También se puede traducir por decisión, relacionando así la razón y la voluntad (“el corazón del hombre planea su camino” Prov 16, 9).

Desde el punto de vista metafísico pa persona se compone de esencia y acto de ser. El acto de ser constituyente de la persona irradia una vida que hace ser a la forma como tal con todas sus propiedades. El alma es principio de vida del cuerpo, que pasa a ser un cuerpo espiritual. Yo soy mi cuerpo, puede decir un ser humano, aunque no se pueda añadir que sólo soy mi cuerpo. Mi cuerpo es instrumento del alma y es digno como lo es la persona, por eso verlo sólo como un instrumento externo, como su fuese una “prótesis del yo” como si uno no se fuese responsable de lo que hace el cuerpo. Esto puede ser cierto cuando hay inconsciencia, enfermedad, o involuntariedad clara. Pero habitualmente lo que hace mi cuerpo es mío, es parte de mí. A través de él accedo a la realidad del mundo material y también de gran parte del espiritual. Es mío, realmente mío, se puede decir: “yo soy mi mano”, aunque no sólo sea eso, pero la mano no es un aparato ortopédico añadido. Si mi mano golpea o acaricia soy yo quien golpea o acaricia.

Tanto en la filosofía como en la espiritualidad se ha oscilado entre dos extremos: ¿el cuerpo es amigo o enemigo? Para salir de esta dinámica se debe acudir al hombre histórico, al hombre real. En el origen es patente la alegría de Adán al ver a la mujer y clamar “esto sí es carne de mi carne y hueso de mis huesos”[Gen 2] expresando la alegría al ver el cuerpo de Eva. La Biblia no pone ninguna palabra en boca de la mujer, sólo mostrarse. ¿Hemos de interpretar este silencio que su papel en la relación personal en cuanto al cuerpo es más atraer que buscar? Esto sería un buen tema para debate. Después del pecado original se da una dificultad para dominar el cuerpo, las relaciones sexuales pueden ser de uso de uno y otro como un objeto. En ocasiones, el cuerpo domina al hombre contra su querer, por ejemplo miedo que paraliza, enfermedades, obsesiones, vicios, cansancio, etc.

El cuerpo mínimo

Los antiguos hablaban habitualmente del cuerpo humano desarrollado, pero no tenían acceso al cuerpo mínimo (embrión). Aunque ya los primeros cristianos decían que se distinguían de los paganos en que no abortaban ni realizaban infanticidios. Si seguimos a Descartes el cuerpo es una máquina separada del alma y se unen accidentalmente; después los materialistas niegan el alma y tiene que explicar todo con el cuerpo, aunque sea imposible lo intentan con mil oscuridades; el sentido del animal no espiritual a que reducen al ser humano es su conciencia que emerge de la inteligencia.

Angelo Serra genetista y director durante algunos años del Departamento de Genética de la clínica Gemelli de Roma dice: “La ciencia puede establecer –como cualquier otro ser el momento concreto en el que un determinado ser humano comienza su propio ciclo vital” Serra explica la complejidad de la concepción en la que destaca tres características principales: coordinación, continuidad y gradualidad. Coordinación puesto que “el desarrollo embrional desde el momento de la fusión de los gametos hasta la formación del disco embrional, hacia el 14º día de la fecundación, es un proceso en el que se da un coordinado subseguirse e intregrarse de actividades celulares bajo el control del nuevo genoma, modulado por una ininterrumpida cascada de señales que se transmiten de célula a célula y del ambiente extracelular y extraembrional a cada una de las células. Esta característica implica y exige una rigurosa unidad en desarrollo. El embrión humano, incluso en sus más precoces estadios, no es y no puede ser una mera agregación de células ontológicamente distintas, como alguien quisiera sostener. Es, por tanto un individuo en el que cada una de las células que se van multiplicando están integradas estrechamente en el proceso.

La multiplicación celular y la aparición de los diversos tejidos y órganos aparecen a nuestros ojos como discontinuos. Sin embargo, cada uno de ellos no es sino la expresión de una sucesión de una sucesión de acontecimientos encadenados el uno al otro sin interrupción; si hay interrupción se da patología o muerte. Esta continuidad implica y establece la unicidad del nuevo ser en su desarrollo. Es evidente que al forma definitiva se alcanza gradualmente”[3]. La única conclusión lógica, afirma Serra es:”con la fusión de los dos gametos humanos, un nuevo ser comienza la existencia o ciclo vital, en el que realizará autónomamente todas las potencialidades de que está intrínsecamente dotado(...) El embrión, pues, desde la fusión de los gametos, ya no es un potencial ser humano, sino que es un real ser humano”.

Los errores dualistas al intentar destacar la excelencia del espíritu humano han puesto en bandeja a los materialistas la justificación de las conductas abortistas ahora, y fueron sustento de las crueldades médicas racistas y eugenésicas nazis. Esperemos que los técnicos manipuladores del cuerpo ni incurran en el mismo error antropológico y destruyan seres humanos, o creen monstruos, o atenten contra derechos elementales en la persona, sea nacida o no nacida.

Cuerpos desarrollados en relación al alma

Mouroux describe maravillosamente esta relación de muchos modos con una tendencia claramente positiva, por ejemplo cuando dice: “El cuerpo es para el alma un medio de acción. No actúa sino mediante él, como claramente se echa de ver en las acciones exteriores. Para vivir es necesario comer y beber, reaccionar ante los estímulos del ambiente. Para plasmar una civilización no basta concebirla; hay que edificarla con esfuerzos corporales. Todos conocemos la maravillosa capacidad de adaptación que posee el cuerpo para este género de trabajos, cuyo símbolo es la plasticidad de la mano: mano callosa del albañil, dura como la piedra que toca; mano del artista ágil y precisa para llegar a ser matemática e inspirada; mano del cirujano, sensible, inteligente y certera como el escalpelo. Desde este punto de vista, el hombre es un instrumento animado, un espíritu que posee y anima intrínsecamente su propio instrumento, expresándose realmente mediante su misma actividad. Como decían los antiguos, el hombre es inteligencia y mano: « ratio et manus»(Sentido cristiano del hombre. Ed Palabra. Madrid. 2001. p.74).

 
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El cuerpo es necesario aun para los actos más espirituales. Está hecho para el espíritu. Llegamos aquí a la raíz de la unidad de cuerpo y alma. La ciencia moderna no duda en admitir esta afirmación de Santo Tomás: «El alma está unida al cuerpo por el acto de la inteligencia, que es un acto propio y principal; por eso es preciso que el cuerpo, unido al alma racional, esté dispuesto del mejor modo posible para servir al alma en lo que es necesario al pensamiento». El cuerpo es instrumento del alma. “Mens sana in corpore sano”, se dice. Se podrían encontrar muchos otros dichos sabios de todos los tiempos y culturas. Es cierto que muchos sabios han tenido un cuerpo enfermizo que quizá les ha permitido una experiencia del dolor que les ha despertado el espíritu. Pero lo normal es que la mente necesite un cuerpo sano. Sin vista no se ve el arco iris, ni se pueden apreciar los colores ni la pintura, salvo Betthoven la música necesita oído fino, la sensibilidad del tacto, del olfato, del gusto, de la imaginación, de la memoria sensitiva abren posibilidades a entender y actuar.

El cuerpo como medio de expresión

El lenguaje es el máximo medio de expresión y comunicación. “Cuando miro a un hombre a los ojos, su mirada me responde. Me deja penetrar en su interior, o bien me rechaza. Es señor de su alma, y puede abrir y cerrar sus puertas. Puede salir de sí mismo y entrar en las cosas. Cuando dos hombres se miran, están frente afrente un yo y otro yo. Puede tratarse de un encuentro a la puerta o de un encuentro en el interior. Si se trata de un encuentro en el interior, el otro yo es un tú. La mirada del hombre habla. Un yo dueño de sí mismo y despierto me mira desde esos ojos. Solemos decir también: una persona libre y espiritual. Ser persona quiere decir ser libre y espiritual. Que el hombre es persona: esto es lo que lo distingue de todos los seres de la naturaleza”[ Edith Stein, ] Las ideas son iguales para todos los seres humanos, no así las lenguas en número casi infinito. El lenguaje necesita en primer lugar sonidos a los que se les da un contenido. Luego vendrán los gestos más o menos simbólicos como las: danzas. Después de las ideas está la manifestación de los sentimientos y aquí el cuerpo tiene un papel más significativo dentro de la ambigüedad de los sentimientos, pues pueden coexistir los contrarios o varios al tiempo. Es claro en la alegría por el gesto del rostro, la actividad, las expresiones vocales, etc; lo mismo para la tristeza (laxitud, rostro ensombrecido, cansancio). Más aún en la ira que puede llegar a una exaltación enorme, o en el miedo que puede llegar a la parálisis, emblanquecimiento o pérdida del cabello, sudor frío, o de sangre, incapacidad para un juicio o una decisión libre. El amor tiene muchas formas de manifestarse en los esposos, con los hijos, los abuelos, los amigos, los compañeros, los compatriotas etc. Lo mismo el odio que se une a la ira exaltada y el terror. El amor y el odio mezclados llevan a actitudes un tanto sorprendentes también en el cuerpo. Relajación y máxima tensión se suceden o se entremezclan.

Caben falseamientos en este lenguaje del cuerpo con maquillajes, ficciones, engaños, técnicas, de falsa naturalidad; que en realidad son mentiras gestuales ambiguas. Sin embargo, no es fácil engañar con el gesto, no sólo en el caso del niño que no sabe mentir o en el del hombre recto que si lo hace se advierte una conmoción.
La belleza es manifestada muchas veces en el cuerpo y aquí caben desde las sensibilidades apolíneas a las romanas o las simbólicas primitivas, o a las desarraigadas de las tribus urbanas o a las burguesas, con tabús o sin ellos, así como las provocadas por modas artificiales.

 
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El cuerpo como medio de comunicación

La comunión de personas es el grado más alto del amor personal. Se puede dar en el ámbito meramente corporal, en el afectivo o en el de intimidad que es casi como un cielo en la tierra cuando las personas que se quieren llegan a ese nivel. El cuerpo de más a menos siempre tendrá algo que ver en esa comunión: “Nos referimos ahora a la suprema dignidad del cuerpo: la unión y la comunicación de las personas. Esta función no surge de la nada, puesto que el cuerpo desempeña ya la misión de unimos con el universo. ‘Este cuerpo es un instrumento admirable, que, sin duda, no usamos en toda su plenitud. Con frecuencia lo empleamos tan solo para el placer, el dolor y los actos indispensables para la vida. Unas veces nos confundimos con él. Otras olvidamos su existencia. Ora como brutos, ora como puros espíritus, ignoramos los lazos universales con que estamos unidos, la maravillosa sustancia de que están fabricados. No obstante, por el cuerpo participamos de lo que vemos y tocamos. Somos piedras, árboles. Intercambiamos contactos e inspiraciones con la materia que nos rodea. Tocamos y somos tocados. Transportamos virtudes y vicios. Sumergidos en la fantasía o el ensueño, adoptamos la naturaleza de las aguas, la arena, nubes ... »[MOUROUX].

Hay situaciones en que la expresión corporal es mucho más fuerte que el lenguaje hablado, tanto si no se pueden emitir palabras por imposibilidad, como por emoción: “Volviendo a las palabras y a los gestos, diremos que llegan a ser instrumentos de comunicación en la medida en que son capaces, por encima de su sentido directo y definido, de revelar algo de nuestro misterio. Cuando dos seres que se aman se encuentran después de largo tiempo, se dirigen a menudo las palabras más simples y vulgares, pero sus almas se compenetran y se estrechan mediante esta misma pobreza de palabra. Cuando dos seres sufren juntamente, con frecuencia se realiza la participación más profunda en el mismo dolor, a través de una minada o del silencio, de una palabra que se anuda en la garganta, de una lágrima que se asoma al borde del párpado.

Por otra parte, hay algunas experiencias cruciales al comienzo y al final de la vida que aclaran más la función desempeñada por el cuerpo. La primera sonrisa que el niño dirige a su madre, por ejemplo. En este caso, no solamente se franquea la prisión corporal, sino que el cuerpo mismo es el medio de relación gracias al cual la madre y el hijo comparten la misma alegría. La última mirada del moribundo ofrece una experiencia análoga. El cuerpo va convirtiéndose paulatinamente en una prisión en la que el alma se encuentra recluida antes de evadirse. Sin embargo, esta última minada es el supremo ímpetu en que se insertan el llamamiento y el deseo, el sufrimiento y el amor. Tenemos, finalmente, el caso de los que se encuentran privados de la voz, del oído y de la vista al mismo tiempo. Almas aherrojadas y condenadas, cuerpos inútiles, sin ventanas. ¿Cómo lograr que en ellos nazca un signo? Sin ojos, sin oídos, sin lengua, solo les queda la mano, la bendita mano, y con ella la inmensa docilidad del cuerpo y el deseo infinito del alma”[ MOUROUX].

Ciertamente el arte nos permite deducir análogas conclusiones. Este medio de comunicación profunda pone en juego todo el cuerpo. Tanto en el artista que trabaja, necesitado de una cierta delicadeza de órganos, de una habilidad manual o corporal, como en el espectador, oyente o lector, que actúa a su manera, vibrando al unísono. Sin embargo, se requiere una especial educación de cuerpo y alma para penetrar en este mundo encantado. El ejemplo de la música es, quizá, el más significativo. La música es capaz de efectuar la unión de una muchedumbre, ya se trate de un regimiento en desfile, con música al frente, o bien del Credo, cantado a plena voz por millares de peregrinos. Una vibración física enorme se apodera del ser humano, le agrega a la masa y le arrastra con su vértigo. Esto no es la cima del arte, y resulta a veces infinitamente más peligroso, por su formidable potencia. Por otra parte, cuando se ha llegado a penetrar verdaderamente en el reino de la música, la comunión se hace más profunda. Un aria de Mozart, una fuga de Bach, una sinfonía de Beethoven nos introducen en un mundo nuevo y nos hacen penetrar en una intimidad inefable, en que el alma queda liberada y cautiva al mismo tiempo. Se cuenta de Beethoven que, yendo a visitar a una madre que acababa de perder a su hijo, entró sin decir palabra, se sentó al piano y tocó durante unos instantes. Al marcharse, la madre lloraba de ternura y de agradecimiento.

En cualquier caso, cuando el organismo corporal funciona a la perfección, toda la vida espiritual se desarrolla sin esfuerzo ni pérdidas por “rozamiento”. El ser espiritual-anímico y la vida se expresan en el cuerpo, nos hablan a través de él. Pero también aquí lo corporal puede poner obstáculos: malformaciones patológicas, por ejemplo paralizaciones de músculos y nervios, o un crecimiento desmesurado de los tejidos, perjudican a la capacidad de expresarse, mientras que un cuerpo sano, que funcione con normalidad y esté bien ejercitado, «responde» con facilidad. (Con todo, hay que tener en cuenta que la correcta constitución del cuerpo es una condición meramente negativa, cuyo cometido se limita a posibilitar la formalización espiritual. La formalización como tal es realizada de hecho por el alma espiritual: un cuerpo sano, entrenado e incluso bello puede ser bien poco “espiritual”, mientras que uno enfermo, débil y poco ejercitado puede estar muy espiritualizado). El cuerpo no es solamente expresión del espíritu, sino el instrumento del que éste se vale para actuar y crear. El pintor, el músico y la mayor parte de los artesanos dependen de la habilidad de sus manos, al igual que para muchas profesiones se requiere fuerza o movilidad de todo el cuerpo, y para otras un alto grado de desarrollo de este o de aquel sentido. En todos los casos, la salud y un funcionamiento normal del cuerpo son condición del éxito, pero de nuevo es necesario, también en todos los casos, que el espíritu tome en sus manos el instrumento idóneo y fácil de manejar y lo emplee de la manera adecuada. A modo de resumen podemos decir que el cuidado y el ejercitamiento del cuerpo, realizados conforme a un plan y con vistas a unos objetivos determinados, contribuyen a que pueda llegar a ser espiritual. Pero únicamente podrá llegar a serIo en virtud de una formalización espiritual es decir, por un lado en virtud de que en él hay una vida espiritual que impulsa y guía voluntariamente el proceso de formalización, y por otra parte en virtud de que el espíritu utiliza al cuerpo para fines espirituales.