jueves, 20 de enero de 2011

Al infierno los fumadores!

Rafael Gómez Pérez nos ofrece una reflexión sobre la ley antitabaco:

La ley antitabaco, que ha entrado en vigor en España el 2 de enero de este año, se ha convertido, en pocos días, en un fenómeno de opinión y de “creencias”, que permite una reflexión más amplia sobre las características de la sociedad en la que vivimos.

Hay datos evidentes y otros sobre los que no compensa debatir, porque tienen la fuerza de los hechos comprobados. Ejemplo del primero es que en España fuma el 30% de la población; ejemplo de lo segundo es que “fumar mata” como se avisa con caracteres alarmantes en todas las cajetillas.

Sobre lo primero, los no fumadores son mayoría y quizá en su nombre se articula una ley tan prohibitiva. Pero, ¿qué hay de aquello del respeto a las minorías? ¿Por qué, por ejemplo, tantos detalles con el colectivo de gays y lesbianas y tan pocos para los fumadores? Toda la furia que se descargue contra el tabaco dará una falsa conciencia de estar entre “los buenos”

Sobre lo segundo, la idea de avisar que “fumar mata” (o, mejor, “puede matar” porque no es apodíctico al cien por cien), no es mala idea; pero se podría extender a otros casos más graves; por ejemplo, poner a la entrada de algunas clínicas: “el aborto mata”; en este caso no sería correcto “el aborto puede matar”, porque es algo inexorable: la muerte entra dentro del mismo concepto de aborto.

Hay fumadores que, en el colmo de su desesperación, razonan con el extremo: si el tabaco es tan malo, que lo prohíba el Estado. En realidad, no lo hace no solo porque dejaría de obtener más de 10.000 millones de euros en impuestos, sino porque la prohibición total solo serviría, como ocurre con la droga, para engendrar todo un mercado negro, con lo que lleva adjunto de una nueva fuente de delincuencia.

Con fervor pseudorreligioso

Pero al lado de todo esto se desarrolla un fervor quasirreligioso de muchos antifumadores que querrían arrojar a los fumadores a las tinieblas exteriores. No es de extrañar, porque es muy fácil conectar este tema con el ecologismo, también como pseudorreligión. En Occidente, al darse en amplios estratos de la población una disminución de la sensibilidad religiosa –no solo de la fe– hay un deslizamiento hacia la vivencia, a modo de religión, de ideologías o creencias, no necesariamente políticas, sino sociales o simplemente de moda o tendencia. Como una aplicación de aquella célebre observación de Chesterton: “cuando se deja de creer en Dios se puede creer en cualquier cosa”.

Como aquellos fanáticos que veían “pecado” en el menor de los gestos que a ellos les parecía sospechoso, ahora basta una hilacha de humo para que haya gente que de buena gana lapidaría a quien se ha atrevido a tanto, al grito de “¡No me hagas fumador pasivo”!

En vano los fumadores razonables (porque también los hay irrazonables) aducen que solo quieren un espacio para ellos solos, aunque se ahoguen en su propio humo; que para nada quieren meter su humor en el pulmón ajeno; que les parece exigible que no se coarte la libertad de nadie, ni de los que fuman ni de los que no fuman. Esta sociedad, que acepta fácilmente males muchos mayores (casi todos relacionados con el sexo: el aborto, también de menores de edad; la libre distribución de la “píldora del día después”; los anuncios de formas aberrantes de sexualidad en las páginas de los diarios), es de una intolerancia rayana en el fanatismo cuando se trata del tabaco.

Chivo expiatorio

El fenómeno se ha dado otras veces: por la mala conciencia de aceptar males mayores, el tabaco se convierte en el chivo expiatorio. Toda la furia, el rencor, el odio que se descargue contra el tabaco –e indirectamente contra los fumadores y las fumadoras– dará una cierta (falsa) conciencia de estar en lo justo, en la corrección, entre “los buenos”.

Como en todas las formas pseudorreligiosas, ante el ardor de los fanáticos ha surgido una minoría de disidentes, de “herejes”, que adoptan el nombre de insumisos. Como casi siempre, tienen poco que hacer, porque en contra está no solo el peso del Estado sino de una gran parte de la sociedad. La sociedad mayoritaria ha experimentado en muchas ocasiones un cierto gusto en ir contra las minorías, contra quienes “no son como nosotros”. El caso del tabaco es uno más.

martes, 11 de enero de 2011

El matrimonio ¿artículo de lujo?

La desafección hacia el matrimonio se observa en muchos países de Occidente, pero no entre todos los sectores sociales. En América, casarse sigue siendo la manera más normal de fundar una familia entre personas con estudios universitarios y buenos ingresos, mientras que en los niveles socioeconómicos inferiores es más habitual eludir el compromiso matrimonial. Así nos lo cuenta ACEPRENSA:

Un informe que se acaba de publicar muestra que el declive del matrimonio que se da en Estados Unidos está afectando a la base del orden social: la clase media. El informe, titulado When Marriage Disappears: The Retreat from Marriage in Middle America (“Cuando desaparece el matrimonio: el alejamiento del matrimonio por parte de la clase media norteamericana) es un trabajo conjunto del National Marriage Project de la Universidad de Virginia y del Institute for American Values.

La investigación, desarrollada por W. Bradford Wilcox y Elizabeth Marquardt, observa que en la clase acomodada el matrimonio es más estable y parece estar fortaleciéndose. Entre los desfavorecidos, el matrimonio sigue mostrándose frágil. Pero la tendencia más reciente y de mayor importancia es que la institución matrimonial está debilitándose en la clase media. Entre los estadounidenses de clase media, definidos a los efectos del informe como quienes poseen un diploma de enseñanza secundaria pero carecen de una titulación universitaria, las tasas de maternidad fuera del matrimonio y las de divorcios están creciendo.
Este conjunto “moderadamente educado” de la clase media constituye un 58% de la población adulta. Aquellos con formación universitaria suman el 30%. El restante 12% son los que no terminaron la secundaria.
Línea divisoria
El informe descubre que el matrimonio se está convirtiendo en los Estados Unidos en una línea divisoria entre los de nivel educativo intermedio y quienes poseen título universitario.
Aunque el matrimonio sigue siendo apreciado, se ha reducido la probabilidad de que los norteamericanos con educación secundaria formen matrimonios sólidos, mientras que entre sus compatriotas que han cursado estudios superiores se produce el fenómeno contrario.
Los que se declaran felices en su matrimonio son el 69% de los adultos casados que han cursado educación superior, pero sólo el 57% de los del nivel educativo inmediatamente inferior y el 52% de quienes tienen educación elemental.

Matrimonios más frágiles
También las tasas de divorcio han subido entre los estadounidenses con educación de grado medio, mientras que han descendido entre los de estudios superiores.
Entre los años setenta y los noventa, la probabilidad de divorcio o separación en los diez primeros años de matrimonio decreció entre los más instruidos (bajando del 15 al 11%); subió un poco entre los que habían completado la enseñanza media (del 36% al 37%), y también disminuyó entre los menos instruidos académicamente (del 46% al 36%).
En consecuencia, el porcentaje de adultos con una educación media que permanecían casados en su primer matrimonio cayó del 73% de los años 70 hasta el 45% de la última década. En el mismo periodo, la caída fue de 17 puntos entre los adultos con estudios universitarios y de 28 puntos entre los adultos con pocos estudios.
Es cada vez más probable que los norteamericanos con estudios medios convivan en una unión de hecho en vez de casarse. Desde 1988 hasta ahora, el porcentaje de mujeres de 25-44 años que habían vivido en estas uniones subió 29 puntos en las de estudios medios, 24 puntos entre las de pocos estudios, y 15 puntos entre las que tenían estudios universitarios.

Hijos nacidos fuera del matrimonio
Tener hijos sin estar casados es mucho más probable entre los de niveles medios de educación que entre quienes poseen titulación superior.
A principios de los 80, solo el 2% de los niños de madres con educación superior venían al mundo fuera del matrimonio, frente al 13% de los nacidos de madres con educación media, y el 33% de los hijos cuyas madres tenían el nivel educativo más bajo. A finales de la primera década del siglo XXI, el porcentaje de niños nacidos fuera del matrimonio para las madres con estudios universitarios era del 6%. Los otros dos grupos experimentaron un acusado aumento, hasta el 44% para las madres con una educación media, y hasta el 54% para aquellas con pocos estudios.
Igualmente es más probable que antes que los hijos de padres con educación superior vivan con sus dos progenitores, mientras que en familias cuyos padres tienen estudios medios la probabilidad es mucho menor.
El aumento de divorcios y la crianza de los hijos fuera del matrimonio, en las comunidades de clase media y baja, ha dado como resultado que cada vez más niños de dichas comunidades vivan en hogares en los que no están sus padres biológicos o acaben viviendo en hogares de adopción.
Como dato concreto, el porcentaje de muchachas de 14 años de madres con titulación universitaria y que viven con sus dos padres se mantiene en un 81% en la primera década de este siglo, pero la proporción de jóvenes de esa misma edad que son hijas de madres con educación media y que viven en idénticas condiciones se ha visto reducida al 58%. Y el porcentaje de las muchachas de idéntica edad que vivían con ambos progenitores del nivel de instrucción más bajo, descendió del 65% al 52%.

Se aleja el “sueño americano”
El informe detecta tres cambios culturales que han jugado un papel decisivo en el debilitamiento del matrimonio entre los norteamericanos de clase media.
El primero es una actitud más permisiva en la concepción del matrimonio. El segundo, consecuencia del anterior, es una mayor probabilidad de que estos norteamericanos adopten comportamientos –un número mayor de parejas sexuales y más infidelidad matrimonial– que pongan en peligro sus perspectivas matrimoniales. El tercer cambio cultural es que los norteamericanos con una educación media cada vez son más reticentes a abrazar valores tradicionales como posponer la gratificación o centrarse en la educación. El informe anota después la influencia de algunos otros cambios, como el descenso de la práctica religiosa y la mayor aspiración a encontrar un “alma gemela”, lo que hace que el nivel exigido para casarse sea más elevado que antes.
En general, concluye el informe, “la vida familiar de los estadounidenses con educación de grado medio se asemeja cada vez más a la de los que no completaron dicho ciclo, y que con excesiva frecuencia se ven agobiados por problemas económicos, conflictos de pareja, maternidad en solitario e hijos problemáticos.”
El arrinconamiento actual del matrimonio entre las personas de educación media está poniendo el “sueño americano” fuera del alcance de muchos, advierte el informe. “Hace más difícil la vida de las madres y aleja cada vez más a los padres de las familias. Incrementa las probabilidades de que sus hijos sufran fracaso escolar en la educación secundaria, acaben teniendo problemas de delincuencia, haya más embarazos de adolescentes entre ellos o acaben tomando la senda equivocada de algún otro modo. A medida que el matrimonio –un estado al que antiguamente todos podían aspirar– se convierte cada vez más en terreno acotado de la clase acomodada, crece la brecha social y cultural.”

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Antony Flew muere deísta

El filósofo Antony Flew muere deísta y el ateísmo gruñón le llama senil
Forumlibertas.com

En 2005, Flew elaboró una lista de temas que todo debate sobre Dios debería examinar y en 2007 proclamaba su deísmo.
El 8 de abril de 2010 murió con 87 años Antony Flew, filósofo británico que durante casi toda su vida defendió activamente posturas ateas. De estudiante acudía a los debates del Club Sócrates de C.S. Lewis en Oxford, cuya inteligencia admiraba, pero cuyos argumentos éticos a favor de Dios no le convencían. El problema del mal en el mundo, entre otros, le convencieron ya entonces de que no había Dios, o más aún, de que era un concepto vacío.

Flew empezó a presentarse como deísta en diversas entrevistas y publicaciones en 2004: con 81 años, ahora creía que la evidencia apoyaba la existencia de una inteligencia creadora, y que el azar y la necesidad o el mero materialismo no eran suficientes para explicar la complejidad del mundo.

En 2005, en su nueva edición de "God and philosophy", estableció una serie de temas que todo pensador que aborde el tema de Dios debería tener en cuenta:
- la definición de Dios que da Richard Swinburne, teólogo británico convertido a la ortodoxia griega
- los argumentos de Swinburne sobre el Dios cristiano en su libro "Is there a God?"
- la nueva forma de ver el castigo eterno en el infierno en la doctrina anglicana
- plantearse si hubo sólo un big bang y si con ello empezó el tiempo
- examinar el tema de los universos múltiples
- examinar el argumento de que el universo está "bien ajustado" ("fine-tuning")
- examinar si hay una explicación materialista que muestre que la materia viviente surge de la no viviente
- examinar si hay una explicación materialista que muestre que de la materia viviente no reproductora puedan surgir seres vivos con capacidad reproductiva
- el concepto "ordenador inteligente" (una inteligencia ordenadora) del libro "The Wonder of the World", de Roy Abraham Varghese
- el concepto deísta o aristotélico de Dios, visto desde la teología natural, tal como lo desarrolla David Conway.

La "traca final" (y última obra de Flew) llegó en 2007, cuando él y el norteamericano Roy Abraham Varghese firmaron juntos un libro titulado, provocativamente, "There is a God" (Hay un Dios).
La respuesta desde la "inteligentsia" del nuevo ateísmo fue feroz. Básicamente, se acusó a Varghese de haber escrito el libro él sólo y de haber engañado a Flew para firmarlo. Un argumento que se usó es que en el libro aparece mucho vocabulario de inglés norteamericano, no británico. Empezó a usarle la palabra "senilidad" y "manipulación".
El filósofo británicorespondió con una declaración a través de la editorial, asegurando que aunque Varghese dio la forma escrita al texto, el libro era de Flew y representaba su pensamiento. Al año siguiente, Flew insistió en que el libro era suyo en una carta a un académico de la Universities and Colleges Christian Fellowship.
Cuando murió Flew, la prensa mundial se hizo eco de cómo un famoso ateo de toda la vida había muerto como creyente en un Dios creador (aunque no llegase a ser el Dios providente o justo de los monoteísmos). A los militantes del nuevo ateísmo gruñón no les gustó nada, y los escritos recurriendo de nuevo a la "senilidad" volvieron a circular... aunque sin ningún dato médico para confirmarlo.

Desde California, Jillian Becker, conocida personal de Flew ("ambos éramos ateos conservadores", dice ella) escribió a Inglaterra, al "Telegraph", admitiendo que Flew le había explicado que sólo la existencia de "una inteligencia" puede explicar el universo. Pero lo lamenta y protesta: "¿es que el hombre que mejor ha defendido el ateísmo desde David Hume ha de recordarse como un deísta sólo porque se le ablandaron los sesos en sus últimos años?" En respuesta a Becker escribió el filósofo católico escocés John Haldane, reputado tomista (y padre de familia). Haldane recuerda sus largas charlas con Flew en 2004 cuando filmaban un documental sobre filósofos, Dios y la ciencia, dirigido por Varghese.

"Le faltaba su antiguo vigor y agudeza y él mismo dijo que sufría algo de afasia disnómica, pero era claro acerca de los temas que le habían llevado pensar que las estructura fundamental física del universo y tipos particulares de complejidad microbiológicas apoyaban la hipótesis de una fuente creadora inteligente", escribe Haldane. Y añade: "tengo cartas escritas a mano de todo un año debatiendo este razonamiento. En abril de 2005 escribió de su conversión a deísmo einsteniano. También mencionó su admiración por el liderazgo de Juan Pablo II."

Para Haldane, "es un error centrar la atención en su grado de vigor mental; él insistiría en que nos preguntemos cuán buenos son sus argumentos."
Mientras tanto, las revistas del "nuevo ateísmo" se consuelan quitándole valor al pensamiento de las personas en sus últimos años o buscando conspiraciones manipuladoras. Un ejemplo que lo concentra todo es el artículo en ReligionDispatches.org del filósofo ateo Austin Dacey, antiguo miembro del think-tank secularista "Center for Inquiry", implicado en revistas como "Skeptical inquirer" o "Free Inquiry":

"Ya antes de publicar There is a God, el pensamiento teológico de Flew se estaba haciendo cada vez más incoherente, según me informaron antiguos colegas, que hablaron con él en privado en una convención de 2005 del Center for Inquiry. Los desvergonzados cuidadores evangélicos de Flew pueden haber explotado esta confusión. Tuvieron éxito al sacar todo un trabajo póstumo del filósofo mientras el hombre aún estaba vivo. [...]

"Nunca he entendido que sea un apoyo a una creencia el que alguien la abrace cuando está muriendo, que los juicios reales o inventados de un Darwin o un Flew pesen más cuando su mente está afectada por la enfermedad, fatiga, el terror o la demencia. Si alguna opinión cuenta como auténtica sería la de aquellos que son autónomos. La autonomía disminuye con la coerción, que es una buena forma de describir la menaza inminente de la tortura eterna en el infierno".
Por supuesto, son muchos los que no estarán de acuerdo con Dacey. Hay muchas banalidades que dificultan el pensamiento "autónomo" (fama, vanidad, distracciones, complejos, vergüenzas), y que ante la cercanía de la muerte desaparecen, dando precisamente más libertad a la persona para "pensar en serio". La enfermedad y el dolor y la muerte forman parte de la realidad, y deben ser incluidas en cualquier reflexión seria. Sólo una cultura cobarde y narcisista las esconde para evitar que los hombres piensen.

lunes, 6 de diciembre de 2010

¿Legalizar las drogas?

Drogas y criminalidad

A FAVOR:
Las leyes anti-droga ocasionan un mal mayor –el crimen organizado– que la droga misma. En algunos lugares, el modelo represivo está produciendo más muertes y sufrimientos que el propio consumo de drogas.
El actual modelo represivo no funciona. La prohibición no consigue eliminar el consumo y, además, ocasiona efectos perversos adicionales: aumenta el crimen organizado que acompaña al tráfico ilegal; favorece los sobornos a políticos y funcionarios; financia grupos terroristas...
La prohibición no consigue eliminar el consumo y, además, ocasiona efectos perversos adicionales por el aumento del crimen organizado
La legalización arrebataría el negocio a los criminales y desaparecerían sus secuelas perversas. Serían otros comerciantes honrados, como los farmacéuticos, los que se llevarían los márgenes autorizados.
Si desaparece buena parte del contrabando, bajarían los costes. Al ser la droga más barata, muchos adictos ya no necesitarían delinquir para obtenerla. Así, es previsible que disminuyan al menos los robos para comprar drogas.
Además, el dinero que cuesta actualmente la persecución del tráfico ilegal se podría emplear en programas de prevención y rehabilitación. Las sumas destinadas a tales programas podrían ser incluso mayores si el gobierno decidiera establecer un impuesto sobre las drogas.
Ahora bien, la legalización ha de ser global y coordinada. De poco serviría legalizar el consumo o el tráfico de drogas en un país, si los vecinos tienen otras reglas. De ahí la necesidad de un debate internacional en el seno de la ONU, que revise la estrategia mundial sobre narcóticos.
Esto es lo que propuso hace pocos días el ex presidente del gobierno español Felipe González, sumándose así al grupo de ex dirigentes que, una vez dejado el cargo, plantean reabrir el debate sobre la legalización de las drogas. El año pasado lo hicieron los ex presidentes de Brasil, Fernando Henrique Cardoso; Colombia, César Gaviria; y México, Ernesto Zedillo.

EN CONTRA:
Si admitimos que las drogas son destructoras (algo en lo que coinciden partidarios y adversarios de la legalización), la mejor política será la que lleve a reducir el número de consumidores. Y un negocio legal siempre tendrá más clientes que otro ilegal.
Trasformar a los narcos en empresarios de la droga legal no les arrebata el negocio, sino que les ayuda a extenderlo y a realizarlo sin trabas y con menores costes de producción. Lo que pierdan por el descenso de precios quedará más que compensado por la extensión del negocio entre nuevos consumidores.
Transformar a los narcos en empresarios de la droga legal no les arrebata el negocio, sino que les ayuda a extenderlo y a realizarlo con menores costes
Entre los consumidores, puede descender la criminalidad relacionada con la obtención de medios para drogarse. Pero con el aumento del consumo también pueden extenderse las conductas antisociales relacionadas con las perturbaciones psíquicas que crea la drogadicción (violencia, abusos sexuales, desintegración familiar, malos tratos...).
Por otra parte, imaginar un mundo sin narcotráfico no deja de ser una utopía. Las mafias no se van a quedar de brazos cruzados al ver cómo les arrebatan unas ganancias multimillonarias (el negocio ilegal mueve más de 250.000 millones de dólares al año y abastece a unos 200 millones de usuarios en el mundo).
El tráfico ilegal es imposible de erradicar mientras haya demanda. Por eso la legalización no significa quitar el negocio a los criminales, sino poner al Estado a competir con ellos. Y en esta competencia quien tiene la responsabilidad de la salud pública lleva siempre las de perder.

Legalizar y regular el mercado
A FAVOR:
Al sacar la producción y el consumo de la clandestinidad, se podría regular el mercado y vigilarlo. Los consumidores tendrían a su disposición drogas fabricadas conforme a unas normas, mientras que con la clandestinidad hay más fraudes y riesgos para la salud.
La existencia de un mercado negro favorece los fraudes e incrementa los daños para la salud y otros riesgos, al no existir controles sobre las sustancias y llevar a muchas personas adictas a un consumo clandestino y en ambientes marginales.
No hay que olvidar la experiencia de la ley seca estadounidense, que prohibía vender alcohol. Mientras estuvo en vigor entre 1920 y 1923, se produjo un auge del crimen organizado. Bastó levantar la prohibición para que todo aquel negocio criminal se evaporara, sin que el alcoholismo alcanzara dimensiones trágicas.

EN CONTRA:
Cualquier regulación que establezca límites será un incentivo para que persista el tráfico ilegal de lo todavía prohibido. Necesariamente habría que hacer un catálogo de drogas legales; ¿o es que se admitiría cualquiera que apareciese en el mercado, por nociva que fuese? Y si se prohíben algunas, seguirá habiendo el mercado clandestino de los adictos a ellas.
Lo mismo ocurriría con cualquier otra reglamentación: límite de edad para adquirir drogas, cantidad máxima que se pudiera comprar de una vez, establecimientos autorizados para venderlas, etc. Y si la droga se grava –como se quiere hacer ahora en California–, ¿qué impide la aparición de un mercado negro, libre de impuestos?
Contra lo que se cree, los grandes narcotraficantes saldrían beneficiados con la legalización. Empezarían por inundar el mercado con droga muy barata: pueden hacerlo, ya que funcionan con unos márgenes gigantescos.
De ese modo conseguirían millones de nuevos adictos, y con esa expansión del mercado se resarcirían con creces de la reducción de precios. Los gobiernos tendrían que reaccionar con controles más severos, lo que llevaría a la subida de los precios y a un nuevo aumento del negocio ilícito.

Efectos sobre el consumo y la producción
A FAVOR:
Con la legalización no necesariamente aumentaría el consumo, porque desaparecería la curiosidad y el atractivo de lo prohibido. La legalización iría acompañada de medidas educativas y preventivas.
Si se levanta la prohibición, desaparecería buena parte del estigma social de las drogas. Muchos adictos perderían el miedo a salir del anonimato y acudirían a tratarse a los establecimientos autorizados. Al mismo tiempo, la campañas de prevención llegarían con más facilidad.
Además, las cárceles están llenas de personas que han cometido pequeños delitos para satisfacer su adicción. Pero la cárcel no es el lugar adecuado para ellas. El castigo sólo empeora la situación de los adictos.

EN CONTRA:
El atractivo de la droga no se basa en la curiosidad por lo prohibido, sino en la adicción que crea. También hay un atractivo por productos legales, y su fácil disponibilidad no frena el consumo sino que lo estimula.
La legalización haría que la demanda se disparase. Al sacar las drogas de la clandestinidad, más gente daría el paso de probarlas (seguramente a precios más bajos) y acabarían enganchados.
También los que ya son adictos saldrían peor parados. Además de acrecentarse el riesgo de dependencia, los enganchados podrían entrar en el sistema de “escalada”, por el cual consumen drogas cada vez más potentes y peligrosas (sean legales o ilegales). Se terminaría creando una clientela cautiva.
Es cierto que la prohibición sirve de poco si no va acompañada de medidas educativas y preventivas. Pero legalizar las drogas restaría eficacia a aquellas medidas. El mensaje de que las drogas son dañinas pierde credibilidad si al mismo tiempo se legalizan.
Al definir una conducta como delictiva, las autoridades están diciendo que aquello es dañino y no debe hacerse. La prohibición legal no tiene solamente una función represiva, sino también pedagógica: prohibir es una forma de educar.
La penalización no tiene por objetivo principal meter en la cárcel al que se droga (cosa que no se hace), sino sobre todo disuadir a los que no las han probado. La prohibición envía el mensaje de que las drogas son dañinas, circunscribe su difusión a ciertos ambientes en los que si uno no quiere, no se mete. Bajo la prohibición el consumidor tiene que ir a buscar la droga, con la legalización la droga le buscaría a él.
Respecto a la producción, nuevos datos demuestran que las leyes anti-droga pueden dar frutos. El Informe Mundial de 2010 de la Oficina contra la Droga y el Delito de Naciones Unidas sostiene que la superficie total de cultivo de cocaína ha caído un 13% desde 2007, debido sobre todo a la eliminación del 58% de los cultivos de Colombia gracias a la política de Álvaro Uribe. Parece que la menor oferta incide en una menor demanda.

La existencia de otras drogas legales
A FAVOR:
Las drogas derivadas del cannabis (marihuana y hachís, principalmente) no son más peligrosas que otras permitidas, como el alcohol y el tabaco. Éstas también causan daños a la salud y muertes, y sin embargo no están prohibidos. Se buscan otros límites: prohibición de publicidad, de venta a menores, de uso en lugares públicos.

EN CONTRA:
Más allá de los riesgos, cabe preguntarse qué sentido tendría que el mismo Estado que emprende enérgicas campañas anti-tabaco se volviera comprensivo con los que fuman marihuana, cuando el daño pulmonar y la presencia de sustancias cancerígenas en el humo del cannabis es mayor que en el cigarrillo.
Y después de perseguir tanto la conducción bajo los efectos del alcohol, ¿se pondrá el mismo celo para evitar los accidentes de tráfico provocados por quienes conducen bajo la influencia del consumo de marihuana?

lunes, 18 de octubre de 2010

Palestinos en el Líbano

Palestinos en el Líbano, refugiados permanentes
tomado de Aceprensa
Firmado por Helene Daboin 
Fecha: 17 Septiembre 2010

Beirut. Más de cuatro millones de personas se vieron forzadas a dejar sus casas y tierras de Palestina en 1948, al crearse el estado de Israel por parte de las Naciones Unidas. Esto trajo consigo una serie de consecuencias aún hoy en día no resueltas.
En el mismo acto de creación del estado de Israel, se mantuvo la existencia de Palestina, y posteriormente, en la resolución 194, se determinó el derecho de todo refugiado a regresar a su tierra de origen. Resoluciones todas a las que han hecho oídos sordos los gobiernos israelíes.
En el portal de la UNRWA (Agencia de las Naciones Unidas para los refugiados Palestinos en Oriente Medio, http://www.unrwa.org/) se celebra este año el sesenta aniversario de su creación. No deja de ser dolorosa la contradicción, ya que al pensar en refugiados, se tiende a considerar una situación provisional, y no parece que sesenta años sean pocos. El campo de acción de la UNRWA cubre hoy en día, Jordania, Siria, Líbano, Gaza y Cisjordania, lugares a donde fueron los desplazados.

Provisionales desde 1948
Al Líbano llegaron en tres oleadas los 425.000 palestinos oficialmente censados por la Agencia. Los que disponían de medios económicos se instalaron en las grandes ciudades, incorporándose a la vida económica del país, o emigraron a otros países árabes. En esos momentos, el gobierno libanés comenzaba a dar sus primeros pasos, tras la terminación del mandato francés de 1943. El país quedaba en manos de los libaneses, con una mayoría cristiana, y la presencia de comunidades suníes, drusas y shiíes importantes.
Una trayectoria de siglos había hecho del Líbano tierra de acogida de refugiados de toda índole: aventureros, refugiados políticos, herejes, musulmanes de sectas minoritarias, cristianos perseguidos, etc. Recibir a los palestinos como refugiados se consideraba lógico por todas las comunidades, y de hecho muchos recibieron la nacionalidad en un primer momento. Desgraciadamente, los visitantes se convertirían en un problema a largo plazo.
Poco a poco, la presencia de los palestinos se vio con recelo. Una parte de ellos se trasladaron a otros países, pero los más pobres no disponían de documentos de identidad, al no pertenecer a un Estado reconocido. Ante las dificultades, se rechazaba su permanencia en el Líbano, y se impidió la construcción de viviendas definitivas, ya que los terrenos donde se encontraban los campos en muchos casos eran alquilados. La UNRWA estableció escuelas dentro de los campos, para atender las necesidades educativas. Se vio necesario establecer en cada campo una junta que coordinara las relaciones entre el Gobierno libanés, la UNRWA y los representantes de los refugiados. El círculo vicioso comenzaba.
Los libaneses no disponían de extensas tierras cultivables, ni de recursos minerales, y la industria nacional era limitada, así que no podían absorber e incorporar a tal cantidad de personas en un país de reducidas proporciones (10.492 Km2) y población (4 millones de habitantes, hoy en día). El rol de la Junta directiva en los campos de refugiados se limitó cada vez más a supervisar los asuntos de seguridad y políticos, dejando de lado las necesidades sociales de la población, a las que trataba de atender la UNRWA.

Un factor de división en el país
Los palestinos comenzaron a optar por agruparse en facciones políticas que les prometían soluciones a problemas inmediatos, a cambio del resentimiento hacia los israelíes que los habían despojado de todo.
La situación empeoró con el ascenso del movimiento de la resistencia palestina en la década de 1960 y la firma del Acuerdo de El Cairo entre la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y el Líbano, el cual regulaba la presencia civil y militar palestina en el país.
La segunda oleada de refugiados palestinos llegaría en 1970 desde Jordania. El intento fallido de asesinato del Rey de Jordania, y la consiguiente expulsión de refugiados sospechosos, trajo a Beirut a Yasser Arafat y su Organización de Liberación de Palestina, para hacer del Líbano su plataforma de operaciones, apoyada por el régimen de Siria. Numerosos incidentes a lo largo del país se fueron sucediendo, en los que poblaciones cristianas iban siendo atacadas desde el sur hasta Beirut. En algunos casos, eran auténticas provocaciones; en otras, masacres de pequeños poblados, en los que participaban musulmanes libaneses y drusos bajo el mando palestino. Desde el 13 de abril de 1975, los estallidos de violencia entre cristianos y palestinos ya residentes o nuevamente incorporados al país –la tercera oleada de refugiados–, fueron alimentando el resentimiento de la población.
Después de la invasión israelí de Líbano en 1982 la OLP se retiró de la mayoría del país y se cerró su oficina. La situación humana de los refugiados empeoró: el pretendido derecho de retorno no se veía cercano, la labor de la agencia para los refugiados UNRWA comenzaba a dar muestras de agotamiento financiero, ante un problema que más que disminuir se iba haciendo más complejo. A los 12 campos de refugiados oficiales se han agregado otros asentamientos que se instalaron de manera ilegal en terrenos de libaneses durante los años de guerra civil. Dentro de los campos son las milicias palestinas las encargadas de mantener el orden. Hoy en día, se ha creado un intrincado problema jurídico y social, que afecta otra vez a la vida de muchos cristianos.
Desde 1990, no se habían producido incidentes directamente promovidos por los refugiados palestinos. De hecho, las organizaciones que trabajan con ellos hablan de una gran reducción de refugiados, unos 250.000 hoy en día. La UNRWA mantiene su registro original, independientemente de si se han trasladado a otros países, como es el caso en los últimos años,. Casi 175.000 refugiados han emigrado hacia Europa del Norte, América o Canadá, y han cambiado sus condiciones de vida.
En el verano del 2007 un grupo de extremistas de Fatah Al-Islam tomó el campo de refugiados de Nahr el Bared, al norte del país y lo convirtió en base de operaciones para sus fines. 700 personas produjeron 35.000 desplazados y la destrucción por parte del ejército libanés de gran parte del campo. Volvió a surgir el espectro de la guerra, haciendo difícil creer que es posible la integración.

Nuevos derechos laborales
Los palestinos actualmente presentes en territorio libanés representan diversas posiciones políticas. Son mayoritariamente suníes y, en consecuencia, se espera de ellos que tiendan a apoyar a esta comunidad desde el punto de vista político. Por ello sectores cristianos se han negado a otorgar a los refugiados la ciudadanía con derecho a voto, ya que alterarían el ya precario equilibrio interno, en donde cada comunidad mayoritaria representa un tercio de los votos.
Un pequeño paso hacia la mejora social de los refugiados la constituye la decisión del Parlamento libanés del pasado agosto, al permitir que los refugiados palestinos acceden a puestos de trabajo que antes no se les permitían, equiparándolos a cualquier ciudadano extranjero residente en el país. Las profesiones todavía vedadas a los palestinos son aquellas en las que se da prioridad a los nacionales –medicina, enfermería y derecho– por encontrarse saturado el mercado laboral. Hay que decir que los libaneses, a diferencia de los palestinos, no reciben ayudas de la UNRWA, los gastos de electricidad y agua son pagados por una parte de la población libanesa, y en los campos no hay facturas, ni impuestos.
En el Líbano, la seguridad social no está extendida a toda la población, solo cubre el 80 % de los gastos médicos de las personas inscritas por su empleador, y si no se tiene, se debe acudir a seguros privados. Gran parte de la población debe acceder a hospitales públicos, con dinero en efectivo para ser admitidos en “urgencias”. Aun falta mucho para que toda la población libanesa llegue a ser cubierta por los servicios del Estado, mucho menos los extranjeros.
Tristemente, la perennidad de la situación de los campos de refugiados ha generado una mentalidad asistencial dependiente de la UNRWA. Pero no en todos los casos. Hay palestinos que han creado empresas, y que dan trabajo a sus compatriotas, permitiéndoles mejorar su situación.

No es un Estado del bienestar
La prensa internacional se ha hecho eco de la iniciativa del Parlamento libanés, con un tono de acusación por la falta de respeto de los derechos humanos de la población de refugiados. En los medios se analiza al Líbano como si tuviese la misma estructura institucional del estado de bienestar europeo: escuela pública gratuita y obligatoria para toda la población, seguridad social, etc. Es cierto que en el país hay grandes fortunas, pero no precisamente en las arcas del gobierno. El Líbano tiene una de las mayores deudas de la región, el coste de la vida es de los más altos, y cualquier extranjero percibe que no hay un suministro de servicios proporcional con ese coste. Y en esto los refugiados padecen como cualquier residente nacional o extranjero.
El profesor y analista internacional, especializado en Medio Oriente, George Chaya comenta: “El mundo árabe en general y Occidente en particular cargan con la responsabilidad por sus acciones u omisiones en el problema de los refugiados palestinos. Nadie sensato podría oponerse a que estas personas tengan derecho a una vida mejor y no a ser utilizadas como escudos humanos ni caer víctimas del terrorismo al que sus facciones internas los arrastran, pero parece como si la responsabilidad fuera solo del único país que los ha acogido y al cual los palestinos han colaborado a destruir, Líbano.”
“Los regímenes árabes y musulmanes deben acabar con la falacia de las culpas externas. Esgrimiendo esta falsedad han usado y abusado a su antojo de los palestinos para masacrarlos luego cuando no les fueron necesarios. Este es el tema central y la problemática no se resuelve ampliando sus derechos para que dejen de ser trabajadores rurales dentro del Líbano. Al mismo tiempo Líbano debe resolver su estabilidad y tranquilidad y no puede sumar a sus ya crónicos problemas el de los refugiados por más tiempo.
“Existen alternativas, solo se necesita la voluntad política de la comunidad internacional y dejar de lado la histórica e impúdica carga de sectarismo del mundo árabe. Reubicarlos en otros países árabes y en los países de la migración es una importante, necesaria y positiva opción.” (www.georgechaya.info).

martes, 12 de octubre de 2010

Al servicio de la verdad y del bien

En el Hyde Park de Londres, durante la vigilia de la beatificación de John Henry Newman, dijo Benedicto XVI: “La vida de Newman nos enseña que la pasión por la verdad, la honestidad intelectual y la auténtica conversión son costosas”. La verdad, que nos hace libres, pide ser testimoniada y escuchada; “y al final su poder de convicción proviene de sí misma y no de la elocuencia humana o de los argumentos que la expongan”. Eso implica que, en nuestro mundo, hay que estar dispuestos en ocasiones a ser “excluido, ridiculizado o parodiado”. En todo caso “no puede haber separación entre lo que creemos y lo que vivimos”. Más aún, “cada uno de nuestros pensamientos, palabras y obras deben buscar la gloria de Dios y la extensión de su Reino”. Lo que importa es descubrir y realizar la “misión concreta” que cada cristiano tiene y que sólo Jesús conoce.

A los jóvenes, y con referencia al lema de su visita al Reino Unido –la divisa newmaniana cor ad cor loquitur–, les indicaba: “Su corazón está hablando a vuestro corazón”. Y llamaba a la generosidad: “Cristo necesita familias para recordar al mundo la dignidad del amor humano y la belleza de la vida familiar. Necesita hombres y mujeres que dediquen su vida a la noble labor de educar, atendiendo a los jóvenes y formándolos en el camino del Evangelio”; como también necesita de la vida religiosa y de los sacerdotes. “Preguntadle al Señor lo que desea de vosotros. Pedidle la generosidad de decir sí. No tengáis miedo a entregaros completamente a Jesús. Él os dará la gracia que necesitáis para acoger su llamada”.

En definitiva, se trata de responder que sí a Dios, de modo coherente y no a la defensiva, con autenticidad, venciendo las dificultades con la fe. El Papa lo había dicho ya con referencia a la Iglesia, en el avión que le llevaba al Reino Unido. Los periodistas le preguntaron, teniendo en cuenta el movimiento actual de ateísmo y a la vez los signos de fe religiosa a nivel personal: “¿Es posible hacer algo para que la Iglesia sea una institución más creíble y atractiva para todos?”
Sorprendió que Benedicto XVI respondiera con lo que podríamos llamar una enmienda a la totalidad, por el procedimiento de negar la premisa mayor: “Diría que una Iglesia que busca sobre todo ser atractiva, estaría ya en un camino equivocado. Porque la Iglesia no trabaja para sí, no trabaja para aumentar los propios números, el propio poder”.

Efectivamente. Por un lado, ¿no es la tendencia de cada uno y de cada una el buscar atraer hacia sí, ser centro de admiración o prestigio, poseer al otro o a los otros? ¿No es el afán por aumentar el número de seguidores y la influencia sobre la sociedad, una tendencia típica de los grupos y de las instituciones humanas? Claro que, tratándose de la Iglesia, ¿acaso no debe buscar la adhesión al Evangelio del mayor número posible de personas? ¿Qué hay de malo en ello? Y se podría, responder: nada malo, pero el Papa no se refiere a eso. El problema está en ese buscar “sobre todo” o ante todo la atracción; ponerla en primer lugar, por delante del servicio de la verdad y del amor, que son la razón de ser del servicio evangelizador: ése sería el error.
Lo exponía Benedicto XVI con claridad: “La Iglesia está al servicio de Otro, no está al propio servicio, no está para ser un cuerpo fuerte, sino para hacer accesible el anuncio de Jesucristo, las grandes verdades, las grandes fuerzas de amor y de reconciliación, que han aparecido en esta figura y que vienen siempre de la presencia de Jesucristo”.

Jesucristo, su persona, su mensaje y su obra. Esto es lo que explica el servicio de la Iglesia al mundo y a cada persona. Y en eso consiste la trasparencia de la Iglesia: en actuar según lo que es, según su naturaleza. Así ella es auténtica, eficaz y, como consecuencia no buscada en primer lugar, resulta atractiva, porque la santidad nunca deja de atraer.
En palabras del Papa, “la Iglesia no busca ser atractiva, sino que debe ser trasparente para que aparezca Jesucristo. Y en la medida en que no está para sí misma, como cuerpo fuerte y poderoso en el mundo, sino que se hace sencillamente voz de Otro, se convierte realmente en transparencia de la gran figura de Cristo y de las grandes verdades que ha traído a la humanidad, de la fuerza del amor. Si es así, es escuchada y aceptada”. En definitiva, “la Iglesia no debería considerarse a sí misma sino ayudar a considerar a Otro, y ella misma debe ver y hablar de Otro y por Otro”.

Es esta una luz poderosa para el ecumenismo, pues cuando los cristianos –católicos, anglicanos, etc.– buscan “ante todo” ese servicio, “es entonces cuando la prioridad de Cristo los une y dejan de ser competidores, cada uno buscando el número, sino que están unidos en el compromiso por la verdad de Cristo, que entra en este mundo, y de este modo se encuentran también recíprocamente en un verdadero y fecundo ecumenismo”. Toda una lección de humildad, realismo y profundidad cristiana y teológica, útil también para cada persona y grupo humano. ¿Qué sucedería si buscáramos por encima de todo servir a los demás en nuestro trabajo y realizando nuestro deber?


Ramiro Pellitero, Instituto Superior de Ciencias Religiosas, Universidad de Navarra