viernes, 24 de julio de 2015

Noviazgo y matrimonio

Noviazgo y matrimonio
por Juan Ignacio Bañares

Uno de los cometidos más importantes del noviazgo es poder transitar del enamoramiento (la constatación de que alguien origina en uno sentimientos singulares que le inclinan a abrir la intimidad, y que dan a todas las circunstancias y sucesos un color nuevo y distinto: es decir, un fenómeno típicamente afectivo), a un amor más efectivo y libre. Este tránsito se realiza gracias a una profundización en el conocimiento mutuo y a un acto neto de disposición de sí por parte de la propia voluntad.
En esta etapa es importante conocer realmente al otro, y verificar la existencia o inexistencia entre ambos de un entendimiento básico para compartir un proyecto común de vida conyugal y familiar: “que os queráis –aconsejaba san Josemaría-, que os tratéis, que os conozcáis, que os respetéis mutuamente, como si cada uno fuera un tesoro que pertenece al otro"[1].
A la vez, no basta con tratar y conocer más al otro en sí mismo; también hay que detenerse y analizar cómo es la interrelación de los dos. Conviene pensar cómo es y cómo actúa el otro conmigo; cómo soy y cómo actúo yo con él; y cómo es la propia relación en sí.

El noviazgo, una escuela de amor
En efecto, una cosa es cómo es una persona, otra cómo se manifiesta en su trato conmigo (y viceversa), y aún otra distinta cómo es tal relación en sí misma, por ejemplo, si se apoya excesivamente en el sentimiento y en la dependencia afectiva. Como afirma san Josemaría, “el noviazgo debe ser una ocasión de ahondar en el afecto y en el conocimiento mutuo. Es una escuela de amor, inspirada no por el afán de posesión, sino por espíritu de entrega, de comprensión, de respeto, de delicadeza"[2].
Ahondar en el conocimiento mutuo implica hacerse algunas preguntas: qué papel desempeña –y qué consecuencias conlleva– el atractivo físico, qué dedicación mutua existe (tanto de presencia, como de comunicación a través del mundo de las pantallas: teléfono, SMS, Whatsapp, Skype, Twitter, Instagram, Facebook etc.), con quién y cómo nos relacionamos los dos como pareja, y cómo se lleva cada uno con la familia y amigas o amigos del otro, si existen suficientes ámbitos de independencia en la actuación personal de cada uno –o si, por el contrario, faltan ámbitos de actuación conjunta–, la distribución de tiempo de ocio, los motivos de fondo que nos empujan a seguir adelante con la relación, cómo va evolucionando y qué efectos reales produce en cada uno, qué valor da cada uno a la fe en la relación...
Hay que tener en cuenta que, como afirma san Juan Pablo II, “muchos fenómenos negativos que se lamentan hoy en la vida familiar derivan del hecho de que, los jóvenes no sólo pierden de vista la justa jerarquía de valores, sino que, al no poseer ya criterios seguros de comportamiento, no saben cómo afrontar y resolver las nuevas dificultades. La experiencia enseña en cambio que los jóvenes bien preparados para la vida familiar, en general van mejor que los demás"[3].
Lógicamente, importa también conocer la situación real del otro en algunos aspectos que pueden no formar parte directamente de la relación de noviazgo: comportamiento familiar, profesional y social; salud y enfermedades relevantes; equilibrio psíquico; disposición y uso de recursos económicos y proyección de futuro; capacidad de compromiso y honestidad con las obligaciones asumidas; serenidad y ecuanimidad en el planteamiento de las cuestiones o de situaciones difíciles, etc.

Compañeros de viaje
Es oportuno conocer qué tipo de camino deseo recorrer con mi compañero de viaje, en su fase inicial; el noviazgo. Comprobar que vamos alcanzando las marcas adecuadas del sendero, sabiendo que será mi acompañante para la peregrinación de la vida.
Los meeting points (puntos de encuentro) del itinerario se han de ir cumpliendo. Para eso podemos plantear ahora algunas preguntas concretas y prácticas que se refieren no tanto al conocimiento del otro como persona, sino a examinar el estado de la relación de noviazgo en sí misma.
¿Cuánto hemos crecido desde que iniciamos la relación de noviazgo?
¿Cómo nos hemos enriquecido –o empobrecido– en nuestra madurez personal humana y cristiana?
¿Hay equilibrio y proporción en lo que ocupa de cabeza, de tiempo, de corazón?
¿Existe un conocimiento cada vez más profundo y una confianza cada vez mayor?
¿Sabemos bien cuáles son los puntos fuertes y los puntos débiles propios y del otro, y procuramos ayudarnos a sacar lo mejor de cada uno?
¿Sabemos ser a la vez comprensivos –para respetar el modo de ser de cada uno y su particular velocidad de avance en sus esfuerzos y luchas– y exigentes: para no dejarnos acomodar pactando con los defectos de uno y otro?
¿Valoro en más lo positivo en la relación? A este respecto, dice el Papa Francisco: “convertir en algo normal el amor y no el odio, convertir en algo común la ayuda mutua, no la indiferencia o la enemistad".

A la hora de querer y expresar el cariño,
¿tenemos como primer criterio no tanto las manifestaciones sensibles, sino la búsqueda del bien del otro por delante del propio?
¿Existe una cierta madurez afectiva, al menos incoada?
¿Compartimos realmente unos valores fundamentales y existe entendimiento mutuo respecto al plan futuro de matrimonio y familia?
¿Sabemos dialogar sin acalorarnos cuando las opiniones son diversas o aparecen desacuerdos?
¿Somos capaces de distinguir lo importante de lo intrascendente y, en consecuencia, cedemos cuando se trata de detalles sin importancia?
¿Reconocemos los propios errores cuando el otro nos los advierte?
¿Nos damos cuenta de cuándo, en qué y cómo se mete por medio el amor propio o la susceptibilidad?
¿Aprendemos a llevar bien los defectos del otro y a la vez a ayudarle en su lucha?
¿Cuidamos la exclusividad de la relación y evitamos interferencias afectivas difícilmente compatibles con ella?
¿Nos planteamos con frecuencia cómo mejorar nuestro trato y cómo mejorar la relación misma?
El modo de vivir nuestra relación, ¿está íntimamente relacionado con nuestra fe y nuestras virtudes cristianas en todos sus aspectos? 
¿Valoramos el hecho de que el matrimonio es un sacramento, y compartimos su alcance para nuestra vocación cristiana?

Proyecto de vida futura
Los aspectos tratados, es decir, el conocimiento del matrimonio –de lo que significa casarse, y de lo que implica la vida conyugal y familiar derivada de la boda–, el conocimiento del otro en sí y respecto a uno mismo, y el conocimiento de uno mismo y del otro en la relación de noviazgo, pueden ayudar a cada uno a discernir sobre la elección de la persona idónea para la futura unión matrimonial. Obviamente, cada uno dará mayor o menor relevancia a uno u otro aspecto pero, en todo caso, tendrá como base algunos datos objetivos de los que partir en su juicio: recordemos que no se trata de pensar “cuánto le quiero" o “qué bien estamos", sino de decidir acerca de un proyecto común y muy íntimo de la vida futura. El Papa Francisco, al hablar de la familia de Nazaret da una perspectiva nueva que sirve de ejemplo para la familia, y que ayuda al plantearse el compromiso matrimonial: “los caminos de Dios son misteriosos. Lo que allí era importante era la familia. Y eso no era un desperdicio"[5]. No podemos cerrar un contrato con cláusula de éxito con el matrimonio, pero podemos adentrarnos en el misterio, como el de Nazaret, donde construir una comunidad de amor.
Así se pueden detectar a tiempo carencias o posibles dificultades, y se puede poner los medios –sobre todo si parecen importantes– para tratar de resolverlas antes del matrimonio: nunca se debe pensar que el matrimonio es una “barita mágica" que hará desaparecer los problemas. Por eso la sinceridad, la confianza y la comunicación en el noviazgo puede ayudar mucho a decidir de manera adecuada si conviene o no proseguir esa relación concreta con vistas al matrimonio.
Casarse significa querer ser esposos, es decir, querer instaurar la comunidad conyugal con su naturaleza, propiedades y fines: “esta íntima unión, como mutua entrega de dos personas, lo mismo que el bien de los hijos, exigen plena fidelidad conyugal y urgen su indisoluble unidad"[6].
Este acto de voluntad implica a su vez dos decisiones: querer esa unión –la matrimonial–, que procede naturalmente del amor esponsal propio de la persona en cuanto femenina y masculina, y desear establecerla con la persona concreta del otro contrayente. El proceso de elección da lugar a diversas etapas: el encuentro, el enamoramiento, el noviazgo y la decisión de contraer matrimonio. “En nuestros días es más necesaria que nunca la preparación de los jóvenes al matrimonio y a la vida familiar (…). La preparación al matrimonio ha de ser vista y actuada como un proceso gradual y continuo"[7].

[1] San Josemaría, Apuntes tomados de una reunión familiar, 11-2-1975.
[2] San Josemaría, Conversaciones, n. 105.
[3] San Juan Pablo II, Familiaris Consortio, n. 66.
[4] Cfr. Papa Francisco, Audiencia, Nazaret, 17-12-2014
[5]Cfr. Papa Francisco, Audiencia, Nazaret, 17-12-2014
[6] Gaudium et Spes, n. 48

[7] San Juan Pablo II, Familiaris Consortio, n. 66.

jueves, 28 de mayo de 2015

El noviazgo según el Papa Francisco

Texto completo de la catequesis del Papa en la audiencia del miércoles 27 de mayo de 2015

"Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En estas catequesis sobre la familia, hoy quisiera hablar de noviazgo. El noviazgo --se escucha en la palabra (en italiano se dice ‘fidanzamento’ ndr.)-- tiene con ver con la confianza, la confidencia, la fiabilidad. Confianza con la vocación que Dios dona, porque el matrimonio es sobre todo el descubrimiento de una llamada de Dios. Ciertamente es una cosa bella que hoy los jóvenes puedan elegir casarse sobre la base de un amor recíproco.

Pero precisamente la libertad de la unión requiere una consciente armonía en la decisión, no solo un simple entendimiento de la atracción o del sentimiento de un momento, de un tiempo breve. Requiere un camino. El noviazgo, en otros términos, es el tiempo en el que los dos están llamados a hacer un buen trabajo sobre el amor, un trabajo partícipe y compartido, que va a la profundidad.

Se conocen el uno al otro: el hombre entiende a la mujer aprendiendo de esta mujer, su novia; y la mujer entiende del hombre aprendiendo este hombre, su novio. No infravaloremos la importancia de este aprendizaje: es un compromiso bonito, y el amor mismo lo requiere, porque no es solamente una felicidad sin preocupaciones, una emoción encantada… El pasaje bíblico habla de toda la creación como un bonito trabajo del amor de Dios: “Dios miró, así dice el libro del Génesis, todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno”. Solamente al final, Dios “descansó”. De esta imagen entendemos que el amor de Dios, que dio origen al mundo, no fue una decisión improvisada. ¡No!, fue un bonito trabajo. El amor de Dios creó las condiciones concretas de una alianza irrevocable, sólida, destinada a durar.

La alianza de amor entre el hombre y la mujer, alianza para la vida, no se improvisa, no se hace de un día para otro, no hay matrimonio exprés: es necesario trabajar en el amor. Es necesario caminar. La alianza del amor entre el hombre y la mujer se aprende y se afina. Me permito decir, es una alianza artesanal. Hacer de dos vidas una vida sola. Es también casi un milagro. Un milagro de la libertad y del corazón, confiado a la fe.

Tendríamos quizá que comprometernos más en este punto, porque nuestras “coordinadas sentimentales” están un poco confusas. Quien pretende querer todo y enseguida, cede también todo --y enseguida-- a la primera dificultad, o a la primera ocasión. No hay esperanza por la confianza y la felicidad del don de sí, si prevalece la costumbre de consumar el amor como una especia de “integrador” del bienestar psico-físico. ¡El amor no es esto! El noviazgo se centra en la voluntad de cuidar juntos algo que nunca deberá ser comprado o vendido, traicionado o abandonado, por tentadora que pueda resultar la oferta.

También Dios, cuando habla de la alianza con su pueblo lo hace, algunas veces en la Biblia, en términos de noviazgo. En el libro de Jeremías, hablando al Pueblo cómo se había alejado de Él, dice así en el capítulo 2. ‘Yo recuerdo el tiempo de tu juventud, el tiempo de tu noviazgo’ Cuando el Pueblo era la novia de Dios y Dios ha hecho este recorrido de noviazgo.

Hace también una promesa, lo hemos oído, ahí, al inicio de la audiencia en el libro de Oseas. ‘Te haré mi esposa para siempre,  y te daré como dote el derecho y la justicia, en  el amor y la compasión. Te daré como dote mi fidelidad, y entonces conocerás al Señor’ . Es un largo recorrido que el Señor hace con su Pueblo en este camino de noviazgo. Al final Dios se casa con su Pueblo, en Jesucristo, se casa en Jesús con la Iglesia, el Pueblo de Dios es la esposa de Jesús.

Pero cuánto camino, y vosotros italianos, en vuestra literatura, tenéis una obra maestra sobre el noviazgo. Es necesario que los jóvenes lo conozcan, lo lean. Es una obra maestra donde se cuenta la historia de los novios que han sufrido mucho dolor, han hecho un camino de muchas dificultades hasta llegar al final, al matrimonio. Pero no dejéis de lado esta obra maestra sobre el noviazgo que la literatura italiana os ha ofrecido. Es necesario ir adelante, leerlo y ver la belleza, también el sufrimiento, pero la fidelidad de los novios. (se refiere a I promessi sposi de Alessandro Manzoni)

La Iglesia, en su sabiduría, cuida la distinción entre el ser novios y ser esposos, precisamente en vista de la delicadeza y la profundidad de esta verificación. Estemos atentos a no despreciar a la ligera esta sabia enseñanza, que se nutre también de la experiencia del amor conyugal felizmente vivido. Los símbolos fuertes del cuerpo conservan las claves del alma: no podemos tratar los vínculos de la carne con ligereza, sin abrir alguna herida duradera en el espíritu. (1 Cor 6,15-20).

Cierto, la cultura y la sociedad de ahora se han convertido lamentablemente indiferentes a la delicadeza y a la seriedad de este pasaje. Y por otro lado, no se puede decir que sean generosos con los jóvenes que tienen serias intenciones de formar una familia y a traer hijos al mundo. Es más, a menudo ponen mil obstáculos, mentales y prácticos.

El noviazgo es un recorrido de vida, que debe madurar, como la fruta. Es un camino de maduración, el amor. Hasta el momento en el que se convierte precisamente en matrimonio. Los cursos prematrimoniales son una expresión especial de la preparación. Y nosotros vemos muchas parejas, que quizá llegan al curso un poco sin ganas. ‘Estos sacerdotes nos obligan a hacer este curso, pero ¿por qué? Nosotros ya sabemos...’ Lo hacen sin ganas. Pero después están contentos y dan las gracias, porque de hecho han encontrado allí una ocasión --a menudo la única-- para reflexionar sobre su experiencia en términos no banales.

Sí, muchas parejas están juntos desde hace mucho tiempo, quizá también en la intimidad, a veces viviendo juntos, pero no se conocen verdaderamente. Parece extraño, pero la experiencia demuestra que es así. Por eso, se debe revalorar el noviazgo como tiempo de conocimiento recíproco y de compartir un proyecto.

El camino de preparación al matrimonio viene configurado en esta perspectiva, valiéndose también del testimonio simple pero intenso de los cónyuges cristianos. Y dirigiéndose también aquí sobre lo esencial: la Biblia, de redescubrir juntos, de forma consciente; la oración en su dimensión litúrgica, pero también esa oración ‘doméstica’, de vivir en familia. Los sacramentos, la vida sacramental, la confesión, la comunión... El Señor viene a vivir en los novios y les prepara para recibirles verdaderamente el uno con el otro con la gracia de Cristo; y a la fraternidad con los pobres y con los necesitados, que nos invitan a la sobriedad y a compartir. Los novios que se comprometen en esto, ambos, esto lleva a preparar una bonita celebración del matrimonio. De forma distinta, no mundana, sino de forma cristiana.

Pensemos en estas palabras de Dios que hemos escuchado cuando Él habla a su pueblo, como el novio a la novia. ‘Te haré mi esposa para siempre,  y te daré como dote el derecho y la justicia, en el amor y la compasión. Te daré como dote mi fidelidad, y entonces conocerás al Señor’.

Cada pareja de novios piense en esto y diga el uno al otro ‘te haré mi esposa, te haré mi esposo, espero ese momento’. Es un momento, es un recorrido que va despacio hacia adelante y que  es un recorrido de maduración. No deben quemarse las etapas del camino. La maduración se hace así, paso a paso.
El tiempo del noviazgo puede convertirse de verdad en un tiempo de iniciación, ¿a qué? a la sorpresa, a la sorpresa de los dones espirituales con los cuales el Señor, a través de la Iglesia, enriquece el horizonte de la nueva familia que se dispone a vivir en su bendición.

Ahora, invito a rezar a la Sagrada Familia de Nazaret, Jesús, José y María. Rezar para que la familia tenga este camino de preparación. Y rezar por los novios. Rezamos a la Virgen todos juntos, un Ave María por todos los novios para que puedan entender la belleza de este camino hacia el matrimonio. Ave María… "


sábado, 29 de noviembre de 2014

La preparación al matrimonio

La preparación al matrimonio requerirá más tiempo

Mejorar la preparación al matrimonio y el acompañamiento de los recién casados son dos de las propuestas estrellas del Sínodo sobre la familia. Frente a la modalidad de los cursos exprés de fin de semana, se extiende la idea de que junto a la preparación inmediata para la boda hace falta una más profunda orientada a consolidar la fe de los novios, así como sus planteamientos antropológicos y su comprensión del matrimonio. Esta sería la mejor medicina preventiva frente al problema de los católicos divorciados.
El documento final de la Asamblea general extraordinaria del Sínodo, celebrada del 5 al 19 de octubre, esboza en dos de sus proposiciones más respaldadas una línea de avance en la pastoral familiar: el punto nº 39, aprobado con 176 votos positivos frente a 4 negativos, destaca que los programas específicos de preparación para el matrimonio vayan acompañados de una “genuina experiencia de participación en la vida eclesial”.
Unido a lo anterior, el punto nº 40 (179 votos positivos frente a uno negativo) insiste en que en los años iniciales del matrimonio, los casados cuenten con el apoyo de otros matrimonios con experiencia que les orienten en las “necesidades concretas” de esos años.
Ambas propuestas, que habrá de concretar la Asamblea ordinaria del Sínodo sobre la familia previsto para 2015, van en la línea de las recomendaciones hechas por Juan Pablo II en la exhortación apostólica Familiaris consortio (1981). El “Papa de la familia”, como lo denominó el Papa Francisco en la homilía de su canonización, subrayó en ese documento que “la Iglesia debe promover programas mejores y más intensos de preparación al matrimonio” (nº 66) así como una “pastoral postmatrimonial” (nº 69), sobre todo entre las familias jóvenes.
Reforzar la preparación al matrimonio ha sido una propuesta unánime en el Sínodo de Obispos sobre la familia

Un proceso gradual y continuo

La Familiaris consortio concibe la preparación al matrimonio como “un proceso gradual y continuo”, con tres fases: lapreparación remota a niños, adolescentes y jóvenes, que va orientada a forjar el carácter y a educar en la visión de la vida como vocación al amor; la preparación próxima a quienes ya están prometidos, “a fin de que el sacramento sea celebrado y vivido con las debidas disposiciones morales y espirituales”, y que incluye la formación en diversos aspectos de la vida familiar; y la preparación inmediata, justo antes de la boda.
Benedicto XVI se refirió expresamente a estas tres etapas en un discurso de 2010 a la asamblea plenaria del Pontificio Consejo para la Familia. Y volvió a mencionarlas en su discurso a la Rota romana, en 2011. En esa ocasión recordó, además, que el cuidado pastoral de los novios pasa por “la verificación previa de sus convicciones sobre los compromisos irrenunciables para la validez del sacramento del matrimonio” (cfr. Aceprensa, 24-01-2011).
En la misma línea, el Papa Francisco subrayó hace unos días la necesidad de alargar el tiempo de preparación al matrimonio: “No se puede preparar novios al matrimonio con dos encuentros, con dos conferencias”, dijo al responder a una pregunta en la audiencia con el movimiento Schoenstatt. “La preparación al matrimonio tiene que venir de muy lejos (…) Muchos no saben lo que hacen, y se casan sin saber qué significa, las condiciones, qué prometen”.
El Consejo Pontificio para la Familia está elaborando un vademécum sobre la preparación al matrimonio

Un vademécum en preparación

Como se ve, el largo proceso de discernimiento y de formación propuesto por los tres últimos papas dista mucho de parecerse a los cursos exprés de fin de semana a los que hoy asisten muchos novios cristianos.
Para corregir esta situación, el Pontificio Consejo para la Familia está elaborando un vademécum sobre la preparación al matrimonio. El primer borrador estaba listo en 2010 pero, según explica el secretario del Consejo, mons. Jean Laffitte, se decidió posponerlo para recoger las experiencias de distintas Conferencias episcopales del mundo. En estos momentos se está traduciendo a varias lenguas, para su próxima publicación.
En España, la preparación al matrimonio fue una de las líneas de mejora que marcó a las diócesis la Conferencia episcopal en el documento La verdad del amor humano, publicado en 2012 (cfr. Aceprensa, 5-07-2012).
Citando el Directorio de la Pastoral Familiar de la Iglesia en España (2003), el documento recomienda crear “unositinerarios de fe en los que, de manera gradual y progresiva, se acompañará a los que se preparan para el matrimonio. En ningún caso se pueden reducir a la transmisión de unas verdades, sino que debe consistir en una verdadera formación integral de las personas en un crecimiento humano, que comprende la maduración en las virtudes humanas, en la fe, la oración, la vida litúrgica, el compromiso eclesial y social, etc”.
“No se puede preparar a los novios para el matrimonio con dos conferencias” (Papa Francisco)
Aunque no faltan cursos prematrimoniales organizados por parroquias, movimientos y asociaciones católicas que van en esa línea –por ejemplo, en la parroquia de Nuestra Señora del Buen Suceso, en Madrid, se imparten cursos de tres meses; una duración parecida tienen los de Eduvida, vinculados a Schoensttat, o Gift & Task– prevalecen los que recurren a la modalidad intensiva. En la archidiócesis de Madrid, la oferta va desde los cursos de fin de semana hasta los de cinco días (de lunes a sábado).

Educación sexual antimatrimonio

En un reciente artículo publicado en Public Discourse, la estadounidense Cassandra Hough –fundadora de Love&FidelityNetwok, una organización que promueve la educación para el matrimonio– menciona las conclusiones de dos estudios que muestran los beneficios que suelen traer estos cursos prematrimoniales. En general, las parejas que asisten a esos programas los encuentran útiles.
La propia Hough cuenta que cuando su marido y ella se prometieron, asistieron a un curso prematrimonial que les sirvió para prepararse. Ahora bien, es consciente de que su preparación comenzó muchos años antes: “Y esto es válido para la mayoría de hombres y mujeres, para bien o para mal. Cuando una pareja se compromete, lo hace con un bagaje de ideas y experiencias sobre la intimidad en las relaciones que configuran su comprensión y sus expectativas del matrimonio”.
“Cuando una pareja se compromete, lo hace con un bagaje de ideas y experiencias que configuran sus expectativas del matrimonio” (Cassandra Hough)
Esto les lleva a preguntarse hasta qué punto la educación sexual que hoy se imparte en las escuelas de EE.UU. ayuda o perjudica la preparación al matrimonio. Tras analizar varios programas constata que muchos de ellos promueven el uso del condón y conductas de experimentación sexual alternativas a las relaciones completas como una forma de reducir el riesgo de embarazos entre adolescentes. Lo que termina agravando el problema, pues en ese clima erotizado son más frecuentes las relaciones sexuales entre jóvenes.
Aunque estos programas se presentan como iniciativas a favor de la “salud” sexual, lo cierto es que ni siquiera se ocupan de los efectos emocionales ni psicólogos del sexo antes del matrimonio ni de la promiscuidad sexual. Más que educar, dice Hough, lo que pretenden es “mover a la sociedad en una cierta dirección. Y en esa dirección no interesa que haya muchos matrimonios sólidos y saludables”.
La banalización del sexo a que incitan estos programas ha terminado por favorecer entre los jóvenes una cultura delhookup, donde lo que se lleva son los encuentros efímeros con sucesivas parejas sexuales y sin compromiso emocional. De ahí que Hough califique a estos programas de “decididamente antimatrimonio”.
Aunque el matrimonio puede estar lejos del horizonte de un chaval de 12 o incluso de 20 años, estos programas “no les hacen ningún favor, pues les entrenan durante años en actitudes y comportamientos que debilitan sus probabilidades de tener éxito en su futuro matrimonio”.
Por el contrario, concluye, es la educación en la castidad la que mejor puede preparar a una generación a afrontar la vida matrimonial. Esta “permite comprender y apreciar esa relación única que es el matrimonio, y ayuda a cultivar hábitos que apoyan directamente la fidelidad matrimonial y el amor generoso”.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Reflexiones sobre el Sínodo Extraordinario sobre la Familia


El deseo de formar familia sigue vivo, pese a los obstáculos de una época que consagra el individualismo. La Iglesia, en este contexto, debe estar lista para acompañar tanto a quienes desean unirse en matrimonio sacramental, como a quienes viven en situaciones donde aún no se alcanza esa plenitud. Así lo refleja la Relatio Synodi, el documento final del Sínodo Extraordinario sobre la Familia, que fue votado el sábado 19 de octubre punto por punto por los obispos participantes.
El documento, que consta de tres partes y 62 puntos, será enviado a las Conferencias Episcopales, con vistas a preparar el Sínodo Ordinario sobre la Familia, que se celebrará en octubre de 2015. Su función es “proponer cuestiones e indicar perspectivas que deben ser maduradas en las Iglesias locales durante el año que falta hasta el Sínodo”.

El contexto sociocultural

Los padres sinodales realizan en la primera parte un diagnóstico del contexto sociocultural en el que se plantean hoy los problemas de la familia. Señalan las ventajas de que existan, al menos en algunas regiones del mundo, una amplia libertad de expresión y el reconocimiento de los derechos de mujeres y niños. Sin embargo, a lo positivo contraponen “el creciente peligro de un individualismo exacerbado que desnaturaliza los vínculos familiares y termina por considerar a cada miembro de la familia como una isla”. A este se añade “la crisis de fe que ha afectado a tantos católicos y que a menudo está en el origen de la crisis del matrimonio y de la familia”.
Según los contextos culturales y religiosos, aparecen otros problemas: la práctica de la poligamia, la costumbre del “matrimonio por etapas”, los matrimonios arreglados entre familias, los matrimonios entre cónyuges de distinta fe, o la difusión de la cohabitación que precede al matrimonio o de convivencias que no están orientadas a asumir un vínculo formal. A esto hay que añadir a menudo una legislación civil que pone en peligro el matrimonio y la familia.
Muchas veces estas situaciones repercuten en los hijos, que nacen fuera del matrimonio, o son víctimas de la separación de los padres o se convierten en objeto de disputa. También en muchos contextos “la mujer es discriminada e incluso el don de la maternidad es a menudo penalizado en vez de ser presentado como un valor positivo”.
Dentro del contexto sociocultural, los obispos subrayan también la cuestión de la fragilidad afectiva: “una afectividad narcisista, inestable y cambiante”. En este contexto, “las parejas están a veces inciertas, dubitativas y les cuesta encontrar los modos para crecer”. “Muchos tienden a quedarse en los primeros estadios de la vida emocional y sexual”.
Además, la sensación de impotencia ante las dificultades económicas, la inseguridad laboral, y el abandono y la falta de atención por parte de las instituciones, están incidiendo en una crisis demográfica, motivada por el descenso de la natalidad, lo que debilita el tejido social y hace peligrar la relación intergeneracional.

El necesario ejemplo de los casados

En este contexto, la Iglesia siente la necesidad de revalidar la vigencia del matrimonio cristiano como continuación del matrimonio natural. Cristo le devuelve su forma original, otorgando a los cónyuges la gracia para testimoniar el amor de Dios y vivir la vida de comunión.
Por ello, en la segunda parte del documento, los padres sinodales subrayan que “la indisolubilidad del matrimonio no debe entenderse como un yugo impuesto a los hombres, sino como un don hecho a las personas unidas en matrimonio”: el del acompañamiento de la gracia, que sana y transforma los corazones endurecidos. “Dios consagra el amor de los esposos y confirma su indisolubilidad, ofreciéndoles su ayuda para vivir la fidelidad, la integración recíproca y la apertura a la vida”, señalan.
Al mismo tempo que se alegran con las familias que siguen fieles a las enseñanzas del Evangelio, los obispos manifiestan también su preocupación por las familias “heridas y frágiles”. La Iglesia, “aun reconociendo que para los bautizados no hay más vínculo matrimonial que el sacramental, y que toda ruptura de él va contra la voluntad de Dios”, quiere también “acompañar con misericordia y paciencia las posibles etapas de crecimiento” de las personas frágiles que encuentran dificultades en el camino de la fe.
Entre estas se encuentran los que solo han contraído matrimonio civil, los divorciados vueltos a casar, o los que simplemente conviven. Por eso los obispos advierten que “una dimensión nueva de la pastoral familiar actual consiste en prestar atención a la realidad de los matrimonios civiles entre hombre y mujer, de los matrimonios tradicionales y, atendiendo a las debidas diferencias, también de la cohabitación. Cuando la unión alcanza una notable estabilidad a través de un vínculo público, cuando se caracteriza por un afecto profundo, por la responsabilidad hacia los hijos, por la capacidad de superar las pruebas, puede ser vista como una ocasión que debe ser acompañada en su desarrollo hacia el sacramento del matrimonio”.
La Iglesia debe acompañar con misericordia a sus hijos más frágiles. Pero “consciente de que la misericordia más grande es decir la verdad con amor, vayamos más allá de la compasión”. El amor misericordioso “invita a la conversión”, así como Cristo no condena a la mujer adúltera, pero la invita a la conversión.

La ayuda de otros matrimonios

En su parte tercera el documento aborda las perspectivas pastorales para afrontar estas tareas.
De una parte, se subraya la necesidad de mejorar los programas específicos de preparación para el matrimonio, que partan de una genuina experiencia de participación en la vida eclesial, así como la de acompañar a las parejas que atraviesan dificultades en su vida matrimonial, y a los recién casados, a quienes matrimonios con mayor experiencia pueden servir a apoyo.
De hecho, advierten que “sin el testimonio gozoso de las parejas casadas y las familias (…) la proclamación, incluso si es correcta, es probable que sea incomprendida o que se ahogue en el mar de palabras que caracteriza a nuestra sociedad”. Por eso los obispos insisten en que las familias católicas “en virtud de la gracia del sacramento nupcial están llamadas a ser sujetos activos de la pastoral familiar”.

Atención a los divorciados

El apoyo y la escucha atenta también han de dirigirse a los cónyuges separados, a los divorciados, a los abandonados. La Iglesia repara en todos aquellos que han sido objeto de injusticias, como en quienes han debido tomar distancia del cónyuge por los malos tratos que han hecho imposible continuar la convivencia.
A ellos, el Sínodo les invita a hacer un camino hacia el perdón por medio de la gracia, sabiendo que perdonar una grave injusticia no es fácil, al tiempo que plantea la necesidad de un ministerio de la reconciliación y la mediación a través de centros de asesoramiento especializados que se establecerán en la diócesis.
Asimismo, dedican especial atención al acompañamiento pastoral que ha de darse a las familias monoparentales, con énfasis en aquellas formadas por mujeres que llevan solas la responsabilidad del hogar y la crianza de los hijos.
En cuanto a estos últimos, se subraya que no pueden convertirse en modo alguno en “objeto” de disputas entre sus progenitores divorciados, sino que debe ayudárseles a superar el trauma de la separación y a crecer de modo sereno.
Por otra parte, el texto recomienda un “atento discernimiento” y un acompañamiento a los divorciados vueltos a casar. Se les ha de animar a participar activamente en la vida de la comunidad cristiana, sin que ello represente una cesión del principio de la indisolubilidad matrimonial.

Los puntos no aprobados

Uno de los aspectos sobre los que no se alcanzó consenso tocó precisamente el acceso o no de los divorciados vueltos a casar a los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía.
El texto constata que diversos padres “han insistido a favor de la disciplina actual, como consecuencia de la relación constitutiva entre la participación en la Eucaristía y la comunión con la Iglesia y su enseñanza sobre la indisolubilidad del matrimonio”. Otros se han manifestado a favor de que en algunas situaciones particulares, sobre todo cuando se trata de casos irreversibles y cuando hay obligaciones hacia los hijos, los divorciados vueltos a casar puedan participar en los sacramentos, después de una etapa penitencial.
Esta proposición –la nº 52– fue en la que hubo más discrepancia: 104 votos positivos frente a 74 negativos, con lo que no se cumplió el requisito de los dos tercios para su aprobación. Pero no se puede saber si los votos negativos proceden de los que piensan que se concede demasiado o más bien poco.
Otro punto de controversia fue el relacionado con la atención pastoral concreta a los homosexuales en la comunidad cristiana. El texto afirma, en consonancia con el Catecismo de la Iglesia Católica, que estas personas “deben ser acogidas con respeto y delicadeza”. Pero a la vez recuerda que “no existe fundamento alguno para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el plan de Dios sobre el matrimonio y la familia”. Se observa que ha desaparecido de la relación final alguna frase que aparecía en el documento de trabajo tras el primer debate, y que había sido criticada en los círculos menores por no reflejar bien la discusión. En cualquier caso, tampoco este texto obtuvo la suficiente aprobación (118 votos a favor y 62 en contra).
Los prelados alertaron, además, acerca de las presiones “totalmente inaceptables” que los pastores están recibiendo en este asunto, así como de la creciente tendencia de los organismos internacionales a condicionar la ayuda financiera a los países pobres a la introducción de leyes a favor del “matrimonio” homosexual.

La transmisión de la vida

Finalmente, los padres sinodales se refieren a la transmisión de la vida en la familia, y detectan la difusión de una mentalidad que ve a los hijos simplemente como “una variable del proyecto individual o de la pareja”. En cambio, la Iglesia recuerda que “la apertura a la vida es exigencia intrínseca del amor conyugal”, y apoya a las familias que acogen a un hijo discapacitado o que adoptan a niños huérfanos y abandonados.
Al referirse a la natalidad, el texto invita a “redescubrir el mensaje de la encíclica Humanae vitae de Pablo VI, que subraya la necesidad de respetar la dignidad de la persona en la valoración de los métodos de regulación de la natalidad”. También menciona a este respecto que la adecuada enseñanza de los métodos naturales “ayuda a vivir de manera armoniosa y responsable la comunión entre los esposos, en todas sus dimensiones, junto a la responsabilidad generativa”.
El Sínodo ha querido publicar también las votaciones sobre cada uno de los 62 números de la Relación. Esto permite observar que la unidad de criterios es mucho mayor de la que a veces se ha transmitido en las informaciones de la prensa. Casi todos los puntos han sido aprobados por amplias mayorías, superiores a los dos tercios. Donde se ha dado más disparidad de criterios es en los puntos que se refieren a la pastoral con los que viven en matrimonios civiles o en cohabitación, el acceso a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar y la acogida de las personas de orientación homosexual.

Las “tentaciones” del Sínodo

En su discurso al término de la última sesión del Sínodo, el Papa dijo que las intervenciones en el Sínodo se han sucedido “sin poner nunca en discusión las verdades fundamentales del sacramento del matrimonio: la indisolubilidad, la unidad, la fidelidad y la apertura a la vida”.
Los debates sobre distintos temas, añadió Francisco, no deben tomarse como signo de división o motivo de inquietud. “Tantos comentaristas, o gente que habla, han creído ver una Iglesia en litigio, donde una parte está contra la otra, hasta dudar del Espíritu Santo, el verdadero promotor y garante de la unidad y de la armonía en la Iglesia”.
En las reflexiones del Sínodo pueden interponerse distintas “tentaciones”. Una, dijo el Papa, es la “rigidez hostil”: “querer encerrarse en lo escrito (la letra) y no dejarse sorprender por Dios, por el Dios de las sorpresas (el espíritu); es la tentación de los hoy llamados “tradicionalistas”. Otra es la del “buenismo destructivo, que en nombre de una misericordia engañosa venda las heridas sin antes curarlas y aplicarles medicina”: es propia de los “progresistas y liberales”. Está además la tentación de “descender de la cruz, para contentar a la gente”, de “acomodarse al espíritu mundano en vez de purificarlo y acomodarlo al Espíritu de Dios”.
Pero son dificultades normales, y “era necesario vivir todo esto con tranquilidad, con paz interior, también porque el Sínodo de desarrolla cum Petro et sub Petro, y la presencia del Papa es garantía para todos”. Así, “la Iglesia es de Cristo (…) y todos los obispos, en comunión con el Sucesor de Pedro, tienen el cometido y el deber de custodiarla y servirla, no como amos sino como servidores. El Papa, en este contexto, no es el señor supremo sino más bien el supremo servidor: el servus servorum Dei, el garante de la obediencia y de la conformidad de la Iglesia a la voluntad de Dios, al Evangelio de Cristo y a la Tradición de la Iglesia, dejando a un lado todo criterio personal, siendo a la vez –por voluntad de Cristo mismo– el ‘Pastor y Maestro supremo de todos los fieles’ (Código de Derecho Canónico, can. 749)”.

sábado, 25 de octubre de 2014

Los problemas de la economía alemana

Los males ocultos de la economía alemana

Los países europeos descontentos con la amarga medicina de austeridad que receta la doctora Merkel tienen ahora un abogado en Alemania misma. Marcel Fratzscher, presidente del Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW), hace una seria advertencia al gobierno en su libro Die Deutschland-Illusion, para que rectifique el rumbo.
Una versión de este artículo se publicó en el servicio impreso 78/14

[Actualizado el 10-10-2014]
El aviso ha caído bien en la mitad izquierda del ejecutivo. En la presentación de la obra, el pasado 19 de septiembre, el autor estuvo acompañado por el ministro de Economía, el socialdemócrata Sigmar Gabriel, que la calificó de “lectura obligatoria”. Pero la mitad derecha no daba muestras de cambiar de política.
En Alemania el crecimiento del PIB y de los salarios es inferior a la media de la zona euro, y la expansión del empleo esconde un aumento del trabajo precario o de jornada parcial
Fratzscher, economista de 43 años con experiencia internacional (trabajó en el Banco Central Europeo [BCE], en Harvard y en el Banco Mundial), quiere sacar a los alemanes de la complacencia en sus logros y de su exceso de confianza. La “ilusión” en que viven, dice, se basa en tres méritos que les han permitido resistir firmes a la crisis. Son: la reforma laboral de la década anterior, que al flexibilizar el mercado trajo un aumento del empleo; las abundantes exportaciones de la competitiva industria nacional, y el equilibrio presupuestario, tan distinto del irresponsable endeudamiento de los países rescatados. Moraleja: si los vecinos en apuros quieren salir a flote, habrán de someterse a la misma dolorosa cura, y no quedarse esperando a que Alemania les saque las castañas del fuego.

Síntomas preocupantes

Pero, según Fratzscher, Alemania no va tan bien como parece. Presenta síntomas preocupantes: tres años creciendo menos del 1%, incluidos tres trimestres bajo cero (–0,6% es el dato más reciente); salarios casi estancados, más cortos que a principios del siglo para dos de cada tres trabajadores. En esos dos capítulos, Alemania está por debajo de la media de la zona euro. ¿Qué ocurre entonces?
El economista Marcel Fratzscher recomienda aumentar el gasto público y la inversión privada, y liberalizar los servicios
Fratzscher explica que los éxitos alemanes son notables, pero tienen un lado oscuro. La reforma laboral redujo el paro, pero a costa de aumentar los empleos de dedicación parcial o precarios. Así, aunque en 2013 había 4 millones más de personas empleadas que en 2005, las horas de trabajo totales subieron muy poco, y en proporción, bajaron de 1.431 a 1.388 por trabajador y año. La potencia exportadora no se debe a que haya subido la productividad, sino a que Alemania vende ahora más barato, gracias a los costos salariales contenidos y al euro. Y el déficit presupuestario se ha reducido, sobre todo, porque con dos millones menos de parados que en 2005 se recaudan más impuestos.
Después de bajar los humos a sus compatriotas, Fratzscher señala el que, a su juicio, es el problema de fondo de la economía alemana: la falta de inversión y un ahorro desproporcionado. Las inversiones han bajado del 23% al 17% del PIB de los años noventa a hoy. La inversión pública, equivalente al 1,6% del PIB, está bastante por debajo de la media de la UE, que es el 2,2%. Muestra de ello es el mal estado de las otrora ejemplares infraestructuras alemanas, decía hace poco Der Spiegel.

Menos austeridad

Contra eso, Fratzscher recomienda lo mismo que piden los gobiernos europeos opuestos a continuar la cura de austeridad: aumentar el gasto público, aun a costa de más déficit. También el FMI lo ha dicho esta semana, al revisar a la baja la previsión de crecimiento de la zona euro, porque ve peligro de vuelta a la recesión. Y el presidente del BCE, Mario Draghi, ha repetido el mismo mensaje porque teme una deflación a la japonesa. Fratzscher añade que el gobierno alemán debería estimular la inversión privada, porque el bajo nivel actual impide que aumente la productividad. En cambio, si los alemanes, en vez de ahorrar tanto y colocar tanto dinero fuera, invirtieran más en su propio país, obtendrían mayores réditos e impulsarían el crecimiento. Otra parte del actual ahorro se debería gastar en importar más de los países vecinos, que es una manera de mover la economía propia y a la vez un beneficio para los socios.
Finalmente, hay que liberalizar el sector servicios, poco productivo y competitivo, porque en una parte importante está sometido a organizaciones gremiales y a regulaciones proteccionistas.
Las tesis de Fratzscher han provocado una viva discusión. El 20 de septiembre, la canciller Angela Merkel, como dándose por aludida, dijo en su alocución semanal que para crecer hay que invertir. Pero Fratzscher reprocha al gobierno que emprenda un plan de infraestructuras y no apoye la misma política en Francia o Italia.
En estos y otros países hay un conato de rebelión contra las prescripciones alemanas. El primer ministro francés, Manuel Valls, ha anunciado un “presupuesto anti-austeridad”. En cambio, el ministro de finanzas alemán, el democristiano Wolfgang Schäuble, insiste en bajar el déficit, lo que para Fratzscher es “un objetivo muy extraño en las presentes circunstancias”.
[Añadido el 10-10-2014:]
Por fin, el 9 de octubre, Merkel hizo la primera insinuación de que podría haber un cambio de política. El mismo día, la Agencia Estadística Federal había añadido uno más a la reciente serie de datos inquietantes: en agosto pasado, las exportaciones alemanas bajaron un 5,8% con respecto al mes anterior, el mayor descenso desde 2009. La canciller, tras reconocer el empeoramiento de las previsiones económicas, anunció que el gobierno se está planteando estimular las inversiones, especialmente en los sectores digital y energético. Tal declaración, aunque se considera muy significativa, no supone una renuncia formal al principio de no aumentar el déficit. No se sabe si para moderar expectativas, Schäuble, que estaba en Washington, dijo también el día 9 que “extender cheques” no es la manera de impulsar el crecimiento de la zona euro.

jueves, 17 de julio de 2014

Verdades innegociables

Verdades innegociables en una cultura relativista
       Aceprensa     JUAN MESEGUER
            7.JUL.2014

¿Qué tienen en común la lucha por la abolición de la esclavitud, el movimiento por los derechos civiles de los negros, la defensa del no nacido y del matrimonio, y la libertad religiosa? La convicción de que existen unas verdades intocables, pues de ellas depende la calidad ética de la sociedad. Así lo explica en un libro Sheila Liaugminas, periodista de Chicago, ganadora de un premio Emmy y colaboradora de MercatorNet (1).
¿De dónde le vino a Abraham Lincoln la autoridad para decir que el derecho a elegir tener esclavos es inmoral? Al fin y al cabo, las leyes del país lo permitían. ¿Y de dónde le vino a Martin Luther King la autoridad para liderar un movimiento que reclamaba nuevos derechos civiles para los negros? Al fin y al cabo, la segregación era legal. ¿Y de dónde le vino a Naciones Unidas la autoridad moral para pedir el reconocimiento de unos derechos humanos en una declaración internacional, a pesar de que algunos Estados miembros los estaban vulnerando?
De los primeros principios, contesta Liaugminas. Principios que están enraizados en la naturaleza humana y que, a través de la razón, permiten descubrir una serie de derechos que son intrínsecos a toda persona pues derivan de la dignidad humana.
El problema es que la cultura actual, marcada por el relativismo, está perdiendo la coherencia intelectual. Y así, no es extraño encontrarse con activistas a los “que les gusta subirse a hombros de Martin Luther King”, pero que “no están dispuestos a llevar hasta las últimas consecuencias sus enseñanzas sobre la justicia y la verdad de los derechos humanos”.
El movimiento civil de nuestros días

Liaugminas explica cómo la retórica de Luther King sobre las leyes injustas y la igual dignidad de todos los seres humanos encontró continuidad en el movimiento provida que surgió en Estados Unidos tras la legalización del aborto, con la sentencia Roe v. Wade de 1973.
Este mensaje ha ido calando en las generaciones más jóvenes, que hoy tienden a ver el debate sobre el aborto en términos de justicia antes que de liberación: dado que el feto es un ser humano vivo (independientemente de que sea deseado o no), el aborto es una injusticia radical que nos afecta a todos y a la que hemos de poner fin (cfr. Aceprensa, 22-01-2013).
Alveda King, sobrina de Luther King, lleva años insistiendo en que el sueño de su tío abarca también a los concebidos no nacidos. Y denuncia el doble rasero con que se juzga ahora la discriminación: “Muchos de nosotros hablamos de tolerancia y de inclusión, pero después nos negamos a ser tolerantes e inclusivos con los más débiles e inocentes de la familia humana”.
El fallecido Richard John Neuhaus, un referente intelectual del catolicismo norteamericano, también sostuvo que la lucha contra el aborto es el movimiento civil de nuestros días. Como recuerda Liaugminas, el propio Neuhaus participó el 28 de agosto de 1963 en la gran Marcha a Washington para reclamar el fin de la discriminación contra los negros, lo que le permitió hacer de puente entre los dos movimientos.
La Declaración de Manhattan proclama como “verdades innegociables” la sacralidad de la vida humana; el matrimonio entre hombre y mujer; y los derechos de conciencia y de libertad religiosa
Precisamente a Neuhaus, que fue pastor luterano y activista político de izquierdas antes de convertirse al catolicismo y ordenarse sacerdote, se le considera el artífice de la alianza que poco a poco han ido creando los evangélicos y los católicos estadounidenses en los debates públicos sobre cuestiones éticas y sociales (cfr. Aceprensa, 12-01-2009).
Un núcleo de principios intocables

A finales de 2009, unos meses después de la muerte de Neuhaus, unos 150 líderes religiosos de las principales confesiones cristianas de EE.UU. presentaron la Declaración de Manhattan para explicar que hay un núcleo de principios intocables que están por encima de la división izquierda-derecha (cfr. Aceprensa, 3-12-2009).
El manifiesto proclama como “verdades innegociables” –no solo como convicciones de los creyentes– la sacralidad de la vida humana desde el momento de la concepción hasta la muerte natural; el reconocimiento del matrimonio como unión entre hombre y mujer; y los derechos de conciencia y de libertad religiosa.
También Benedicto XVI había animado a los católicos a ser consecuentes a la hora de defender en la vida pública unos “principios innegociables”, que en buena parte coinciden con los de la Declaración de Manhattan (cfr. Discurso del 30-06-2006). No era esta una postura confesional, pues son principios que “están inscritos en la misma naturaleza humana y, por tanto, son comunes a toda la humanidad”, decía entonces el papa.
Son precisamente las decisiones sobre estas cuestiones las que configuran la calidad ética de una sociedad. Aquí no valen las etiquetas políticas “izquierda”, “derecha”, “progresista”, “conservador”… “En el centro de estos principios está la dignidad humana”, explica Liaugminas. “Así que, puestos a buscar etiquetas, tendríamos que ponernos la de ‘defensores de la dignidad’”.
Cuando el lenguaje distorsiona la realidad

El desacuerdo en torno a ese núcleo de principios innegociables puede explicarse, a juicio de Liaugminas, por la “dictadura del relativismo” denunciada por Benedicto XVI. Si negamos la posibilidad de una verdad objetiva y universal, entramos en el terreno de la pura arbitrariedad donde cualquier cosa puede ser justificada.
Liaugminas explica, con palabras de Josef Pieper, que en una cultura relativista la gente no solo es incapaz de encontrar la verdad sino que además no se preocupa de buscarla. “Ya no se busca lo real, porque la ficción satisface y basta la perfecta ficción de la realidad, creada mediante un abuso deliberado del lenguaje”.
Hoy se ha impuesto un lenguaje sobre los derechos, basado en la autonomía individual, que enmascara con eufemismos los verdaderos derechos y deberes derivados de la dignidad humana. Así, se habla del “derecho a elegir” y de la “compasión” para encubrir el aborto y la eutanasia, que son dos decisiones destinadas a acabar con una vida humana vulnerable; se apela a la ‘igualdad’ para redefinir el matrimonio; y se invoca la separación entre Iglesia y Estado para restringir los derechos de conciencia.
De ahí que el empeño de Liaugminas en este libro sea reproponer un lenguaje común sobre la dignidad humana, que de hecho comparten los líderes sociales más carismáticos y las confesiones religiosas más importantes de EE.UU. “Un lenguaje que mira a los primeros principios que dan forma a una sociedad libre, justa y moral. Que huye de las etiquetas políticas (…); y de los muchos eslóganes y prejuicios colgados sobre los oponentes para bloquear el diálogo”.
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Notas
(1) Sheila Liaugminas, Non-Negotiable: Essential Principle of a Just Society and Human Culture. Ignatius Press, San Francisco (2014).