martes, 8 de febrero de 2011

San Agustín y la lectura

Luis Olivera nos ofrece una bonita reflexión sobre la lectura:

El hombre que nos ha enseñado a leer

Se ha dicho que ‘más que ningún otro escritor, San Agustín nos ha enseñado a leer’, no hace ninguna afirmación gratuita y sin red. Y ahora que se habla tanto del fin de la cultura del libro, caído en la lona del ‘ring’ mientras el árbitro decreta el K.O. técnico obtenido por la TV, el tema sigue fascinando.

Influjo de Agustín de Hipona. No sólo en libros recientes. Porque si analizamos la huella que ha dejado este escritor africano en su minucioso interés por la lingüística, es constante en la historia. Reaparece en Petrarca, Montaigne, Pascal, Rousseau -que hizo de Las Confesiones un auténtico género literario-, etc. Después, tanto Lutero como Erasmo absorbieron su programa de estudios de interpretación bíblica. En la iconografía, Jerónimo y Agustín suelen aparecer como los a padres de las cultura del libro en Occidente.

En tiempos de Agustín, el libro era un bien muy escaso. Pues a pesar de lo raro del objeto en cuestión, este escritor formuló una teoría de la lectura, que nos ha enseñado a leer de una manera vital. Brian Stock, profesor de Literatura comparada en la Universidad de Toronto, ha escrito un documentado estudio sobre ‘Agustín, lector:…’, publicado por la Universidad de Harvard.

El lector no sólo lee textos. Sino que, después, los recrea mentalmente en la memoria. Así desarrolla la idea del ser humano como lector: leemos (y releemos -¡tantas veces!-) narrativas almacenadas en la memoria. De ahí su descubrimiento de la ‘certeza interior’ de la existencia de uno mismo frente a la ‘incertidumbre’ de la información, adquirida en la lectura, la conversación, etc. ‘Como una guía para el análisis de uno mismo -escribe Stock-, la lectura ocupa una posición ambivalente en el pensamiento de Agustín’. Sólo un texto autoritario, convincente, coherente, puede ofrecer al lector esa más elevada comprehensión de uno mismo. Por eso, para Silva, ‘la lectura aparece así como un escalón crítico en ese ascenso mental’. Y por él, el lector pasa del mundo exterior al interior, se eleva desde la letra impresa al espíritu, al plano intelectual: el texto se transforma en objeto de contemplación.

En ese mismo sentido, Agustín considera que lo más importante en la lectura de La Biblia es ‘el amor dual de Dios y del prójimo’. Y añade una imagen de gran belleza, que Stock resume así: ‘El amor opera de manera vertical, descendiendo del texto al lector, y de manera horizontal cuando los lectores se relacionan con los demás. La cristiandad surge como una comunidad textual edificada sobre principios compartidos de interpretación’.

Y cuando quieren extender el certificado de defunción de la letra impresa, resulta que la última moda en los Estados Unidos son los ‘reading clubs’ (clubes de lectura), que surgen por todas partes como auténticos hongos. Un grupo de personas lee un libro y luego se pone a discutirlo. Por lo que se puede ver detrás, existe un deseo de pensar más y mejor, de hacer una lectura más crítica pero, a la vez, de dejarse influir por la literatura. Esa discusión con otros lectores, al parecer, favorece una lectura más atenta, crítica y reflexiva. Y parece como si la gente, lejos de dejar los libros, empezara a sacarlos del baúl de los recuerdos, a desempolvarlos y finalmente a leerlos. Incluso las editoriales americanas están publicando ya guías gratuitas para orientar esa lectura.

Parece como si las misteriosas palabras que Agustín de Hipona creyó entender -‘Tolle lege, tolle lege’- volvieran a sonar por todas partes. Agustín estaría feliz, como lo estuvo en Casicíacum, dialogando con sus amigos lectores. ¿Qué diría de este torrente de lectores reflexivos en busca de unas gotas de sabiduría? Creo que diría que hay libros y libros; y unos más libros que otros. Y también que hay lectores y lectores; y algunos más lectores que otros. Diría que la palabra más sabia, cuyo estudio y discusión nunca se agota, es la Sagrada Escritura; y que el mejor lector se parece a Dios en ese aspecto. Diría -finalmente-, que lo importante no es poder leer, sino saber leer; y que la lectura no es un fin, sino un medio. Pero imprescindible, esencial, para el desarrollo ‘espiritual’ del individuo.

6 comentarios:

Mora Fandos dijo...

Muy bueno, le sacaré partido. Un abrazo.

María Paz Arriagada dijo...

Ya me intereso un poco más por San Agustín y por su puesto por compartir lo que leemos!!!

Nicolás dijo...

¿Donde encontrar un club de lectores en castellano?
Gracias por la información.

Vicente Huerta dijo...

Recomiendo el "Club del lector" (http://www.clubdellector.com/)

Benita Pérez-Pardo dijo...

Leer me parece fundamental. Imprescindible para el desarrollo intelectual (que entiendo que, como un músculo, si el cerebro no se usa, se atrofia)como para el orden y el descanso.
Claro que hay libros y libros. Libros- basura (pocos pero los hay) porque generalmente la literatura requiere un cierto nivel intelectual a diferencia de los contenidos exclusivamente visuales donde todo cabe y, en general, a mayor nivel intelectual menos ordinariez (en general).
Y por otra parte, porque la lectura- también en general- suele requerir de silencio, - bien escaso hoy en día.
Según me voy haciendo mayor más valoro el silencio y más terrible me parece el ruido constante que abotarge y evita la reflexión. De hecho a veces creo que esta necesidad de muchas personas de estar todo el día con la radio, la tele, el Mp4 y todo lo demás es una manera de acallar su conciencia, de no querer pensar y, así, anda media juventud ansiosa de no sabe qué.

Benita Pérez-Pardo dijo...

Aich!. No me di cuenta que la publicación no era anónima...