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jueves, 25 de octubre de 2007

El placer en Aristóteles

Seguimos profundizando en el pensamiento de Aristóteles tal como se puede leer en sus Eticas




Todos reconocen que el dolor es un mal. Y lo que se opone al dolor es el placer. Por eso, aunque puede haber placeres malos, todos incluyen el placer en la trama de la felicidad.

El placer se presenta íntimamente asociado a nuestra naturaleza. Por eso los educadores se sirven del placer y del dolor como de un timón para dirigir a la infancia.

La causa de la conducta animal es simple, pero en el hombre es compleja, pues el deseo y la razón no siempre están de acuerdo. Apetito y razón nos acompañan desde el nacimiento, y son los dos caracteres por los que definimos lo que es natural.

Es completamente distinto vivir de acuerdo con la razón o con las pasiones. Por eso, de cara a los hábitos, es importante acostumbrarse a disfrutar con los placeres convenientes, y rechazar los inconvenientes. Esto tiene una importancia enorme, ya que todos los hombres persiguen lo agradable y rehuyen lo molesto.

Por naturaleza se desea el bien, y en contra de la naturaleza y por perversión se desea el mal. La corrupción y la perversión tienen siempre origen en el placer y en el dolor, porque el hombre está hecho de tal manera que lo agradable le parece bueno, y lo más agradable mejor, mientras que lo penoso parece malo, y lo más penoso, peor.

El hombre íntegro se complace en las acciones virtuosas y siente desagrado por las viciosas, lo mismo que el músico disfruta con las buenas melodías y no soporta las malas.

No debemos pasar por alto estas cuestiones, y más si consideramos que se prestan a grandes controversias. Pues unos dicen que el bien es el placer, y otros, por el contrario, lo consideran vil, pues esclaviza a la mayor parte de los hombres.

Hay placeres que derivan de actividades nobles, y otros de vergonzoso origen. Y no debemos complacernos en lo vergonzoso, como nadie elegiría vivir con la inteligencia de un niño para disfrutar con lo que disfrutan los niños.

Los placeres son malos cuando hacen al hombre brutal o vicioso. Ese peligro es mayor en la juventud, porque el crecimiento pone en ebullición la sensibilidad, y en algunos casos produce la tortura de los deseos violentos.

También muchas de las cosas por las que merece la pena luchar, no son placenteras. Por tanto, ni el placer se identifica con el bien, ni todo placer se debe apetecer.

El placer perfecciona la actividad. Y como la vida es actividad, el deseo universal de placer manifiesta el deseo universal de vivir. Cada actividad es intensificada por el placer correspondiente, y por eso sabe más el que se ejercita en algo con placer. Por ejemplo, son mejores científicos los que disfrutan con la ciencia, y lo mismo ocurre con los artistas, los arquitectos, etc.

Actividades específicamente distintas producen placeres específicamente distintos, que no pueden experimentarse unidos. Así, el aficionado a la literatura es incapaz de prestar atención a una conversación si está leyendo. De hecho, cuando disfrutamos mucho con algo, no hacemos a la vez otra cosa. Por eso, los que comen golosinas en el teatro lo hacen sobre todo cuando los actores son mediocres.

Las acciones humanas pueden ser nobles, vergonzosas o indiferentes, y lo mismo ocurre con los placeres correspondientes. Pero valoramos los mismos placeres de forma muy diferente, pues las cosas que agradan a unos molestan a otros. En tal caso, la valoración correcta ha de ser la del hombre bueno, y si lo que le parece molesto resulta agradable a alguno, ello no es de extrañar, pues en los hombres hay muchas corrupciones y vicios.

Los animales no son viciosos ni virtuosos, porque no tienen facultad de elegir ni de razonar. Por eso, ser animal no es tan malo como ser vicioso, aunque es más terrible. En el animal no se da corrupción de la facultad superior, pues carece de ella. Es menos dañina la maldad del que tiene menos capacidad de obrar. Y como la inteligencia confiere al hombre una enorme capacidad de acción, un hombre malo puede hacer mil veces más mal que un animal.

Si los poderosos, por no haber gustado nunca un placer puro y libre, se entregan a los del cuerpo, no se ha de pensar por ello que éstos son preferibles: también los niños creen que lo que a ellos les gusta es lo mejor. Y si las cosas valiosas no son las mismas para los niños y para los hombres, es lógico que tampoco lo sean para los buenos y para los malos. Pero el juicio recto sobre el bien y el mal ya hemos dicho que corresponde al hombre virtuoso.

Llamamos templanza al término medio respecto a los placeres. Pero conviene precisar que se refiere sólo a algunos placeres corporales. En concreto, al tacto y al gusto respecto a la comida, la bebida y los placeres sexuales. Se puede considerar el gusto como una forma de tacto, y por eso un glotón pedía a los dioses que su gaznate se volviera más largo que el de una grulla, por atribuir al contacto el placer que experimentaba.

Por tanto, el más común de todos los sentidos, el que poseen todos los animales, es el que origina la falta de templanza. Una falta que se censura con razón, porque se da en nosotros no por lo que tenemos de hombres sino de animales. Así pues, complacerse en estas cosas y buscarlas por encima de todo es propio de bestias. Y si alguien viviera sólo para los placeres del alimento y del sexo, sería absolutamente servil, pues para él no habría ninguna diferencia entre haber naci-do bestia u hombre.

La falta de templanza consiste en buscar el placer donde no se debe, o como no se debe. Es evidente que el exceso en los placeres conduce al desenfreno y es censurable.

Llamamos incontinente al hombre que obra de acuerdo con sus apetitos y contrariamente a la razón. Pero en su conducta no desaparece el dolor, pues aunque se alegra de obtener lo que desea, siente el malestar de saber que obra mal.

No existen personas que no estimen los placeres, porque tal insensibilidad no es humana. Si para alguien no hubiera nada placentero, o fuera completamente lo mismo una cosa que otra, estaría lejos de ser un hombre. Y no hay nombre para tal defecto porque no se da casi nunca.

El hombre moderado es el término medio entre ambos extremos, pues no se complace en la depravación sino que le disgusta. La moderación no busca lo que no debe, y no hace nada en exceso. Cuando faltan los placeres, el hombre templado tampoco se aflige demasiado. Desea moderadamente y como es debido lo agradable y lo saludable, y siempre se deja guiar por la recta razón.

La moderación no se refiere al placer de la vista -salvo en el apetito sexual-, ni tampoco a la música o a los olores. Moderación e intemperancia se refieren sólo a los dos tipos de placeres que también experimentan los animales. Con ellos tienen que ver la embriaguez, la gula y la lascivia.

Muchos consideran involuntarios tanto el amor como algunos deseos e impulsos naturales, porque son poderosos por encima de la naturaleza. Y somos indulgentes con ellos por su capacidad de violentar a la misma naturaleza.

Es mucho más fácil acostumbrarse a los placeres que a los dolores, pero el desenfreno parece más voluntario que la cobardía, porque el dolor se rehuye mientras que el placer se elige. El dolor, además, altera y puede destruir la naturaleza del que lo padece, hasta impedir que sea dueño de sí; el placer, en cambio, no hace nada de esto. Es, por tanto, más voluntario, y por eso es también más censurable.

La palabra templanza es muy apropiada, pues hay que templar o frenar todo lo que aspire a cosas feas y pueda desarrollarse mucho. Esa tendencia es propia de los apetitos, y también de los niños, porque los niños viven según sus apetitos, y en ellos se da por encima de todo el deseo de lo agradable. Un deseo que si no se encauza y somete a la autoridad, llegará demasiado lejos, pues el deseo de lo placentero es insaciable, y alimentarlo significa reforzar la tendencia congénita hasta arrinconar el raciocinio. Por eso, los apetitos deben ser moderados, pocos, y siempre obedientes a la razón. Eso es lo que significa estar encauzados y refrenados. Y lo mismo que el niño debe vivir de acuerdo con la dirección del preceptor, así los apetitos de acuerdo con la razón.

viernes, 21 de septiembre de 2007

Vidas contadas


"Thirteen conversations about one thing"
Jill Sprecher. USA, 2001. 95 min.

Me ha gustado volver a ver “Vidas contadas”. Es de esas películas que se disfrutan más, y se entienden mejor, con una segunda visión. El título original de la película refleja bien su estructura e intención. "Esa misma cosa" es la felicidad, ideal que buscan todos los personajes por caminos diversos. Varias historias se cruzan invitándonos a reflexionar sobre la libertad y el destino, el sentido purificador del dolor, la envidia, la culpabilidad, las posibilidades de recomenzar, las relaciones interpersonales, la dignidad humana, etc.



Proponemos un posible esquema para analizar la película y para un posible coloquio sobre ella:

Análisis de Troy, Bea, Gene, Walter y Bowman. Ver su personalidad. Qué es lo más determinante en sus vidas. Las virtudes y los defectos de cada uno. Su evolución a lo largo de la película.
Cuáles son los hechos con mayor impacto en la historia personal de cada uno y cual es su respuesta.Relacionar los personajes entre sí. ¿Cómo influyen unos en otros? Personajes que más influye en los demás. Por qué y cómo. Qué papel juega la vecina.

La felicidad en cada uno de los personajes. Concepto de felicidad. ¿Fin del hombre?“La conquista de la felicidad”(1930) de Bertrand Russell (1872-1970) en relación con esta película. Tres obstáculos para la felicidad: aburrimiento, culpabilidad, envidia. La directora los tiene en cuenta para el guión. ¿Qué personajes encarnan cada uno de estos tres pilares?

Cómo plantea la película los temas de la libertad y el Destino.
Referencia a Milton (1608- 1674), “El paraíso perdido”. Comentar: “la mente es un lugar íntimo y puede convertir el infierno en un paraíso y el paraíso en el infierno”.
La conciencia siempre sale a flote aunque se la pretenda acallar. ¿Qué es la conciencia?
Comentar la frase: “la ignorancia es la felicidad”
Solidaridad e interdependencia entre los seres humanos.



A continuación resumimos un análisis de los personajes principales como fruto de un debate realizado este verano sobre este film:

Gene: ambicioso directivo de empresa que no soporta la actitud vital optimista de uno de sus empleados

Actitud existencial: se ha instalado en el disgusto, como tanta gente que no sabe asimilar sus fracasos. Ha fracasado en su vida familiar y fracasará también en lo profesional, donde había puesto todas sus esperanzas: subir en la empresa. Envidia a Wade Bowman con una absurda obsesión. No soporta su optimismo y eso le lleva a ser irónico y cruel: “le borro la sonrisa, apuesto 100 pavos”. Humilla a sus empleados. Ve a todos como enemigos –se lo dice Dick-. Va a lo suyo.
Sin embargo evolucionará positivamente porque es capaz de reconocer sus errores y rectificar.
Hecho relevante: Cuando se entera que no le van a hacer Vicepresidente porque han nombrado al de Contabilidad. Respuesta: Se va a ver al marido de su ex-mujer para pedirle trabajo para Bowman.

Troy: joven ayudante del fiscal que de pronto ve truncada su carrera

Es Altivo. Engreído. Trabajador. Solo confía en su trabajo. “Yo no creo en la suerte, es la excusa de los vagos”. (Sin embargo Gene le hace ver que proviene de una buena familia mientras que é tuvo que salir desde abajo). Cifra toda su felicidad en el éxito profesional.
Hecho relevante: accidente, atropella a Bea. Respuesta ante el accidente: huída, cobardía. Se evade de su responsabilidad. Destrozado por dentro. Le pasa igual que al chico a quien defiende en la cárcel: todo el día pensando en la persona a la que mató.
Esto le crea un enorme conflicto interior: aparece con fuerza el sentido de culpabilidad. Y la necesidad de redimirse, de reparar. En un primer momento su huída de la realidad no resuelve los problemas sino que los agranda. Su actitud plantea una cuestión importante: ¿Se puede acallar o anestesiar la conciencia? Troy, desde luego, no lo consigue, no cierra su herida para que no olvidar su culpabilidad. Necesidad de recibir el perdón, también de reparar el daño causado. Su conciencia sale a flote. A veces la gente tiene suerte, se le concede una segunda oportunidad (le dice Owen)
Respuesta ante esto: vende el coche, no considera justo conducirlo (empieza a reparar); se va aislando, no sale con los amigos, se atormenta. Decide el suicidio –otra vez huye de los problemas quitándose de en medio-. Nueva cobardía. Pero finalmente se redime: Deja por escrito un testamento donde confiesa su culpabilidad y pide que con sus bienes se ayude a la familia de la persona que piensa que ha matado.

Bea: empleada de hogar que sufre conmoción en su mundo interior

Bea es responsable en su trabajo(mientras Dorry quiere ver su serie de Tv, ella dice: mientras tanto haré el cuarto de baño). Sencilla. Ingenua. Generosa: ofrece a Dorrie su piso, compra una nueva camisa. (quizá también por quedar bien ante el arquitecto), “Si tuviera dinero… te daría una parte” dice a su amiga. Confiada. Religiosa (va a la iglesia). Supersticiosa: el ojo cerrado de la muñeca “es una señal”. Honrada: Le duele más que duden de su inocencia que la propia realidad del trágico accidente.

Hechos relevantes: accidente y cuando se entera que el arquitecto la cree ladrona.
Respuesta ante el accidente: se desconcierta al no haber razones, pero lo acepta. Ha escuchado en el sermón el valor del sufrimiento.
Respuesta ante desconfianza del arquitecto: se le hunde todo. Se le abren los ojos. Pierde la inocencia. La vida ya no es justa. Debí robarlo, él me creía culpable. Se me ha caído la venda de los ojos: jamás podré retroceder. Piensa en suicidio. Escepticismo: no he cambiado, “soy como los demás”. No se suicida por sonrisa de Bowman: buscaba alguien que le dier aun motivo para no hacerlo, alguien que no fuera mezquino y predecible.

Walker: profesor que tiene una aventura con una compañera del Instituto

Racionalista (ley de causa efecto, simbolizada en el artefacto de las bolitas). Cientifista (las leyes del universo son absolutas). Muy torpe en las las relaciones personales. Procesos irreversibles de la física los aplica a las personas.
Lo que quiere de la vida: lo que todos queremos: vivir la vida, despertarme animado, ser feliz. Es egoísta. Falta de compasión, de humanidad, producto de su egoísmo (con alumno Hammond).
Muestra un gran vacío interior. Insatisfecho: “no dejo de preguntarme si esto es todo”. Huye de sí mismo: Es perverso, pasas años desarrollando tu mente y al final no quieres pensar en nada. Hedonista. Su relación con la profesora Date es un puro egoísmo compartido. Cinismo respecto al marido de ella. Mentir para no atormentarle. Hedonismo puro: placer por el placer. ¿Realmente quiere a la profesora? No. No se despiden con un beso. Todo gira en torno a la cama –aparece en muchas tomas de la habitación-. Se dan cita (analogía con la prostitución). Esa habitación donde se producen los encuentros es un lugar triste, no es un hogar. Ella le recrimina: no creo que no hayas vuelto a tu piso a buscar el resto de tus cosas. Le recrimina su cobardía. Cuando le dice que tú me has liberado, has cambiado mi vida, me has sacado de la rutina, aburrimiento. Ella no le toma en serio, se sonríe con ironía.
Borra de la pizarra: IRREVERSIBLE (lo había dicho de los gases; jamás vuelve a ser como era: esa situación), quizás como diciendo “ a ver si cambio”. Está desconcertado y desconcierta a los demás.. Su mujer le pregunta: ¿qué quieres? El médico también ¿qué es lo que busca?
Hecho relevante: cuando la profesora Date le cuenta que su marido le ha dicho que no puede vivir sin ella. ¿Y tú qué? Respuesta: Silencio. Es el único personaje que no evoluciona.

Bowman: empleado de Gene apodado “el sonrisas”
El que es considerado infeliz por todos, resulta que es el único que es realmente feliz. Honrado. Familiar: pendiente de su mujer e hijos. Procura siempre ver el lado positivo de las cosas. Tiene una actitud vital muy positiva. Quizás en exceso.
Tiene detalles: lleva tomates, galletas. No es rencoroso: en la cafetería Bowman es quien hace por saludar a Gene, mientras éste intenta fingir que no lo ha visto. Incluso da ánimos a Gene. Bondad y categoría humanas Su sonrisa a Bea no es un mera acción extraordinaria, aislada. Es consecuencia de una actitud vital. Es importante que sonriera en ese momento. Pero más importante es que lo hiciera habitualmente. El hecho de que tuviera esa actitud positiva hacia la vida, le permite en ese momento volver a sonreir. Importancia de la acción cotidiana. Influye mucho, más de lo que uno pueda prever. Es producto de la coherencia, de la autentidicidad de vida. Manera de ser consolidada. Es como una fuente. Quizás esa actitud en parte se aprende de unos padres, de la familia, de algún amigo, de algún modelo.
Hecho relevante: cuando Gene le despide.
Respuesta: Se pregunta si ha hecho algo mal. Valora más su conciencia que la desgracia del paro. Le importa salir limpio de allí. Intenta ver el lado positivo: vacaciones, descanso, así podré estar más tiempo con mis hijos. Da las gracias. Sonríe.

lunes, 13 de agosto de 2007

Coplas por la muerta de su padre

Poco podemos aportar a con nuestros comentarios a este magistral poema de Jorge Manrique (1440-1478). Sólo ofrecer su lectura para que lo disfruten y les ayude a meditar.

1.- Recuerde el alma dormida
avive el seso e despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer ,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.














2.- Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
e acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo non venido
por pasado.
Non se engañe nadie no,
pensando que ha de durar
lo que espera
más que duró lo que vio,
pues que todo ha de pasar
por tal manera.

3.- Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
e consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
e más chicos;
i llegados, son iguales
los que viven por sus manos
e los ricos.

4.- Dejo las invocaciones
de los famosos poetas
y oradores;
non curo de sus ficciones,
que traen yerbas secretas
sus sabores;
a Aquél sólo me encomiendo,
Aquél sólo invoco yo
de verdad,
que en este mundo viviendo,
el mundo non conoció
su deidad.

5.- Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nascemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que, cuando morimos,
descansamos.

6.- Este mundo bueno fue
si bien usásemos dél
como debemos,
porque, según nuestra fe,
es para ganarse aquel
que atendemos.
Aun aquel Fijo de Dios,
para sobirnos al cielo,
descendió
a nascer acá entre nos,
y a vivir en este suelo
do murió.

7.- Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que en este mundo traidor ,
aun primero que muramos
las perdemos;
dellas deshace la edad,
dellas casos desastrados
que acaescen,
dellas por su calidad,
en los más altos estados
desfallescen.

8.- Decidme: la hermosura,
y gentil frescura y tez
de la cara,
la color e la blancura,
cuando viene la vejez,
¿cuál se para?
Las mañas e ligereza
e la fuerza corporal de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega al arrabal
de senectud.

9.- Pues la sangre de los godos,
y el linaje e la nobleza
tan crescida,
¡por cuántas vías e modos
se pierde su gran alteza
en esta vida!
Unos, por poco valer,
por cuán bajos e abatidos
que los tienen;
otros que, por non tener ,
con oficios non debidos
se mantienen.

10.- Los estados e riqueza,
que nos dejen a deshora
¿quién lo duda?
non les pidamos firmeza
pues que son de una señora
que se muda,
que bienes son de Fortuna
que revuelve con su rueda
presurosa,
la cual non puede ser una
ni estar estable ni queda
en una cosa.

11.- Pero digo que acompañen
e lleguen fasta la fuesa
con su dueño,
por eso non nos engañen,
pues se va la vida apriesa
como sueño.
E los deleites de acá
son, en que nos deleitamos,
temporales,
e los tormentos de allá,
que por ellos esperamos,
eternales.

12.- Los placeres e duIzores
desta vida trabajada
que tenemos,
non son sino corredores,
e la muerte, la celada
en que caemos.
Non mirando a nuestro daño,
corremos a rienda suelta
sin parar ;
desque vemos el engaño
e queremos dar la vuelta
no hay lugar.

13.- Si fuese en nuestro poder
hacer la cara hermosa
corporal,
como podemos hacer
el alma tan gloriosa,
angelical,
¡qué diligencia tan viva
toviéramos toda hora
e tan presta,
en componer la cativa,
dejándonos la señora
descompuesta!

14.- Esos reyes poderosos
que vemos por escripturas
ya pasadas,
con casos tristes, llorosos,
fueron sus buenas venturas
trastornadas ;
así que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
e perlados,
así los trata la muerte
como a pobres pastores
de ganados.

15.- Dejemos a los troyanos,
que sus males non los vimos,
ni sus glorias;
dejemos a los romanos,
aunque oímos e leímos
sus hestorias,
non curemos de saber
lo de aquel siglo pasado
qué fué dello ;
vengamos a lo de ayer,
que también es olvidado
como aquello.

16.- ¿Qué se hizo el rey don Joan?
Los Infantes de Aragón,
¿qué se hicieron?
¿Qué fué de tanto galán,
qué de tanta invinción
que trujeron?
¿Fueron sino devaneos?
¿Qué fueron sino verduras
de las eras,
las justas e los torneos,
paramentos, bordaduras
e cimeras?

17.- ¿Qué se hicieron las damas,
sus tocados e vestidos,
sus olores?
¿Qué se hicieron las llamas
de los fuegos encendidos,
de amadores?
¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿Qué se hizo aquel danzar,
aquellas ropas chapadas
que traían?

18.- Pues el otro, su heredero,
don Enrique, ¡qué poderes
alcanzaba!
¡Cuán blando, cuán halaguero
el mundo en sus placeres
se le daba!
Mas verás cuán enemigo
cuán contrario, cuán cruel
se le mostró
habiéndole sido amigo,
¡cuán poco duró con él
lo que le dio!

19.- Las dádivas desmedidas,
los edificios reales
llenos de oro,
las vajillas tan fabridas;
los enriques e reales
del tesoro.
los jaeces, los caballos
de sus gentes e atavíos
tan sobrados,
¿dónde iremos a buscallos?
¿Qué fueron sino rocíos
de los prados?

20.- Pues su hermano el inocente
que en su vida sucesor
le ficieron,
¡qué Corte tan excellente
tuvo e cuánto gran señor
le siguieron!
Mas, como fuese mortal,
metióle la muerte luego
en su fragua.
¡Oh juicio divinal,
cuando más ardía el fuego,
echaste agua!

21.- Pues aquel gran Condestable
maestre que conoscimos
tan privado,
non cumple que dél se hable,
mas sólo cómo lo vimos
degollado.
Sus infinitos tesoros,
sus villas e sus lugares,
su mandar,
¿qué le fueron sino lloros?
¿qué fueron sino pesares
al dejar?

22.- E los otros dos hermanos,
maestros tan prosperados
como reyes,
que a los grandes e medianos,
trujieron tan sojuzgados
a sus leyes;
aquella prosperidad
que en tan alto fue subida
y ensalzada
¿qué fue sino claridad
que cuando más encendida
fue amatada?

23.- Tantos duques excellentes,
tantos marqueses e condes
e varones
como vimos tan potentes,
di, muerte, ¿do los escondes
e traspones?
E las sus claras hazañas
que hicieron en las guerras
y en las paces,
cuando tú, cruda, te ensañas,
con tu fuerza las atierras
e desfaces.

24.- Las huestes innumerables,
los pendones, estandartes
e banderas,
los castillos impugnables,
los muros e baluartes
e barreras,
la cava honda, chapada
o cualquier otro reparo,
¿qué aprovecha?
Cuando tú vienes airada
todo lo pasas de claro
con tu flecha.

25.- Aquél de buenos abrigo,
amado por virtuoso
de la gente,
el maestre don Rodrigo
Manrique, tanto famoso
e tan valiente;
sus hechos grandes e claros
non cumple que los alabe,
pues los vieron,
ni los quiero hacer caros
pues que el mundo todo sabe,
cuáles fueron.

26.- Amigo de sus amigos,
¡qué señor para criados
e parientes!
¡Qué enemigo de enemigos!
jQué maestro de esforzados
e valientes!
¡Qué seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos!
¡Qué razón!
¡Qué benigno a los sujetos!
¡A los bravos e dañosos,
qué león!

27.- En ventura, Octaviano,
Julio César, en vencer
e batallar;
en la virtud, Africano;
Aníbal, en el saber
e trabajar;
en la bondad, un Trajano;
Tito, en liberalidad,
con alegría,
en su brazo, Aureliano;
Marco Atilio, en la verdad
que prometía.

28.- Antonio Pío, en clemencia;
Marco Aurelio, en igualdad
del semblante;
Adriano, en elocuencia;
Teodosio, en humanidad
e buen talante.
Aurelio Alexandre fue
en disciplina e rigor
de la guerra;
un Constantino, en la fe;
Camilo, en el grand amor
de su tierra.

29.- Non dejó grandes tesoros.
ni alcanzó muchas riquezas
ni vajillas;
mas fizo guerra a los moros,
ganando sus fortalezas
e sus villas;
y en las lides que venció,
cuántos moros e caballos
se perdieron;
y en este oficio ganó
las rentas e los vasallos
que le dieron.

30.- Pues en su honra y estado,
en otros tiempos pasados,
¿cómo se hubo?
Quedando desamparado,
con hermanos e criados
se sostuvo.
Después que fechos famosos
fizo en esta misma guerra
que hacía,
fizo tratos honrosos
que le dieron más tierra
que tenía.

31.- Estas sus viejas hestorias
que con su brazo pintó
en joventud,
con otras nuevas victorias
agora las renovó
en senectud.
Por su gran habilidad,
por méritos e ancianía
bien gastada,
alcanzó la dignidad
de la grand Caballería
dell Espada.

32.- E sus villas e sus tierras
ocupadas de tiranos
las halló;
mas por cercos e por guerras
e por fuerza de sus manos
las cobró.
Pues nuestro rey natural
si de las obras que obró
fue servido,
dígalo el de Portugal
y en Castilla quien siguió
su partido.

33.- Después de puesta la vida
tantas veces por su ley
al tablero;
después de tan bien servida
la corona de su rey
verdadero;
después de tanta hazaña
a que no pudo bastar
cuenta cierta,
en la su villa de Ocaña
vino la muerte a llamar
a su puerta,

34.- diciendo: -«Buen caballero,
dejad al mundo engañoso
e su halago;
vuestro corazón de acero
muestre su esfuerzo famoso
en este trago;
e pues de vida y salud
fecisteis tan poca cuenta
por la fama,
esfuércese la virtud
para sufrir esta afrenta
que vos llama.

35.- No se os haga tan amarga
la batalla temerosa
que esperáis,
pues otra vida más larga.
de la fama gloriosa
acá dejáis.
Aunque esta vida de honor
tampoco no es eternal
ni verdadera,
mas con todo es muy mejor
que la otra temporal
perecedera.

36.- El vivir que es perdurable
non se gana con estados
mundanales,
ni con vida delectable
donde moran los pecados
infernales;
mas los buenos religiosos
gánanlo con oraciones
e con lloros;
los caballeros famosos,
con trabajos e aflictiones
contra moros.

37.- E pues vos, claro varón,
tanta sangre derramaste
de paganos,
esperad el galardón
que en este mundo ganaste
por las manos;
e con esta confianza
e con la fe tan entera
que tenéis,
partid con buena esperanza,
que estotra vida tercera
ganareis.»

/Responde Don Rodrigo/

38.- «Non tengamos tiempo ya
en esta vida mesquina
por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la divina
para todo;
e consiento en mi morir
con voluntad placentera.
clara e pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera
es locura.»

/D. Rodrigo se dirige a Cristo/

39.- «Tú, que, por nuestra maldad,
tomaste forma servil
e bajo nombre;
Tú, que a tu divinidad
juntaste cosa tan vil
como es el hombre ;
Tú, que tan grandes tormentos
sofriste sin resistencia
en tu persona,
non por mis merecimientos,
mas por tu sola clemencia
me perdona.»

/Final/

40.- Así, con tal entender,
todos sentidos humanos
conservados,
cercado de su mujer
y de sus hijos e hermanos
e criados,
dio el alma a quien se la dio
-el Cual la dio en el cielo,
en su gloria-,
que aunque la vida perdió,
dejónos harto consuelo
su memoria.