Mostrando entradas con la etiqueta justicia social. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta justicia social. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de septiembre de 2015

El papa Francisco, en Naciones Unidas

Jesus Ballesteros. Catedrático Emérito de Filosofía del Derecho y Filosofía Política (Univ. de Valencia)

Publicado en “Las Provincias” (27.9.2015)

El discurso del Papa Francisco de anteayer en Naciones Unidas viene a reiterar las ideas centrales expuestas en su Encíclica Laudato si respecto al vínculo existente entre la destrucción del ambiente y el aumento de la exclusión social. “El abuso y la destrucción del ambiente, al mismo tiempo, van acompañados por un imparable proceso de exclusión. En efecto, un afán egoísta e ilimitado de poder y de bienestar material lleva tanto a abusar de los recursos materiales disponibles como a excluir a los débiles”.

Este vínculo  viene dado porque los que destruyen la naturaleza son los mismos que excluyen a los pobres. En Laudato si, ap. 189, había escrito que “el dominio absoluto de las finanzas sólo podrá generar nuevas crisis después de una larga, costosa y aparente curación”. Ahora insiste, desde el comienzo de su intervención, en la grave  responsabilidad de instituciones como el Banco Mundial y el FMI “de velar por el desarrollo sostenible de los países y la no sumisión asfixiante de éstos a sistemas crediticios que, lejos de promover el progreso, someten a las poblaciones a mecanismos de mayor pobreza, exclusión y dependencia, ya que ningún individuo o grupo humano se puede considerar omnipotente, autorizado a pasar por encima de la dignidad y de los derechos de las otras personas singulares o de sus agrupaciones sociales”.  Un ataque en toda regla a las Políticas de Ajuste Estructural que están empobreciendo a los países deudores en todo el mundo.

El Papa destaca las tristes consecuencias de la exclusión social, tales como “la trata de seres humanos, comercio de órganos y tejidos humanos, explotación sexual de niños y niñas, trabajo esclavo, incluyendo la prostitución, tráfico de drogas y de armas, terrorismo y crimen internacional organizado”.  
Para hacer frente a la exclusión social, “los gobernantes han de hacer todo lo posible a fin de que todos puedan tener la mínima base material y espiritual para ejercer su dignidad y para formar y mantener una familia, que es la célula primaria de cualquier desarrollo social. Este mínimo absoluto tiene en lo material tres nombres: techo, trabajo y tierra; y un nombre en lo espiritual: libertad de espíritu, que comprende la libertad religiosa, el derecho a la educación y todos los otros derechos cívicos”.
Por todo esto, “la medida y el indicador más simple y adecuado del cumplimiento de la nueva Agenda para el desarrollo será el acceso efectivo, práctico e inmediato, para todos, a los bienes materiales y espirituales indispensables: vivienda propia, trabajo digno y debidamente remunerado, alimentación adecuada y agua potable; libertad religiosa, y más en general libertad de espíritu y educación. Al mismo tiempo, estos pilares del desarrollo humano integral tienen un fundamento común, que es el derecho a la vida y, más en general, el que podríamos llamar el derecho a la existencia de la misma naturaleza humana”.
Pero el pensamiento del Papa no puede ser leído nunca en clave ideológica, si no quiere ser desvirtuado. En el mismo discurso advierte cómo la protección la naturaleza y la supresión de la exclusión solo será posible si se da prioridad a las personas frente a las ideologías y a los intereses. Y en el muy importante discurso de 9 de julio pasado en Santa Cruz de la Sierra a los líderes de los movimientos populares había afirmado como “Dolorosamente sabemos que un cambio de estructuras que no viene acompañado de una sincera conversión de las actitudes y del corazón termina a la larga o la corta por burocratizarse, corromperse y sucumbir”. Por ello en la Enciclica Laudato si afirmaba que el único modo de acabar con la dictadura de las finanzas es sustituir el afán consumista de   posesión de bienes materiales por la búsqueda de la paz del corazón.
En esta imposibilidad de manipular el discurso del  Papa en sentido ideológico puede destacarse  en el discurso en Naciones Unidas, cuando advierte que “la defensa del ambiente y la lucha contra la exclusión exigen el reconocimiento de una ley moral inscrita en la propia naturaleza humana, que comprende la distinción natural entre hombre y mujer (cf. Laudato si’, 155), y el absoluto respeto de la vida en todas sus etapas y dimensiones” (cf. ibíd., 123; 136).






lunes, 12 de agosto de 2013

LA ECONOMÍA DEL BIEN COMÚN


page1image520

page1image1616
LA ECONOMÍA DEL BIEN COMÚN

Un modelo económico con futuro Resumen en 20 puntos, 1 de febrero de 2012
Según una encuesta de la fundación Bertelsmann, el 80 por ciento de los alemanes y el 90 por ciento de los austriacos esperan un nuevo orden económico. La economía del bien común (Deuticke, 2010) es un sistema económico alternativo completo, los fundamentos habían sido desarrollados por Christian Felber en Nuevos valores para la economía (Deuticke, 2008) y más tarde pulidos por un, cada día mayor, círculo de empresarios. El fin es escapar de la discusión estéril: “Quien está contra el capitalismo, está con el comunismo” y ofrecer un camino concreto y viable para el futuro. Hasta finales del 2011 apoyaron la iniciativa más de 500 empresas de 13 países. 200 empresas pioneras aplicanrán el corazón del modelo, el Balance del Bien Común. El movimiento crece globalmente en cada día más ramas de actuación. 31 “Campos de energía” (grupos de apoypo local) se han fundado hasta la fecha en Austria, Alemania, Italia, Suiza, Liechtenstein, España, Argentina y Honduras.
Aquí presentamos los 20 puntos centrales:

1. La economía del bien común se basa en los mismos valores que hacen florecer nuestras relaciones: confianza, cooperación, aprecio, democracia, solidaridad. Según recientes investigaciones científicas conseguir buenas relaciones es la mayor fuente de motivación y felicidad de los seres humanos.
2. El marco legal económico experimenta un giro radical, cambiando las reglas del juego de afán de lucro y competencia por cooperación y contribución al bien común: Empresas que practican la cooperación serán recompensados. En cambio, el comportamiento competitivo conlleva desventajas.
3. El éxito económico no es medido por indicatores monetarios como el beneficio financiero o el BIP, sino con el balance del bien común (a nivel de empresas) y el producto del bien común (a nivel de sistema). El balance del bien común se convierte en el balance principal de todas las empresas. Cuanto más social, ecológica, democrática y solidaria sea la actividad, mejores serán los resultados del balance del bien común alcanzados. Mejorando los resultados del balance del bien común de las empresas en una economía nacional, mejorará el producto del bien común.
4. Las empresas con buenos balances del bien común disfrutarán de ventajas legales: tasas de impuestos reducidas, aranceles ventajosos, créditos baratos, privilegios en compra pública y a la hora de reparto de programas de investigación, etc. La entrada en el mercado se verá, por tanto, más favorecida para actores éticos y sus productos y servicios, que los de los no-éticos, indecentes y no ecológicos.
5. El balance financiero será el balance secundario. El beneficio financiero pasa de ser fin a ser medio. Éste sirve sólo para aumentar el ‘nuevo’ fin empresarial: Aportación al bien común. Los excedentes del balance financiero deberán utilizarse para: inversiones con plusvalía social y ecológica, devolución de créditos, depósitos en reservas limitadas, bonificación a los empleados de forma restringida, así como créditos sin intereses a empresas cooperadoras. No se utilizarán los excedentes para bonificar a personas que no trabajan en la empresa, adquisición hostil de otras empresas, inversión en mercados financieros (éstos dejarán de existir), o aportaciones a partidos políticos. En contrapartida, el impuesto sobre el beneficio empresarial será eliminado.
6. Como el beneficio financiero es ahora un medio, y deja de ser un fin, las empresas pueden esforzarse hacia su tamaño óptimo. No tienen que temer ser adquiridas, o sentirse obligadas a crecer para ser más grandes, más fuertes o con mayores beneficios. Todas las empresas están liberadas de la coerción de crecer y tragar.
7. Exisitiendo la posibilidad de aspirar sin miedo al tamaño óptimo, habrá muchas empresas pequeñas en todas las ramas. Como no tienen que crecer más, les será más fácil cooperar y practicar la solidaridad. Se pueden ayudar mutuamente con conocimientos, tecnología, encargos, personal o créditos sin interés. Serán recompensadas con resultados del balance del bien común positivos. Las empresas van formando una red de aprendizaje solidaria, la economía se transforma en un sistema win-win.
8. Las diferencias de ingresos y patrimonios serán limitadas: Ingresos máximos de por ejemplo 20 veces el salario mínimo. Propiedades que no excederán p. ej. los 10 millones de euros, el derecho de cesión y herencia, 500.000 euros por persona, en empresas familiares a 10 millones de euros por hijo. El excedente sobre estos límites serán repartidos a través de un “fondo de generaciones” como “Dote democrático” a las siguientes generaciones: igualdad de capital inicial significa mayor igualdad de oportunidades. (Los márgenes exactos deberán ser definidos democráticamente en una asamblea económica.)
9. En grandes empresas a partir de un elevado numero de empleados (por ejemplo, más de 250) los derechos de decisión y propiedad pasan parcial y progresivamente a los empleados y ciudadanos. La población podrá ser representada directamente a través de “parlamentos económicos regionales”. El gobierno no posee derecho decisorio o de intervención en empresas publicas.
10. Esto es igualmente válido para los bienes democráticos, la tercera categoría de propiedad, junto a una mayoría de pequeños y medianos empresarios y grandes empresas de propiedad mixta. Por bienes democráticos entendemos instituciones económicas públicas en campos de enseñanza, salud, acción social, movilidad, energía, o comunicación: la infraestructura básica.
11. Un bien democrático importante es el banco democrático. Éste sirve, como todas las empresas, al bien común y, como todos ellos, controlado por la ciudadanía soberana y no por el gobierno. Sus servicios consisten en depósitos de ahorro garantizados, cuentas corrientes gratuitas, créditos de interés reducido y créditos de riesgo com plusvalía social y ecológica. El Estado se financia primordialmente a través de créditos sin interés del Banco Central. El Banco Central obtiene el derecho exclusivo de la creación de dinero y efectúa las transacciones de capitales internacionales para impedir evasión fiscal. Los mercados financieros en la forma actual ya no existen.
12. Siguiendo la propuesta de John Maynard Keynes del 1944, se establece una cooperación monetaria global a base de una unidad de calculación (p. ej. “globo”, “terra”) para el comercio international. A nivel local, monedas regionales pueden complementar la moneda nacional. Para protegerse de la competencia injusta, la UE inicia una zona de comercio justo (Zona del Bien Común) con estándardes harmonizados o con tarifas aduaneras correlacionadas con el resultado del BBC de la empresa productora. A largo plazo, la meta es una Zona del Bien Común en la ONU.
13. A la naturaleza se le concede un valor propio por lo cual no puede transformarse en propiedad privada. Quien necesite un pedazo de tierra para vivir, agricultura o comercio, se le cede una superficie limitada de forma gratuita o pagando una tasa de utilización. El uso de la tierra está condicionado a criterios ecológicos y al uso concreto. Esto será el final de la especulación inmobiliaria, el “landgrabbing” (apropriación de grandes superficies por multinacionales u otros países) y el latifundismo. En contrapartida, se anula el impuesto sobre el terreno.
14. El crecimiento económico deja de ser un fin. Un nuevo objetivo será la reducción de la huella ecológica de personas privadas, empresas y naciones, hacia un nivel globalmente sostenible y justo. El imperativo categórico de Kant será extendido a la dimensión ecológica. Nuestra libertad de elegir un estilo de vida determinado encuentra su fin cuando limita la libertad de otros de elegir el mismo estilo de vida o por lo menos llevar und vida en dignidad. Personas privadas y empresas serán incentivadas para medir su huella ecológica y reducirla a un nivel globalmente sostenible y justo.
15. El horario de trabajo retribuido se verá reducido escalonadamente hacia la marca, deseada por mayoría de 30 a 33 horas semanales. De este modo queda tiempo libre para otros tres campos de trabajo de gran importancia: trabajo de relaciones y cuidados (niños, enfermos, ancianos), trabajo de crecimiento personal (desarrollo de la personalidad, arte, jardín, ocio), trabajo en la política y
actividades públicas. Como consecuencia de este reparto más equlibrado entre las distintas actividades, el estilo de vida se hará más suficiente, menos consumidor, y más sostenible.
16. Cada décimo año en la profesión es un “año sabático” que será financiado a través de un salario mínimo incondicional. Las personas pueden hacer en este tiempo lo que quieran. Esta medida descarga el mercado de trabajo en un diez por ciento de la tasa de desempleo en la Unión Europea.
17. La democracia representativa será completada por la democracia directa y la democracia participativa. La ciudadanía soberana debería poder controlar y corregir su representación, decretar leyes por si misma, modificar la constitución y poder controlar las infraestructuras de abastecimiento: ferrocarril, energía, agua, correos, bancos. En una democracia real son idénticos los intereses de los representantes y los de la ciudadanía soberana. Requisitos para ello son derechos constitucionales de co-legislar y de controlar por parte de la ciudadanía soberana.
18. Todos los puntos angulares deberán madurarse a través de discusiones intensas en un amplio proceso de bases, antes de que se conviertan en leyes elaboradas por una asamblea económica directamente elegida; su resultado se votará democráticamente por la ciudadanía soberana. Lo que sea aceptado, se introducirá en la constitución y sólo podrá volverse a cambiar con el respaldo de la ciudadanía soberana. Aparte de la asamblea económica del bien común puede haber otras convenciones para profundizar la democracia: asamblea para la educación, asamblea para los medios de comunicación o una asamblea para el desarrollo de la democracia.
19. Para afianzar en los niños los valores de la economía del bien común y poderlos practicar, el sistema de educación debería estar orientado igualmente hacia el bien común. Esto requiere otra forma de enseñanza y otros contenidos, como por ejemplo: emocionología, ética, comunicación, educación democrática, experiencia de la naturaleza y sensibilización corporal.
20. Debido a que en la economía del bien común, el éxito empresarial posee un significado muy diferente al que actualmente recibe, se demandan otras competencias de gestión. Las empresas ya no buscan a los gerentes más duros y ejecutivos de la “eficiencia cuántitativa”, sino a los más responsables y socialmente competentes, los más empáticos y sensibles que consideran la co- determinación como una oportunidad y un beneficio para todos.

La economía del bien común no es ni el mejor de los modelos económicos ni el final de una historia, sólo el paso siguiente hacia un futuro más sostenible, justo y democrático. Se trata de un proceso participativo, de desarrollo abierto que busca sinergia en procesos similares como: economía solidaria, economía social, movimiento de bienes comunes, economía del post- crecimiento o democracia económica. Juntando sus esfuerzos, una gran cantidad de personas y actores son capaces de crear algo fundalmente nuevo. La implementación de la visión requiere motivación intrínseca y autorresponsabilidad, incentivos económicos, un orden político-legal coherente, así como concienciación. Todas las personas, empresas y comunidades están invitadas a participar en la reconstrucción de la economía hacia el bien común.

Más información en: www.economia-del-bien-comun.org Contacto: Ana Moreno: espania@economia-del-bien-comun.org
page3image26320
page3image26592

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Tiempo de compromiso


“Tiempo de compromiso en el mundo para los cristianos”

Artículo de S. S. Benedicto XVI publicado el 20/12/2012 en el Financial Times

“Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, fue la respuesta que Jesús dio cuando se le preguntó lo que pensaba sobre el pago de impuestos. Los que lo interrogaban, obviamente, querían tenderle una trampa. Querían obligarlo a tomar posición ante el encendido debate político sobre el dominio romano en tierra de Israel. Sin embargo había en juego mucho más: si Jesús era realmente el Mesías esperado, entonces seguramente se habría opuesto a los dominadores romanos. Por lo tanto la pregunta, estaba calculada para desenmascararlo, o como una amenaza para el régimen, o como un impostor.

“La respuesta de Jesús conduce hábilmente la cuestión hasta un nivel superior, advirtiendo sobre el peligro de la politización de la religión y la deificación del poder temporal, pero también ante la incansable búsqueda de la riqueza. Quienes lo escuchaban tenían que comprender que el Mesías no era César, y que César no era Dios. El reino que Jesús venía a instaurar era de una dimensión absolutamente superior. Como respondió a Poncio Pilatos: “mi reino no es de este mundo”.

“Las narraciones de Navidad del Nuevo Testamento tienen el objeto de expresar un mensaje similar. Jesús nació durante un “censo del mundo entero”, querido por César Augusto, el emperador famoso por haber llevado la Pax Romana a todas las tierras sometidas al dominio romano. Sin embargo este niño, nacido en un oscuro y lejano rincón del imperio, estaba por ofrecer al mundo una paz mucho más grande, verdaderamente universal en sus objetivos y trascendente sobre cada límite de espacio y de tiempo.
Jesús se nos presenta como heredero del rey David, pero la liberación que él trajo a su propia gente no significaba ahuyentar los ejércitos enemigos sino vencer para siempre el pecado y la muerte.

El nacimiento de Cristo nos desafía a repensar nuestras prioridades, nuestros valores, nuestro mismo modo de vivir. Y mientras la Navidad es sin duda un tiempo de gran alegría, es también una ocasión de profunda reflexión, más aun, es un examen de consciencia. Al final de un año que ha significado privaciones económicas para muchos ¿qué cosa podemos aprender de la humildad, de la pobreza, de la sencillez de la escena del pesebre? La Navidad puede ser el tiempo en el que aprendemos a leer el Evangelio, a conocer a Jesús no solamente como el Niño del pesebre, sino como aquel en el cual reconocemos a Dios hecho Hombre. Es en el Evangelio donde los cristianos encuentran inspiración para toda su vida cotidiana y para su participación en los asuntos del mundo - sea que esto suceda en el Parlamento o en la Bolsa-. Los cristianos no deben escapar del mundo; por lo contrario, deben comprometerse en él. Pero su participación en la política y en la economía deben trascender cada forma de ideología.

Los cristianos combaten la pobreza porque reconocen la dignidad suprema de cada ser humano, creado a imagen de Dios y destinado a la vida eterna. Los cristianos trabajan por una repartición equitativa de los recursos de la tierra porque están convencidos de que, en su calidad de administradores de la creación de Dios, tenemos el deber de hacernos responsables de los más pobres y de los más vulnerables. Los cristianos se oponen a la avidez y a la explotación, convencidos de que la generosidad, y un amor que se olvida de sí mismo, enseñados y vividos por Jesús de Nazaret, son el camino que conduce a la plenitud de la vida. La fe cristiana en el destino trascendente de cada ser humano implica la urgencia de la tarea de promover la paz y la justicia para todos.

Debido a que tales fines son compartidos por muchos, es posible una gran y fructífera colaboración entre los cristianos y los demás. Sin embargo los cristianos, dan a César solamente aquello que es de César pero no aquello que pertenece a Dios. Algunas veces a lo largo de la historia los cristianos no han podido condescender a las solicitudes hechas por César. Desde el culto del emperador de la antigua Roma hasta los regímenes totalitarios del siglo apenas transcurrido, César ha tratado de ocupar el puesto de Dios. Cuando los cristianos rechazan de inclinarse ante los falsos dioses propuestos en nuestros tiempos no es porque tienen una visión anticuada del mundo. Por el contrario, eso sucede porque están libres de ataduras ideológicas y son animados por una visión tan noble del destino humano, que no pueden aceptar compromisos con nada que lo pueda insidiar.

En Italia, muchas escenas de nacimientos están adornadas con ruinas de los antiguos edificios romanos como fondo. Esto demuestra que el nacimiento del niño Jesús marca el fin del antiguo orden, el mundo pagano, en el que las reivindicaciones de César parecían imposibles de desafiar. Ahora hay un nuevo rey que no confía en la fuerza de las armas, sino en la potencia del amor. Él lleva la esperanza a todos aquellos que, como Él mismo, viven al margen de la sociedad. Lleva esperanza a cuantos son vulnerables en las fluctuantes fortunas de un mundo precario. Desde el pesebre, Cristo nos llama para vivir como ciudadanos de su reino celestial, un reino que cada persona de buena voluntad puede ayudar a construir aquí sobre la tierra. 

martes, 12 de agosto de 2008

La pobreza no es una fatalidad

Ricardo Benjumea publicaba hace meses en "Alfa y Omega" un interesante artículo que nos puede hacer pensar. Ya el título tenía algo de provocación y mucho de verdad: "Los ricos, cada vez más ricos..., a expensas de los pobres"



Necesitamos un nuevo concepto de "calidad de vida", porque la senda del consumismo es insostenible; siempre querremos más y más, seremos infelices y nunca nos daremos por satisfechos. Lo reconocía el Worldwatch Institute, en su informe El estado del mundo. 2004. La advertencia no es gratuita: el 20% de la Humanidad acapara el 80% de los recursos del planeta, y esta voracidad es el motor que mantiene un sistema de injusticia que sume en la pobreza a millones de personas. Hay dos noticias, una buena y otra mala. La mala es que los ciudadanos de los países ricos cargamos sobre nuestras espaldas con parte de la responsabilidad del hambre, la guerra o las muertes por enfermedades fácilmente curables en el tercer mundo. La buena es que cada uno de nosotros, aunque sólo sea con pequeños gestos, puede contribuir a hacer mejor este mundo.
Se ha extendido entre los economistas el término que Robert K. Merton, padre de la moderna sociología de la ciencia, bautizó como efecto Mateo:
«A quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene»
Los ricos –en otras palabras– cada vez son más ricos; y los pobres, cada vez más pobres.

Dice el último Informe sobre Desarrollo Humano, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD): «Más de 1.200 millones de personas –una de cada cinco en todo el mundo– sobrevive con menos de 1 dólar al día. Durante los años 90, la proporción de personas que sufría la pobreza de ingresos extrema descendió de un 30% a un 23%. Sin embargo, teniendo en cuenta el crecimiento de la población mundial, la cifra sólo descendió en 123 millones. Si se excluye a China (que consiguió sacar de la pobreza a 150 millones de personas), la cifra de personas que viven en la pobreza extrema en realidad aumentó en 28 millones».

Nadie se libra. El aumento en las desigualdades sociales ha sido una constante durante los últimos 10 años, según doña María José Hernando, del Departamento de Estudios y Documentación de Manos Unidas. Cáritas España ha analizado en sucesivos estudios este fenómeno de la pobreza creciente. Más de dos millones de familias españolas, estimadas con “criterio conservador”, viven, según esta organización, bajo el umbral de la pobreza; es decir, por debajo de la mitad de la media de la renta disponible neta. Son un 19,4% de los hogares y un 22,1% del conjunto de la población.

Desde mediados de los años 80, han sido frecuentes, en el mundo rico, los recortes en el Estado del Bienestar. El proceso ha incluido reformas fiscales que han penalizado a las rentas del trabajo frente a las del capital, y que, proporcionalmente, han bajado los impuestos para los más ricos. La precariedad laboral ha introducido un nuevo factor de riesgo: aquellas familias que viven en la pobreza moderada corren el peligro, ante una mala racha, de caer en picado hasta los niveles de pobreza más extremos.

Preocupa mucho, entre los expertos, la aparición de nuevos y serios problemas de aprendizaje y disciplina en el sistema educativo. Muchos chavales pasan por la escuela sin sacar el mínimo provecho necesario para poder valerse por sí mismos, en una sociedad cada vez más competitiva y despiadada con quienes fracasan. Los problemas de conducta, el consumo cada vez más temprano de drogas, la aparición de pandillas marcadamente antisociales… auguran la triste realidad de futuras bolsas de exclusión social. María José Hernando señala, además, el peligro de «no subirse al carro de las nuevas tecnologías, que es lo que le permitirá a uno no descolgarse de los requisitos personales que introducen los avances tecnológicos. Si se pasa esa barrera, es muy difícil volverse a incorporar. Ese muro es cada vez más infranqueable».

El saqueo del Sur

Quizá no sea España la tierra del Paraíso terrenal, pero, por graves que sean las contradicciones internas, pertenece al selecto club de países en los que comer tres veces al día, percibir un seguro por jubilación o desempleo, y disponer en casa de teléfono, luz y agua potable no es ningún extraño lujo.

Europa es la primera potencia comercial del mundo; compra y vende todo tipo de bienes y servicios. Y sus niveles de consumo son, con Estados Unidos y Japón, los más altos del mundo. Pero ¿qué produce de todo ello? «Poquísimo –responde Hernando, de Manos Unidas–. No tenemos bosques, nuestras minas están agotadas; no tenemos petróleo… Es decir, los bienes que necesitamos para mantener los niveles de consumo actuales, para que funcionen los sistemas de locomoción, las telecomunicaciones..., todo eso lo extraemos del tercer mundo. Y en condiciones muy injustas, a menudo a cambio de armas o financiación para grupos armados rebeldes. Es muy fácil llegar a estos países, donde hay mucha inestabilidad social y política, con unos Gobiernos corruptos, y proponer cualquier tipo de canje que a ellos les facilite el mantenimiento del poder». Triste ejemplo de esta realidad es la implicación de multinacionales occidentales en la guerra de la República Democrática del Congo, denunciada por las Naciones Unidas. En el caso de la Ayuda Oficial al Desarrollo, el politólogo don Carlos Gómez Gil (España y la ayuda oficial al desarrollo: los créditos FAD, CIP. 1994) destapó que, durante los años 80, España ayudó a muchos países pobres con créditos para la compra de armamento.

Otra cuestión es la de «las empresas que se instalan en el tercer mundo para explotar mano de obra en condiciones en las que jamás podrían hacerlo aquí», y que, con el daño que producen al medio ambiente, ponen en peligro el sustento de varias generaciones. Pues bien, «gracias a eso, hay productos que llegan a los países ricos a precios que nos parecen, en muchos casos, ridículos», dice María José Hernando. «Debemos informarnos. Es importante comprender que todos esos datos de la pobreza en el mundo se producen por algo. Y que hay solución». Podemos, por ejemplo, «colaborar con organizaciones, trabajar como voluntarios, participar en denuncias, comprar productos de comercio justo... Son muchas cosas, muy sencillas, las que cualquiera podemos hacer a nivel personal. De entrada, intentar ser un poco austeros, y destinar una pequeña cantidad a personas u organizaciones que verdaderamente lo necesitan. ¿Arreglar el mundo? Con esos pequeños gestos, es una pequeña parte del mundo la que se transforma, y eso ya es importante. Nosotros creemos que es posible; por eso trabajamos. Además, no queda otro remedio. Este mundo no va a ir a ninguna parte así; no podemos seguir viviendo a expensas de los demás. En cualquier momento, los pobres se van a hartar de ser pobres, y nos van a querer devorar».