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jueves, 17 de julio de 2014

Verdades innegociables

Verdades innegociables en una cultura relativista
       Aceprensa     JUAN MESEGUER
            7.JUL.2014

¿Qué tienen en común la lucha por la abolición de la esclavitud, el movimiento por los derechos civiles de los negros, la defensa del no nacido y del matrimonio, y la libertad religiosa? La convicción de que existen unas verdades intocables, pues de ellas depende la calidad ética de la sociedad. Así lo explica en un libro Sheila Liaugminas, periodista de Chicago, ganadora de un premio Emmy y colaboradora de MercatorNet (1).
¿De dónde le vino a Abraham Lincoln la autoridad para decir que el derecho a elegir tener esclavos es inmoral? Al fin y al cabo, las leyes del país lo permitían. ¿Y de dónde le vino a Martin Luther King la autoridad para liderar un movimiento que reclamaba nuevos derechos civiles para los negros? Al fin y al cabo, la segregación era legal. ¿Y de dónde le vino a Naciones Unidas la autoridad moral para pedir el reconocimiento de unos derechos humanos en una declaración internacional, a pesar de que algunos Estados miembros los estaban vulnerando?
De los primeros principios, contesta Liaugminas. Principios que están enraizados en la naturaleza humana y que, a través de la razón, permiten descubrir una serie de derechos que son intrínsecos a toda persona pues derivan de la dignidad humana.
El problema es que la cultura actual, marcada por el relativismo, está perdiendo la coherencia intelectual. Y así, no es extraño encontrarse con activistas a los “que les gusta subirse a hombros de Martin Luther King”, pero que “no están dispuestos a llevar hasta las últimas consecuencias sus enseñanzas sobre la justicia y la verdad de los derechos humanos”.
El movimiento civil de nuestros días
Liaugminas explica cómo la retórica de Luther King sobre las leyes injustas y la igual dignidad de todos los seres humanos encontró continuidad en el movimiento provida que surgió en Estados Unidos tras la legalización del aborto, con la sentencia Roe v. Wade de 1973.
Este mensaje ha ido calando en las generaciones más jóvenes, que hoy tienden a ver el debate sobre el aborto en términos de justicia antes que de liberación: dado que el feto es un ser humano vivo (independientemente de que sea deseado o no), el aborto es una injusticia radical que nos afecta a todos y a la que hemos de poner fin (cfr. Aceprensa, 22-01-2013).
Alveda King, sobrina de Luther King, lleva años insistiendo en que el sueño de su tío abarca también a los concebidos no nacidos. Y denuncia el doble rasero con que se juzga ahora la discriminación: “Muchos de nosotros hablamos de tolerancia y de inclusión, pero después nos negamos a ser tolerantes e inclusivos con los más débiles e inocentes de la familia humana”.
El fallecido Richard John Neuhaus, un referente intelectual del catolicismo norteamericano, también sostuvo que la lucha contra el aborto es el movimiento civil de nuestros días. Como recuerda Liaugminas, el propio Neuhaus participó el 28 de agosto de 1963 en la gran Marcha a Washington para reclamar el fin de la discriminación contra los negros, lo que le permitió hacer de puente entre los dos movimientos.
La Declaración de Manhattan proclama como “verdades innegociables” la sacralidad de la vida humana; el matrimonio entre hombre y mujer; y los derechos de conciencia y de libertad religiosa
Precisamente a Neuhaus, que fue pastor luterano y activista político de izquierdas antes de convertirse al catolicismo y ordenarse sacerdote, se le considera el artífice de la alianza que poco a poco han ido creando los evangélicos y los católicos estadounidenses en los debates públicos sobre cuestiones éticas y sociales (cfr. Aceprensa, 12-01-2009).
Un núcleo de principios intocables
A finales de 2009, unos meses después de la muerte de Neuhaus, unos 150 líderes religiosos de las principales confesiones cristianas de EE.UU. presentaron la Declaración de Manhattan para explicar que hay un núcleo de principios intocables que están por encima de la división izquierda-derecha (cfr. Aceprensa, 3-12-2009).
El manifiesto proclama como “verdades innegociables” –no solo como convicciones de los creyentes– la sacralidad de la vida humana desde el momento de la concepción hasta la muerte natural; el reconocimiento del matrimonio como unión entre hombre y mujer; y los derechos de conciencia y de libertad religiosa.
También Benedicto XVI había animado a los católicos a ser consecuentes a la hora de defender en la vida pública unos “principios innegociables”, que en buena parte coinciden con los de la Declaración de Manhattan (cfr. Discurso del 30-06-2006). No era esta una postura confesional, pues son principios que “están inscritos en la misma naturaleza humana y, por tanto, son comunes a toda la humanidad”, decía entonces el papa.
Son precisamente las decisiones sobre estas cuestiones las que configuran la calidad ética de una sociedad. Aquí no valen las etiquetas políticas “izquierda”, “derecha”, “progresista”, “conservador”… “En el centro de estos principios está la dignidad humana”, explica Liaugminas. “Así que, puestos a buscar etiquetas, tendríamos que ponernos la de ‘defensores de la dignidad’”.
Cuando el lenguaje distorsiona la realidad
El desacuerdo en torno a ese núcleo de principios innegociables puede explicarse, a juicio de Liaugminas, por la “dictadura del relativismo” denunciada por Benedicto XVI. Si negamos la posibilidad de una verdad objetiva y universal, entramos en el terreno de la pura arbitrariedad donde cualquier cosa puede ser justificada.
Liaugminas explica, con palabras de Josef Pieper, que en una cultura relativista la gente no solo es incapaz de encontrar la verdad sino que además no se preocupa de buscarla. “Ya no se busca lo real, porque la ficción satisface y basta la perfecta ficción de la realidad, creada mediante un abuso deliberado del lenguaje”.
Hoy se ha impuesto un lenguaje sobre los derechos, basado en la autonomía individual, que enmascara con eufemismos los verdaderos derechos y deberes derivados de la dignidad humana. Así, se habla del “derecho a elegir” y de la “compasión” para encubrir el aborto y la eutanasia, que son dos decisiones destinadas a acabar con una vida humana vulnerable; se apela a la ‘igualdad’ para redefinir el matrimonio; y se invoca la separación entre Iglesia y Estado para restringir los derechos de conciencia.
De ahí que el empeño de Liaugminas en este libro sea reproponer un lenguaje común sobre la dignidad humana, que de hecho comparten los líderes sociales más carismáticos y las confesiones religiosas más importantes de EE.UU. “Un lenguaje que mira a los primeros principios que dan forma a una sociedad libre, justa y moral. Que huye de las etiquetas políticas (…); y de los muchos eslóganes y prejuicios colgados sobre los oponentes para bloquear el diálogo”.
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Notas
(1) Sheila Liaugminas, Non-Negotiable: Essential Principle of a Just Society and Human Culture. Ignatius Press, San Francisco (2014).

miércoles, 22 de mayo de 2013

LA PERSONA EMBRIONARIA


LA PERSONA EMBRIONARIA Y FETAL ES UN ALGUIEN, UN TÚ

 María de las Nieves Álvarez Peláez. Médico. Proyecto Mujer  Ecología y Cultura (ANDI)


 I.VISIÓN ANTROPOLÓGICA


La pregunta sobre ¿Quién es el embrión?  Lleva en sí misma la pregunta ¿Quién  es el hombre?
La antropología pone como centro de su reflexión al ser humano y hace comprender que es un ser que vive y además sabe que vive, como una dimensión propia de ser hombre. Él es el único ser que necesita comprenderse para saber quién es y se pregunta quién quiere ser  y qué puede llegar a realizar por sí mismo.


Abordar el inicio de la encarnación humana es decir que el hombre toma cuerpo es plantearse la realidad del origen de la vida humana ,el cuerpo al que estoy íntimamente unido, yo tengo idea de mi mismo, soy el que piensa y a la vez tengo una idea distinta de mi cuerpo en la forma de anatomía, fisiología, material que no piensa, pero resulta cierto  que yo, o también puedo decir mi alma, por la cual soy yo lo que soy, es distinta de mi cuerpo, pudiendo ser y existir en el cuerpo dándole forma y más allá de él . Y si necesariamente tenemos que hablar del ser humano embrión, nos tenemos que referir a él como la primera realidad de la vida humana como existencia corporal.
Cuando me observo desde el embrión o en otra etapa, puedo ver mi cuerpo en formación y comprender su fisiología, pero si me observo cómo ser existencial, me encuentro en una situación concreta y cambiante, un mundo dado que no es elegido por mí y está ahí construido. Me encuentro con realidades fisiológicas y existenciales que comenzando por mi propio cuerpo  no puedo eludir, pero para ser más precisos hay que referirse a alguien que nos va a acompañar en nuestra existencia siendo padres y este alguien-hijo  constituye a dos personas en padres y a otra tercera persona en hijo y siendo  el hijo- sí mismo-los padres dirán nuestro hijo.

A la vez tenemos que tener en cuenta como hecho real biológico y personal, que en este proceso humano de inicio hay tres personas, ya que no es posible la vida humana sin la concurrencia de padre, madre e hijo.
 Siendo tres personas únicas están en fase de desarrollo diferido y ese proceso lo marca el tiempo, ya que nuestro desarrollo corporal y humano implica tiempo, pertenecen a la familia humana, por eso tenemos antepasados y filiación natural, no nos fabrican en laboratorio, alguien en su deseo de que existamos, nos hace una llamada muy especial ,unos padres van a donar la potencialidad de una célula germinal cada uno, que fusionándose en un momento del tiempo,  se inicia la gestación de un nuevo ser humano, un tercero, un tú que llega ,ese momento de concepción del ser viviente nuevo es la fecundación.

Soy embrión trátame como un tú.

 Si le preguntamos a un niño y también a un joven ¿Tú quién eres? te responde  "Yo soy yo" . El embrión nos expresa su conducta en sus variables formas por eso nos habla en su lenguaje no verbal  de muchas maneras, pero que también podemos traducir a nuestro forma expresiva: Yo soy un ser humano aún en fase embrionaria, es decir de muy corto tiempo, soy alguien y como el joven también digo  "yo soy yo" .Para mis padres soy alguien que viene y en ningún momento mis padres están pensando que no soy alguien o soy de otra especie no humana, bien saben que soy su hijo. Pero quiero hablar, no desde lo celular, sino de ese alguien que soy yo mismo, no soy sólo una célula, aunque los científicos me han dado en su estudio ese nombre, pero soy y seré siempre una persona, que vengo a la existencia en forma de célula primigenia -el zigoto- y ese alguien que te interpela no es una cosa o un objeto de análisis y de estudio o de investigación, ese alguien que te llama y te interroga desde la realidad que ahora vivo" soy yo " e inicio la formación de mi corporeidad, por tanto me dirijo a  ti y a vosotros que sois "mi tú", pero pido que me reconozcas desde mi forma de expresión corporal y comprendas mi conducta inteligente en la formación de mi cuerpo y verás el proceso dinámico que soy capaz de exhibir y hoy hecho visible por medios técnicos microscópicos, ecografías etc .
Si,  esa es mi imagen cambiante, pero no te olvides que en cada conducta que exhibo de mi mismo te estoy interrogando, si no me reconoces como persona al igual que tú también lo eres, tengo que decirte que tú no sabes quién soy, pero también debo decirte que tampoco sabes quién eres tú y debes preguntarte por ello, ya que en esta realidad tuya y mía, tú has pasado antes por ello.
 Así que aprende a leer tu pasado y reconócete en mí, como yo más adelante en el tiempo me seguiré reconociendo en ti. No te preguntes qué soy y me disecciones, sino quién soy y mírame como un alguien a quien se dice tú, ya que de momento no conoces mi nombre, pero  en su momento dentro de poco tiempo, yo mismo te diré mirando mis fotos prenatales o mi ecografía .Mira "Ese soy yo".

Cuando una persona te llama por tfno y tú no estabas presente , te dan después la noticia y se refieren al que llamó y te dicen: "Alguien te llamó por tfno pero no dijo su nombre". Y en ese alguien que ahora no ves, tu reconoces que detrás hay una persona y aunque no sabes su nombre, no dudas de que ese invisible que te ha llamado  es un ser humano, ya que el lenguaje sirve de comunicación, pero si además  tienes que esperar un tiempo para saber quién llamó, lo esperas con paciencia y luego lo ves y compruebas su nombre y te das cuenta que es tu amigo y ya lo puedes nombrar.

Por eso te digo que si vas a estudiar la vida humana no debes tratarme en general como  si yo fuera un conjunto de células embrionarias que forman la especie humana, ya que la vida humana sólo es posible pensarla y observarla  como realidad personal concreta y a cada uno individualmente. Soy alguien que merece respeto.
Ej Si el médico no es capaz de ver la totalidad de ese ser humano como ente total ,como persona y sólo piensa en órganos, sistemas, en la fisiología, en la mezcla de los elementos químicos que componen su organismo, en las neuronas, pues la despersonaliza y esa persona embrionaria o fetal es única y su cuerpo puede estar debilitado, herido o enfermo y necesita el tratamiento adecuado, pero ante  el médico hay una persona que además de ser única, requiere un acto médico para su vida en desarrollo, pero esa persona que padres y médico observan en la ecografía, sólo ella es la que posee su cuerpo, ella es a la vez su cuerpo, pero no se debe tratar sólo en relación a sus funciones fisiológicas, sólo ella con propiedad puede decir " mi cerebro o mi corazón" ,pero el médico debe tratar a la persona que es, a la que se dirige y a la vez auxiliar si existe un órgano enfermo o una alteración físico química en su organismo.

¿Y cómo es la vida del ser humano?, ¿Cómo es ese alguien?

La persona embrionaria  desde su realidad silenciosa va dejando de ser un secreto y es objeto de estudio y necesita ayuda continua, pero esa persona que se estudia es un interrogante es cada persona concreta, cada hombre y cada mujer como seres diferenciados y con anatomía y fisiología distinta, que  pueden estar en fase embrionaria, fetal, niño ,adulto, nos encontramos con que esa vida no constituye algo, eso forma parte de la comprensión explicativa y del funcionamiento del proceso fisiológico ,psicológico, pero siempre referido al humano, a un alguien, la referencia de este ser humano en situación es el propio cuerpo. Y en él, aunque lo veamos como esbozo inicial se relaciona su momento subjetivo, con la objetividad  de su estudio y por él, puede comprenderse como "interioridad" o "exterioridad" según se dé a la intención del observador ver el alguien o ver su funcionamiento en formación y desarrollo.

En la vida humana y personal concreta ,somos capaces de distinguir entre mundo exterior con realidades físicas y un mundo interior o psíquico, esta misma realidad personal está presente en la persona en fase de embrión .Cada persona humana se manifiesta al mundo a través de su cuerpo, por ello, el diminuto cuerpo en formación del embrión con su dinamismo propio, exhibe en cada momento imagen de su cuerpo, que cambia de forma muy rápida, pero en su interior la vitalidad, el movimiento interno y externo va configurando su psiquismo y todo el proceso está configurado por la inteligencia y la voluntad que están presentes en el mundo interior del embrión y del feto, hay un inductor inteligente que marca el proceso desde el código genético y configuran el "Yo soy .." y un mundo exterior relacionado con la placenta para su nutrición y la relación con la madre  mediante señales que marcan un dialogo molecular y así sigue el cambio continuo del cuerpo creciendo, naciendo, desarrollándose y envejeciendo .
La corporeidad es la forma concreta de cómo nos vemos  en el exterior y en el mundo. La corporeidad es cambiante y en este sentido es una configuración temporal, una historia viviente personal impulsada en forma de acción a  varias posibilidades  para dar realidad futura. El cuerpo que el "Yo soy "exhibe en cada momento de su existencia embrionaria, fetal o adulto con su conducta y cambio de imagen, no es una realidad independiente de  su propia vida, sino que cada vida humana varón o mujer es corpórea.

II.VISIÓN CIENTÍFICA

El inicio del proceso embrionario marca un cambio generacional

 El genetista Jerôme Lejeune, dice  "De toda la información nueva que definirá a un individuo, que le dictará no sólo su desarrollo sino también su conducta ulterior; de ahí que sabemos que todas esas características están escritas en la primera célula. Y lo sabemos con una certeza que va más allá de toda duda razonable, porque si esta información no estuviera ya completa desde elprincipio, no podría tener lugar."
Cada embrión humano inicia su ciclo vital en el momento que el espermatozoide atraviesa la membrana en el óvulo. La fusión de los gametos masculino y femenino - singamia- marca el paso que bien podemos llamar generacional, esto es, la fusión de los pronúcleos  de los gametos da un organismo viviente humano, hay un cambio de la generación paterno /materna a alguien nuevo el hijo-es un puente entre la generación anterior y la  generación   nueva . Esta fusión de los gametos representa una discontinuidad con las fases anteriores, ya que marca la constitución de una nueva individualidad biológica que en sí misma es distinta de los dos gametos que la han generado, se da un sistema dinámico único con dos tipos de componentes: los genes en el núcleo celular y en el caso del zigoto-embrión totipotenteel otro componente es el citoplasma. Desde el punto de vista físico-químico, estas peculiaridades determinan que en cualquier estado de su desarrollo, el embrión es un organismo humano original, único, irrepetible, distinto de todos los otros de su especie que  sean comparable en el mismo estadio de su evolución. Y es así desde el momento de la fecundación, no hay ninguna razón fundamentada para pensar que un embrión no es un organismo viviente humano antes de su implantación en el útero. 

El informe Warnock  en 1984 fijó un plazo de 14 días desde la concepción sin fundamento en lo científico y se inventó el concepto preembrión, para poder experimentar con embriones es una fecha arbitraria y el propio informe reconoce que "Ningún estadio particular del proceso de desarrollo es más importante que otro, todos forman parte de un proceso continuo" Ese margen pretendía mitigar la ansiedad de la gente.

Desde la ciencia biológica se afirma que él como zigoto es un nuevo individuo, claramente un organismo de la especie humana, lo acreditan como individuo humano el estudio de sus cromosomas y la trayectoria normal que sigue en su desarrollo a través de distintas etapas, desde el ser embrionario, a ser niño, a un ser adulto que envejece y muere.

Dice Dr Lejeune, "Fuera de cualquier duda, que sabemos que en el principio existe el mensaje. El mensaje genético es vital y su manifestación es vida. Aún más brevemente diría, fuera de toda discusión, que si el mensaje es un mensaje humano, el ser es un ser humano".

El genoma  ya activo en el estadio pro-nuclear  es un proceso nuevo  y una serie de eventos tienen lugar en el oviducto materno y  es el genoma del nuevo viviente  el que  asume de inmediato el control del desarrollo embrionario y  el zigoto  se comporta como un organismo abierto y distinto de la madre, Hay una serie de señales endocrinas hormonales, además de las condiciones de oxígeno, temperatura, acídez, fuerza de interacción iónica, osmosis y nutrientes que posibilitan que el medio del oviducto materno donde debe vivir el embrión  hasta su implantación  sea  compatible para su integridad. De hecho la comunicación madre- embrión es recíproca, ya que el embrión desde el comienzo produce también hormonas y otras moléculas que mantienen el diálogo molecular.La primera división del zigoto influye en el destino de cada una de las dos células que se formarán: una célula dará origen  al embrioblasto masa celular interna , que derivarán los tejidos del embrión y la otra al trofoblasto que derivarán la placenta y cordón umbilical para la nutrición del embrión y del feto .El embrión se implanta en el endometrio del útero hacia el 5º o 6º día después de la fecundación, éste se encuentra en estadio de blastocisto.

Lo que parece difícil de aceptar es comprobar la autonomía del embrión y si  fueran un conglomerado de células,  no tendría autonomía propia y unitaria. Su vitalidad expresa su inteligencia y voluntad para vivir y crecer, ya es capaz de dar órdenes al organismo de la madre , adaptándola a ella al desarrollo de su propio proceso.  Este ser embrionario, al sexto o séptimo día, tiene un tamaño de un milímetro y medio y es el que está al mando de las operaciones que se van a ejecutar.  Es su ser inteligente y personal, y él y sólo él, es quien impide que la madre tenga la menstruación y obliga al cuerpo amarillo del ovario a segregar la  progesterona y así crea los mecanismos físico-químicos que obligan a su madre a conservar su protección y es capaz de hacer que el cuerpo de la madre cambie.

Las propiedades  del desarrollo embrionario humano

1.-.Aparece novedad biológica: dos células germinales óvulo y espermatozoide se unen para dar lugar al zigoto como ser biológico único e irrepetible

2.- Coordinación: Esta propiedad implica una rigurosa unidad del sujeto que se está desarrollando. El desarrollo del  embrión desde la fusión de los gametos –singamia-hasta que aparece el disco embrionario, desde el día 14 en adelante, es un proceso que manifiesta una secuencia coordinada, requiere una actividad molecular y celular, bajo el control del nuevo genoma que actúa como centro organizador del desarrollo del nuevo ser

3.- Continuidad: La singamia inicia un nuevo ciclo de vida desde la fecundación hasta la muerte,  se da una diferenciación  celular ininterrumpida y progresiva de un individuo humano bien determinado, según un plan único y definido que comienza desde la fase de zigoto Esta continuidad implica y establece la unicidad del nuevo  individuo , un sujeto humano que  es único e irrepetible.

4.-Especificidad: Está  marcada por el genoma del zigoto  y pertenece a la especie homo sapiens.

5.-Gradualidad: Es un desarrollo gradual, orientado permanentemente desde la fase de zigoto hasta la forma final. Todo embrión humano mantiene su propia identidad, individualidad y unidad.

6.-Autonomía:  El genoma del embrión  humano actúa de forma autónoma para dirigir el desarrollo, no es la autonomía  absoluta, pero da órdenes a la madre y hay interacción con el útero de la madre para recibir nutrientes.

7.-Capacidad de relacionarse y unirse, que varía con el desarrollo: hay diálogo  intermolecular madre -hijo  e interacción con el útero

 El embrión ser humano es un viviente desde el momento de la fusión de los  gametos, no es un conglomerado  de células, sino un individuo humano real en desarrolloEn los últimos años surgió una corriente de opinión que lleva a una gran confusión sobre el estatuto del embrión. Para fines de investigación se da la selección y la eliminación de embriones .Y para justificar la muerte de este  ser humano se afirma que el embrión no es un individuo humano, así al embrión se le llama preembrión  y se  da  la manipulación de los primeros días del desarrollo, cuando en realidad se trata  siempre del mismo ser humano en distinto estado de desarrollo.

 Con estas opiniones se está cuestionando la unidad  y unicidad del embrión, el ser único e irrepetible.

Ya el embriólogo alemán Erich Bleschsmidt que murió en 1990 lo expresó  bien claro  "Para cada organismo vivo, como para el embrión humano, es válida la Ley de Conservación de la Individualidad".
 Él se refería a que el embrión y el feto pueden cambiar su apariencia  y contorno exterior  a lo largo del tiempo, pero el  ser esencial en sí mismo permanece inmutable, está presente y activo dentro de estas formas externas que nos permite visualizarlo. Más allá de las formas cambiantes observadas hay un alguien, una persona cualquiera de nosotros
.


domingo, 28 de febrero de 2010

Derecho a matar

Ignacio Sánchez Cámara escribe en "La Gaceta":

Al decir “todos” y no “toda persona”, la Carta Magna pretende incluir al no nacido. Estamos ante el mayor despropósito legislativo de la democracia. Si la madre decide si tiene el hijo o acaba con él, bien podemos decir que, ahora, nadie tiene en España derecho a la vida. La vida es una arbitraria concesión materna.

Se ha consumado la aprobación de una ley inicua, quizá el más grave error jurídico de la democracia. Mientras, el presidente del Gobierno proclamaba en la ONU, a propósito de la pena de muerte, que nadie tiene derecho a quitar la vida a un ser humano. A menos, al parecer, que aún no haya nacido. Lo que era un delito es ahora un derecho. A pesar de que se intentó negar la realidad, el artículo 18 lo configura como un derecho de la mujer. No se trata de una mera despenalización, sino de su configuración como derecho; esto es, como algo que puede ser legítimamente exigido de los poderes públicos.

El Senado, por una exigua mayoría y con el apoyo del PNV y la mitad de los senadores de CiU, ha consumado la aprobación de una ley inicua, quizá el más grave error jurídico de la democracia. Bajo el ropaje vergonzante de la regulación de la “salud sexual y reproductiva de la mujer”, la ley convierte lo que hasta ahora había sido en nuestro ordenamiento jurídico un delito, en un derecho de la mujer. Mientras, el presidente del Gobierno proclamaba en la ONU, a propósito de la pena de muerte, que nadie tiene derecho a quitar la vida a un ser humano. A menos, al parecer, que aún no haya nacido.

La ley, que entrará en vigor dentro de cuatro meses, entraña una transformación radical de nuestro derecho y de la concepción sobre la dignidad de la vida humana. Lo que era un delito es ahora un derecho. A pesar de que se intentó negar la realidad, el artículo 18 lo configura como un derecho de la mujer. No se trata de una mera despenalización, sino de su configuración como derecho; esto es, como algo que puede ser legítimamente exigido de los poderes públicos; es decir, no algo meramente lícito, sino exigible con la fuerza del derecho. No es que se despenalice matar en ciertos casos; es que se proclama como derecho. Hay un derecho a matar.

El texto aprobado es, si no me equivoco, inconstitucional. El artículo 15 de la Constitución establece que “todos tienen derecho a la vida”. Y al decir “todos” –y no “toda persona”– se pretendía incluir inequívocamente al no nacido. Además, el TC, aunque declaró que el feto no es titular del derecho a la vida, estableció que era un bien digno de protección jurídica. Una ley de plazos es incompatible con esta consideración del embrión. En las primeras catorce semanas de gestación, el aborto es un derecho que se ejerce sin necesidad de alegar ningún supuesto. ¿Dónde queda la protección jurídica? Por lo demás, el aborto es libre hasta la semana vigesimosegunda, pues basta con alegar riesgo para la salud de la madre. Argumentar que la formación del consentimiento de la mujer garantiza la protección, sólo añade cinismo al mal. Además, el nuevo texto prevé que la mujer que declare su decisión de abortar sea informada de la forma y lugar para hacerlo, y sólo después –y en sobre cerrado–, se le informa de las ayudas, en caso de que decida seguir con el embarazo. En Alemania, que tiene una ley de plazos, la información a la mujer persigue, por imperativo legal, que ésta continúe con la gestación. Justo lo contrario que en el caso español.

También reviste una extrema gravedad el aspecto educativo. Con la nueva ley, el aborto se concebirá como una realidad normal en los planes de estudios, y su técnica pasará a formar parte de la formación de los profesionales de la sanidad. Habrá que enterrar, junto a Montesquieu, también a Hipócrates. Las menores de 16 y 17 años podrán abortar con sólo notificarlo a uno de sus padres o tutores, salvo que aleguen eventuales situaciones de violencia. Es decir, quienes no pueden comprar tabaco o consumir una cerveza en un local público, pueden abortar libremente. Aunque la ley prevé la objeción de conciencia de los médicos y enfermeros, prevalece sobre ese derecho el de la mujer a abortar.

Es tan inicua la nueva regulación que sus defensores se acogen a la mentira del eufemismo. La ley no regula el aborto, sino la salud sexual de la mujer. El aborto se encubre bajo la expresión “interrupción voluntaria del embarazo”. Extraña interrupción ésta que carece de posible continuación. Por eso se resisten a la exhibición de la realidad del embrión eliminado. Necesitan la invisibilidad del embrión para acallar su mala conciencia. También resulta invisible la paternidad. Es cosa de la mujer. El varón está de más. Eso sí, si la mujer decide no interrumpir el embarazo –es decir, no matar a su hijo antes de nacer–, entonces puede exigir la responsabilidad al padre, incluida la prueba de paternidad. La desprotección de la mujer es clamorosa. Toda la ley es una invitación al aborto. Desaparecen las alternativas, a pesar de las demandas de adopción, y las ayudas, que intentan convencer a la mujer de que tenga a su hijo. Claro que las invocaciones de los partidarios de la ley al drama son muy hipócritas, pues ¿qué drama puede haber en el ejercicio de un derecho?

Estamos ante el mayor despropósito legislativo de la democracia. Julián Marías dijo que la aceptación social del aborto, junto al consumo de drogas, era el mayor error moral del siglo XX. Si la madre decide si tiene el hijo o acaba con él, bien podemos decir que, ahora, nadie tiene en España derecho a la vida. La vida es una arbitraria concesión materna.

sábado, 13 de febrero de 2010

La Iglesia y el aborto

La Iglesia y el aborto en la historia: 2.000 años diciendo que es homicidio

Pablo J. Ginés escribe este articulo publicado en Forumlibertas.com, 10/02/2010


Desmontamos el bulo que dice que la Iglesia no siempre condenó el aborto como homicidio
Desde los años 70, grupos y medios de comunicación favorables al aborto repiten que Santo Tomás de Aquino aceptaba los abortos precoces y que hasta 1869 la Iglesia no prohibió el aborto en firme. En América Latina y en España este es un mantra que repite, por ejemplo, la asociación abortista "Católicas por el Derecho a Decidir", un lobby que no tiene nada de católico y que está financiado por la IPPF y otras empresas del aborto para ayudar a la legalización del aborto en países católicos. Algunas asociaciones de cierto feminismo y de ideología de género repiten el bulo.
La realidad es otra. Es falso que la Iglesia o Santo Tomás aceptasen el aborto temprano o que hasta 1869 la Iglesia no prohibiese el aborto en firme.

La Iglesia Católica siempre ha enseñado que el aborto es un homicidio, incluso en los primeros siglos, cuando era práctica habitual y legal en Roma y Grecia. El castigo canónico y la penitencia ante este homicidio ha cambiado según casos y circunstancias, pero la enseñanza básica siempre ha sido la misma: abortar es matar un ser humano inocente, y eso es un pecado gravísimo, un homicidio.

Testimonios del siglo II y III

La Didajé, una catequesis de los primeros cristianos, de principios del siglo II, dice: "No procurarás el aborto ni destruirás al recién nacido". El Apocalipsis de Pedro, un texto del 137 d.C, presenta en el infierno una sección dedicada a mujeres que abortaron, a las que sus bebés se aparecen. Aunque no es un texto canónico, muestra bien lo que pensaban los primeros cristianos sobre la maldad del aborto. Además, recoge una verdad psicológica, el síndrome post-aborto: muchas mujeres que han abortado hoy cuentan que ven, recuerdan, sueñan con sus bebés muertos, lo que les hace sufrir un infierno.

La Epístola de Bernabé (XIX, 5), también del siglo II, no permite "matar al niño procurando el aborto, ni tampoco destruirlo después de nacer". Tertuliano, en su "Apologeticum" del año 197, contra el rumor pagano de que los cristianos son homicidas, explica que ni siquiera permiten matar al no nacido: "porque incluso no nos es lícito destruir al niño en el vientre, mientras aún toma la sangre de la madre para formarse el ser humano. Impedir su nacimiento sólo es un asesinato más rápido. No hay diferencia si quitas la vida una vez nacido o la destruyes mientras nace. Es un hombre, que tiene que ser hombre." Tertuliano, en su "Tratado del alma", incluso describe las herramientas de los doctores abortistas, explica que "ellos bien saben que se ha concebido un ser vivo" y afirma que la vida humana (y la llegada del alma, capítulo 37) se producen con la concepción.

Atenágoras de Atenas, escribe en 177 d.C al emperador filósofo (y muy anticristiano) Marco Aurelio: "decimos [los cristianos] que esas mujeres que usan drogas para provocar un aborto cometen asesinato, y tendrán que rendir cuentas ante Dios por el aborto". Minucio Félix (200-225 d.C) señala que son los paganos los que matan a sus hijos, inspirados por el dios Saturno, símbolo de maldad y crueldad, que devoró a sus hijos, y que "sus mujeres, mediante el uso de fármacos, destruyen la vida no nacida en su vientre y asesinan al niño antes de sacarlo".

Concilios y penitencias por abortar, equivalente al homicidio premeditado

¿Qué pena imponía la Iglesia a las bautizadas que abortaban? Las más antiguas que conocemos son muy duras: equivalentes a cualquier asesinato premeditado. En Hispania, el Concilio de Elvira del año 305 decreta que a la adúltera que mate "al fruto de su vientre" no se le dé la comunión, ni aun en la hora de la muerte, por haber incurrido en una doble maldad".

Once años después, en el 314, con el cristianismo ya legalizado en el Imperio, el Concilio de Ancira, en la actual Turquía, explica que "a las mujeres que han fornicado y destruido lo que concibieron, o a las que hacen drogas para abortar, un decreto anterior les excluía de la comunión hasta la hora de su muerte, pero deseando ser más clementes, ordenamos que cumplan 10 años de penitencia". Es decir, queda clara la gravedad, que no es solo por la infidelidad, sino por abortar, equivalente al homicidio, pero se rebaja la pena sólo "deseando ser más clementes".

San Basilio el Grande (c.329-379), en sus cartas, es más explícito: "que la que procure abortos practique 10 años de penitencia, esté el embrión perfectamente formado o no". Así rompe con todo debate que intenta distinguir entre abortos más graves y menos graves según el tamaño del feto.

Agustín, Jerónimo, Hipólito, Lactancio... el testimonio de los cristianos antiguos es unánime: el aborto no sólo es malo por ocultar el adulterio o por poner en riesgo la vida de la madre (algo que muchos autores comentan) sino que es un homicidio, mata a un ser humano.

No basta con tu cura: la absolución la da el obispo... ¡o el Papa!

Aunque la gravedad está clara, en distintas épocas se han aplicado distintas penas canónicas. Por ejemplo, en 1588 el Papa Sixto V proclamó que sólo la Santa Sede podía absolver del pecado de aborto, esperando señalar así su enorme gravedad. Pero tres años después, su sucesor, Gregorio XIV, viendo que la medida no era pastoralmente eficaz, devolvió a los obispos la jurisdicción para absolver este pecado.

Aún hoy, quien ha abortado, no puede recibir la absolución en su parroquia de barrio, sino sólo de su obispo o alguien delegado por él. A veces, durante la Cuaresma o en jubileos especiales, algunos obispos, sobre todo en América Latina, otorgan temporalmente a todos sus sacerdotes la capacidad de ofrecer este perdón, como una medida especial dirigida a las mujeres arrepentidas (o al personal médico implicado que deje esta actividad).

Pío IX, en una decisión que suelen manipular los abortistas, lo único que hizo en 1869 fue eliminar la diferencia de penas entre abortar fetos "animados" y los "inanimados", un concepto que no tenía que ver con el alma sino con los movimientos fetales. Pío IX, como San Basilio en el s.IV, quería dejar claro que todos los seres humanos merecen protección, en cualquier etapa de su desarrollo prenatal.

Con la ciencia del siglo XX

A medida que avanzaba la ciencia y la técnica médica, la Iglesia vio más y más confirmada su enseñanza de dos mil años. Pío XI, en su encíclica Casti Connubii, de 1930, declaraba que "la realización directa de un aborto nunca está justificada por ninguna indicación [médica] ni ninguna ley humana". Pedía a los gobiernos, que defendieran a estas vidas inocentes.

Pío XII insistió en pedir a los médicos y legisladores que defendieran a madres e hijos, nacidos o no, y relacionaba el aborto con las prácticas nazis de su época. Pablo VI, con su encíclica Humanae Vitae de 1968 recordaba la ilicitud de cualquier aborto. Y el Concilio Vaticano II exigía "proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción" y afirmaba: "el aborto y el infanticidio son crímenes abominables", un lenguaje realmente claro que, como en la antigüedad, ponía en la misma frase al aborto y al infanticidio: dos variantes técnicas del mismo homicidio contra niños, antes o después del parto.

Respecto al voto del católico, uno de los primeros documentos es el de la Congregación de la Doctrina de la Fe de 1974: "un cristiano no puede conformarse a una ley que en sí es inmoral y tal es el caso de una ley que admita la licitud del aborto. Tampoco puede un cristiano participar en una campaña de propaganda de una ley así, ni votar por ella. Más aún, no puede colaborar en su aplicación".

El truco de que "no es dogma"

Los grupos abortistas financiados por la industria del aborto suelen decir que "la oposición al aborto no es dogma", de lo que deducen, que un católico puede ser abortista. Tampoco es dogma el "no matarás", y según ello deberíamos deducir que el asesinato no tiene nada de anticatólico, lo cual, evidentemente, no es cierto.

Los Papas nunca han hecho una formulación "dogmática", "infalible", "desde la cátedra" contra el aborto (ni contra muchos otros pecados gravísimos, incluyendo todos los otros tipos de homicidio), como han hecho con el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen, por ejemplo. Por un lado, la Iglesia lo hace así para que no parezca que todas las otras enseñanzas que no se han formulado como dogma son opcionales, cuando no lo son.

Por otro lado, la oposición al aborto ya es una enseñanza infalible de la Iglesia que Cristo fundó, no porque lo diga tal o cual Papa, sino porque es una enseñanza "semper, ubique, obomnibus", es decir, "de siempre, de todas partes y de todos", lo que se llama Magisterio ordinario, siempre transmitido y enseñado por la Iglesia.

"Desde la concepción"

En 1988, la Pontificia Comisión para los Textos Canónicos repasó el concepto de aborto que estaba mal descrito en el Código Canónico como "expulsión del feto inmaduro". Los abortistas se agarraban a esta frase para intentar inducir a confusión. La Comisión aclaró lo que todo el mundo, católico o no, en cualquier idioma, entendía que es el aborto: ahora, oficialmente queda definido como "matar al feto de cualquier forma y en cualquier momento desde la concepción".

Especificando "desde la concepción" se incluye a la mórula, blastocisto, embrión, el ser humano en cualquier fase prenatal. Así incluye las píldoras anticonceptivas (que causan abortos precoces en muchos casos), la del "día después" (por lo mismo), la RU-486 (directa y específicamente abortiva), los abortivos inyectables y los DIUs (que también tienen efectos abortivos tempranos).

La excomunión es automática para quien libremente aborta

El grupo abortista nacido en Estados Unidos llamado "Católicas por el Derecho a Decidir" (que no es católico en ningún sentido y al cual han condenado varias veces los obispos de distintos países) reparte un folleto en países católicos que dice: "Si examinas tu conciencia y decides que abortar es moral en tu caso, no cometes pecado. Así, no estás excomulgada. No necesitas ni decirlo en confesión". Por supuesto, lo que dice este folleto es falso.

La pena católica por el aborto es la excomunión. Explica el padre Santiago Martín, asesor del Pontificio Consejo para la Familia, que "es una pena severa para expresar la gravedad del problema, llamar la atención sobre los millones de niños abortados y evitar que, por acumulación, se convierta en algo aceptable".

El Código de Derecho Canónico, en su número 1398, afirma: "quien procura el aborto, si se consuma, incurre en excomunión latae sententiae" (automática, sin necesidad de sentencia).

La asociación católica Vida Humana Internacional (www.vidahumana.org), presidida por el padre Thomas Euteneuer, explica que la expresión "procura" es muy amplia: incluye a todo el que trabaje para matar al feto de cualquier forma, incluyendo el novio que lleva en coche a la mujer a la clínica, el que paga el aborto, el anestesista, la enfermera, el doctor que la remite...

Ponen un ejemplo: Mary Ann Sorrentino, administradora de una clínica abortista de la cadena Planned Parenthood en Rhode Island, Estados Unidos, fue excomulgada públicamente por su obispo por facilitar abortos, aunque ella no los practicara en persona.

Pero en realidad, no es el obispo quien excomulga: canónicamente, es la persona quien automáticamente queda excomulgada en cuanto muere el feto. Para que se produzca la excomunión, la madre (o el colaborador) ha de ser católica, saber que está embarazada y libremente elegir el aborto.

Cuando en marzo de 2009, en Brasil, el obispo de Recife, José Cardoso, anunció la excomunión sobre los implicados en el aborto de los gemelitos de una niña de 9 años, no afectaba ni a la niña (que quería tener el bebé), ni a los padres de la niña, casi analfabetos, que fueron llevados con engaños por activistas de un grupo abortista a una clínica de abortos. Pese a ello, abundaron los titulares tan escandalizados como equivocados: "excomulgan a una niña de 9 años por abortar". La niña y sus padres, engañados por los abortistas, no están excomulgados. Los abortistas que los engañaron y los doctores que abortaron a los gemelitos, sí lo están.

Según un estudio de 2006 de la fundación catalana pro-aborto "Salud y Familia", el 22 por ciento de las mujeres que abortan en Cataluña dicen hacerlo "sintiéndose confusas". Probablemente, al no saber plenamente lo que hacen, tampoco ellas están excomulgadas.

Tampoco quedan excomulgadas la mayoría de las mujeres que usan píldoras anticonceptivas o DIUs pensando que son sólo anticonceptivos, porque ignoran el efecto abortivo que tienen. (Aunque no están excomulgadas, la anticoncepción sigue siendo pecado y sin confesarla -con cualquier sacerdote- y abandonarla no pueden comulgar).

¡Cuando el médico no sabe lo que está haciendo!

Parece increíble, pero se pueden dar casos (pocos) de médicos o personal sanitario que no sabe lo que está haciendo. En España, los médicos abortistas son los mismos desde hace 30 años, una casta especializada: nadie quiere hacer abortos porque los médicos españoles saben en qué consiste, les da asco, y se lo dejan a los de siempre y a emigrantes llegados de Cuba, país comunista y abortista "de repetición".

Pero en India, donde el aborto es sistemático y apoyado por el gobierno, un ginecólogo puede ser católico y practicar abortos (sobre todo tempranos) sin que nunca se haya planteado que lo que hace es matar un ser humano.

En la revista católica Goodnews de enero/febrero de 2008, el doctor Rohan D'Souza, de Bombay, explica que quedó sorprendido cuando, confesándose en Inglaterra, el cura le dijo que practicar abortos era un pecado que solo el obispo puede perdonar. "Para ser honesto, nunca había pensado sobre el tema. Al estudiar ginecología, en India, hacer abortos es parte del entrenamiento y nunca lo cuestioné. De hecho, yo estaba orgulloso de mi habilidad, había ganado una medalla de oro en planificación familiar y técnicas de aborto". Aunque D'Souza no parecía consciente de lo que había estado haciendo, acudió al obispo para que le levantara la excomunión.

La excomunión sólo tiene mala prensa cuando es católica y por aborto

Vida Humana Internacional protesta por la "mala prensa" que tienen las excomuniones sólo cuando cumplen dos condiciones: ser católicas y tratar del aborto. Si alguien es excomulgado por un dogma teológico, o un escándalo moral, o se le expulsa del judaísmo, el anglicanismo o el presbiterianismo, a nadie le importa. Parece que el mundo intuya que detrás de la excomunión hay una tragedia espiritual real. O que a la prensa lo que le gusta es criticar a la Iglesia católica. O ambas cosas.

El New York Times se enfureció mucho cuando el obispo Leo Maher de San Diego excomulgó en 1990 a la diputada estatal Lucy Killea por fomentar el aborto. El diario acusó al obispo de "amenazar el pacto de tolerancia de los americanos", gravísima acusación que, como sabemos en 2010, no afectó en nada a los americanos.

En cambio, a nadie le molestó cuando en 1962 el arzobispo Rummel, de Nueva Orleans, excomulgó al líder racista blanco Leander Perez. El New York Times declaró: "saludamos al arzobispo, ha dado un ejemplo fundado en principios religiosos y responsabilidad con la conciencia social de nuestro tiempo".

Tampoco suele haber reacciones cuando quien excomulga es otra religión. Así, el 27 de junio de 1990 la corte suprema de derecho judío en Estados Unidos (la Beth Din Zedek) excomulgaba al congresista Barney Frank, judío militantemente homosexual, por "promover y animar la corrupción de nuestra sociedad, promotor de depravación moral". El lenguaje era mucho más fuerte que el del obispo Maher ese mismo año, y el excomulgado era un político más importante, pero el New York Times y la Prensa generalista no lo publicaron o pasaron por encima.

Políticos: no se les excomulga, pero se les retira la comunión por "pecado público"

El caso de los políticos es especial y complejo. Un documento del cardenal Ratzinger de 2002, como Prefecto de la Doctrina de la Fe, insiste en que los legisladores, como todos los católicos, «tienen la precisa obligación de oponerse a toda ley que atente contra la vida humana», y especifica más: «no pueden participar en campañas de opinión a favor de semejantes leyes, y a ninguno de ellos les está permitido apoyarlas con el propio voto». La única excepción sería que apoyasen una ley mala como única forma de evitar aún otra peor de inminente o casi segura aprobación (que no es el caso de España con la llamada "Ley Aído").

De hecho, los políticos que defienden la ley española de 1985, al hacer "campaña de opinión" a favor de una ley "que atenta contra la vida humana", incumplirían su deber de católicos, a menos que en sus declaraciones dejen claro que también la ley de 1985 les parece injusta y que solo la aceptan provisionalmente en espera de sustituirla por una verdaderamente justa.

Más aún: en el 2004 el cardenal Ratzinger insistió en el tema con otro documento de la Congregación de la Doctrina de la Fe aún más claro. El texto dice que a «un político católico» cuya «cooperación formal se hace manifiesta», mediante «campaña consistente y voto por leyes permisivas de aborto y eutanasia» no se le puede dejar comulgar «hasta que acabe con su situación objetiva de pecado».

No es lo mismo excomulgar que "negar la comunión". La excomunión impide acceder a TODOS los sacramentos: ni bautizos, ni confesión, ni extrema unción, ni matrimonio católico, etc... y sólo puede levantarla un obispo.

"Negar la comunión" se da cuando un personaje en situación pública de pecado pretende comulgar en misa. El sacerdote puede negarle la comunión y un obispo puede pedir a sus sacerdotes que se la nieguen. Con la nota del 2004, varios obispos en EEUU empezaron a negar la comunión a políticos públicamente favorables al aborto, aunque no explícitamente excomulgados.

El Catecismo, al alcance de todos

El punto 22,74 del Catecismo de la Iglesia Católica, un libro que no tiene nada de inaccesible, declara que “Desde el momento de la concepción es necesario tratar al embrión como una persona [no dice que sea una persona, dice que hay que tratarla como tal], por eso es necesario defenderlo íntegramente, tener cuidado de él, y cuidarlo tanto como sea posible, como se hace con cualquier ser humano”. El punto 22,73 establece: “para la protección que es necesaria asegurar al infante desde el momento de su concepción, la ley habrá de prever sanciones penales adecuadas contra la violación derivada de estos derechos”.

Por lo tanto, la postura católica es de tratar al embrión como a una persona desde su concepción (contra los que justifican la clonación, el uso de embriones para investigar y los abortos precoces pre-implantacionales, los primeros 14 días de vida) y de buscar "sanciones penales adecuadas" para los que procuran abortos.

"Sanción penal" no necesariamente es cárcel

Estas "sanciones penales" pueden ser variadas y no necesariamente han de implicar cárcel para la madre que aborta, pero la sanción debe existir según la doctrina católica.

Por poner dos ejemplos modernísimos: las nuevas leyes de 2009 sobre el aborto en los Estados de Chiapas (3,5 millones de habitantes) y Veracruz (7,2 millones de habitantes) protegen la vida desde la concepción contra el aborto, y penalizan a la mujer que aborte, pero no con cárcel sino con un tratamiento médico-psicológico (le llaman "atención médica integral"), que «será proporcionado por las instituciones de salud a fin de ayudarles a superar los efectos de la intervención y reafirmar los valores humanos de la maternidad» (así dice la ley de Chiapas).

Sí se mantiene en estos Estados la pena de cárcel contra quien practica el aborto y quien persuade o presiona a la mujer de practicárselo, ya sea el novio, los padres o cualquier otra persona. Veracruz también ha modificado el Código Penal y sustituye la pena de cárcel para las que abortan por primera vez por un tratamiento educativo y sanitario (es pena, aunque no sea de privación de libertad). Para las reincidentes, cárcel, al igual que los médicos y personal que colaboren.

Las modalidades, pues, pueden cambiar, según la cultura y el contexto: lo que la Iglesia enseña, desde hace 2.000 años, es que el aborto y el infanticidio son homicidios, que el Estado debe impedir el homicidio, y que para proteger la vida son necesarias "sanciones penales adecuadas". La vida de muchos está en peligro y debe protegerse.

sábado, 17 de enero de 2009

Abolición del aborto y derechos humanos

Publicamos, gracias a Zenit, la ponencia presentada ante el Congreso Católicos y Vida Pública por Mercedes Aroz, una de las fundadoras del Partido Socialista de Cataluña. En las elecciones generales de 2004, Aroz fue la senadora elegida con más votos, el 53% largo de los emitidos en su circunscripción, la provincia de Barcelona. En noviembre de 2007, ha abandonado el escaño de senadora, tras anunciar su conversión al catolicismo.


Quiero agradecer en primer lugar a los organizadores del Congreso, y en particular a D. Alfredo Dagnino y a D. José Francisco Serrano, la invitación a participar en este importante Congreso Católicos y Vida Pública, un referente fuerte dentro del catolicismo en España, desde el que se trabaja para hacer resurgir la presencia del hecho cristiano en nuestra sociedad.
1. Necesidad de reflexionar sobre la tarea de los cristianos en el mundo de hoy desde la prioridad de dar a conocer a Cristo
La reflexión en la presente edición se centra en la encíclica de Benedicto XVI, Spe Salvi, y en cómo llevar la esperanza y los valores cristianos al conjunto de la sociedad española en un momento, sin duda, crítico en el que se está configurando un nuevo modelo de sociedad. Todo ello se enmarca a mi juicio en una cuestión central que es la necesidad de reflexionar profundamente sobre la tarea de los cristianos en el mundo de hoy, con la prioridad de dar a conocer a Cristo. Porque conocer a Cristo significa comprender el sentido de la propia vida y la propia identidad, y recibir una auténtica esperanza. La esperanza proviene, como nos dice Benedicto XVI, de conocer a Dios que nos ha mostrado su rostro en Cristo. La fe es esperanza pues por ella sabemos que tenemos un futuro: que nuestra vida no acaba en el vacío, que empieza y acaba en Dios.

2. ¿Cómo llevar la esperanza cristiana a todos?
Y la cuestión que se nos plantea es cómo llevar la esperanza a los que no la tienen y mostrar asimismo que la esperanza en una sociedad mejor no es una verdadera esperanza personal. Centrar las esperanzas sólo en el progreso material lleva a la larga o a la corta a la insatisfacción y, por otro lado, si el progreso técnico no se corresponde con un progreso en la formación ética de la persona no es un progreso sino una amenaza para el hombre y para el universo (SS 22).

Nos dice Benedicto XVI que de nuestro obrar cuando colaboramos para que el mundo sea más luminoso y humano surge esperanza para nosotros y para los demás, pero, con todo, lo más importante es llevar la luz de Cristo y su Evangelio, con hechos y palabras, a toda la sociedad, que hoy necesita el testimonio de los cristianos. Y considero que un compromiso serio en el anuncio del Evangelio precisa de un diagnóstico profundo de los desafíos reales que se plantean en la cultura contemporánea.

3. El anuncio del Evangelio requiere un diagnóstico profundo de los desafíos reales que hay que afrontar en la cultura contemporánea
La sociedad española es hoy una sociedad secularizada de forma similar al resto de la Europa Occidental en la que Dios ya no es el referente global con el que todo se articula, como bien describe el profesor Estrada en su libro “El cristianismo en una sociedad laica”, en el que también ofrece importantes reflexiones de futuro. Ha surgido un nuevo estilo de vida, de base profana, una nueva cultura en la que el núcleo es la ciencia y la técnica, y el pensamiento post-moderno se caracteriza por el escepticismo, el relativismo y el rechazo a conceptos fuertes como la verdad y el sentido, pues lo que determina la post-modernidad es la pérdida de referencias últimas. Esta pérdida de referencias ha conducido a una crisis de valores morales, a una pérdida de orientación personal y al malestar cultural existente.

Pero también hay aspectos positivos en la situación española pues el catolicismo sigue siendo relativamente mayoritario y subsiste la cultura de trasfondo católico. Hay, por tanto, condiciones favorables para que de nuevo germine el cristianismo. No se trata de que la religión perviva como mero hecho cultural, sino de hacerla resurgir como fe personal - que lleve al creyente a un compromiso real y a una experiencia profunda de la fe cristiana -, y en cuanto a la sociedad se trata de recuperar valores que elevan la dignidad del ser humano.

4. El cristianismo al encuentro del hombre de hoy
No es cuestión en mi opinión de mirar hacia el pasado sino de asimilar ampliamente y con profundidad los cambios, en particular el hecho de vivir en una sociedad secularizada, y en esta situación histórica responder a los retos que se plantean. Y el más urgente e importante hoy es, sin duda, contribuir a través del diálogo con la sociedad a construir unos valores comunes, una ética compartida, que contenga los valores fundamentales del hombre y que permita articular una convivencia integradora.

Creo que está por hacer en el ámbito cristiano el análisis de la sociedad en la que vivimos y el papel del cristianismo en ella, la reflexión sobre la relación entre cristianismo y sociedad pluralista, y el fomentar intensamente el diálogo con la cultura actual. Hay que configurar el modo de anunciar el mensaje cristiano y de proponer valores en una forma en la que pueda haber diálogo y que resulte comprensible para todos los ciudadanos. Para que los valores cristianos puedan ser asumidos por personas que no son cristianas, desde la convergencia entre fe y razón que pretende el cristianismo, es preciso utilizar argumentos convincentes para todos, mostrar la razonabilidad de nuestras posiciones y buscar puntos de encuentro. Y, posiblemente el punto de encuentro sea la vinculación de los valores cristianos con los derechos humanos - la vertiente secular de la dignidad de la persona que defiende el cristianismo -, la única referencia objetiva que puede ser asumida por todos los ciudadanos.

5. El reto de la abolición del aborto como progreso de los derechos humanos
Y en este sentido, éste puede ser el camino para hacer avanzar en la sociedad española una posición mayoritaria favorable a la abolición del aborto, como hoy existe respecto a la abolición de la pena de muerte en el mundo, abolida en España en 1983. Hay que plantear la abolición del aborto como lo que es: un objetivo progresista, de avance de la civilización, pues el reconocimiento jurídico de los derechos humanos y su ampliación es fruto del progreso del ser humano en la comprensión de su realidad y de su dignidad como persona. Y, hoy que conocemos por la ciencia que la realidad del ser humano existe desde su concepción, esto nos interpela desde el punto de vista de los derechos humanos para hacer extensivo el derecho a la vida reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos al primer estadio de la vida del hombre. Por tanto, el objetivo ha de ser ambicioso. No está sólo en evitar una nueva ley en el sentido que se dice, sino en convencer con argumentos a la mayoría de los ciudadanos y apoyados en la ciencia de que el aborto se opone a los derechos humanos y es impropio de una sociedad civilizada, y que esto ha de tener una plasmación jurídica en el medio plazo. De la misma manera que frente a los argumentos a favor de la pena de muerte en graves delitos prevaleció el respeto al derecho a la vida, hay que lograr que este derecho del hombre sea reconocido desde su concepción y hasta su muerte. Este objetivo ha de ir acompañado de una mayor protección a la maternidad y de la prevención del embarazo adolescente mediante la formación.

6. Resituar el debate sobre la laicidad: diferenciar "laicidad estatal" y "laicidad de la sociedad". La laicidad en la sociedad pluralista
Abordaré ahora el importante debate en el que estamos inmersos sobre el concepto de laicidad. Y sobre ello, es esclarecedor el libro del Cardenal Scola, Una nueva laicidad, que lleva a la necesidad de resituar el debate incorporando la distinción entre "laicidad del Estado" y "laicidad de la sociedad", y la necesidad de definir entre todos que se entiende por laicidad en una sociedad pluralista.
El Estado ha de ser laico, esto significa que no es confesional e implica una neutralidad ideológica, pero al mismo tiempo no puede ser indiferente a la realidad social. La "sociedad laica", sin embargo, no lo es propiamente pues en ella se expresan los valores de los no-creyentes y de los creyentes, y una cuestión fundamental para la cohesión social es cómo se articulan esos diferentes valores. Lo que el poder político no puede hacer es imponer una ideología en la sociedad civil pues tanto la propia laicidad del Estado como la libertad religiosa y el respeto a la libertad de conciencia no lo permiten. En una sociedad democrática son las personas y los grupos los que tienen el papel de hacer aportaciones - a nivel cultural, espiritual, ético - y crear opinión en el marco de la libre expresión. Al poder político le corresponde respetar y garantizar esta actividad que expresa la realidad social y sin la que no puede existir una sociedad libre ni una ciudadanía responsable.
En este punto, hay que llamar la atención precisamente sobre la dificultad de debatir en España cuestiones de tipo ético lo que supone un serio déficit democrático, que es preciso corregir.
Otro aspecto a tener muy presente en la laicidad es que este ámbito abarca hoy un conjunto articulado de temas, y no únicamente la problemática de la relación Iglesia-Estado. Los temas son conocidos: matrimonio-familia, biotecnología, interculturalidad, inter-religiosidad, siendo las cuestiones más graves las que afectan a la visión del hombre. Por todo ello, es fundamental situar adecuadamente este debate y contribuir desde el cristianismo a construir un futuro ético y una convivencia integradora.

7. Anunciar a Cristo nuestra prioridad
No quiero acabar sin referirme a la situación que genera la crisis económica: paro y aumento de la pobreza. Algo que nos llama a estar muy atentos para hacer efectiva la solidaridad necesaria, apoyando particularmente a Cáritas que está afrontando la situación. Y finalizo, a modo de resumen, con unas palabras de Benedicto XVI en EEUU , que nos exhortan a seguir siendo fermento de esperanza evangélica en la sociedad, llevando la luz y la verdad del Evangelio a todos los hombres, y contribuyendo a crear un mundo cada vez más justo y más libre. Sin dejarnos vencer por el pesimismo o los problemas. Y, sabiendo que sólo si nos mantenemos unidos a Cristo nuestro testimonio será creíble y dará frutos de paz y reconciliación en medio de una realidad - que como la nuestra -, muchas veces está marcada por divisiones y enfrentamientos.

domingo, 6 de enero de 2008

El aborto y el regreso cultural

Ayer (5/01/2008) publicaba e diario ABC este magnífico artículo del profesor ALFONSO LÓPEZ QUINTÁS que reproducimos.

ESTE tema debe ser tratado con toda serenidad, hablando a la inteligencia desde la inteligencia, sin enconos ni prejuicios, es decir, sin juicios previos infundados, inspirados más por la pasión que por el entendimiento; evitando términos ofensivos, aunque ciertas prácticas lesionen nuestra sensibilidad.
Por otra parte, la gravedad del tema nos urge a usar un lenguaje claro, preciso, que llame a las cosas por su nombre, sin afán de emboscar la realidad, por dura que sea. No es adecuado decir, por ejemplo, que se «interrumpe un embarazo». El término «interrumpir» sugiere una acción pasajera, como cuando se interrumpe una conversación para reanudarla después. En el caso del aborto, se anula para siempre un proceso biológico cuyo fruto iba a ser muy pronto, en cuestión de meses o semanas, un nuevo ciudadano, un ser dotado de plenos derechos y deberes.

Al tratarse de una cuestión muy seria -en la que se juega a diario la vida de multitud de seres humanos-, es ineludible y urgente llegar a convicciones firmes. Para ello, nuestro razonamiento ha de partir de hechos innegables, que todos los ciudadanos debamos aceptar, con independencia de nuestra filiación política y nuestras creencias religiosas. Sólo así tendremos un punto de partida común, sobre el cual edificar nuestro discurso. La discusión sobre el aborto se oscurece, a menudo, por apoyarse en vocablos muy ambiguos, que ningún área de conocimiento ha logrado clarificar de modo irrebatible. Se indica, a veces, que hasta el momento de la anidación no puede considerarse el feto como una persona. Pero no se alude siquiera al hecho de que el concepto de persona es dificilísimo de definir, debido a su interna riqueza. Mucho más lo es precisar en qué momento del proceso de gestación presenta el feto las características de un ser personal. No es razonable querer decidir la licitud o ilicitud del aborto en virtud de afirmaciones que hoy por hoy no podemos fundamentar debidamente. Hemos de basarnos en hechos ciertos, reconocibles por todos. Entre tales hechos figuran los siguientes.

1. Tras muchos vaivenes, la humanidad ha conseguido a lo largo de siglos incrementar el respeto a la vida, hasta el punto de que muchos países han renunciado a aplicar la pena capital incluso a los delincuentes más peligrosos. Esta actitud es considerada, generalmente, como un signo de verdadero progreso en humanidad, un avance en cuanto a madurez pues supone un ascenso de nivel. En el nivel 1 (el del control y el dominio), el procedimiento lógico para resolver los problemas de convivencia es alejar definitivamente de la vida social a quienes la lesionan de forma violenta. En el nivel 2 -el de la creatividad y el encuentro- se piensa que la vida humana es un don maravilloso, enigmático, del que la humanidad se siente depositaria pero no dueña. Disponer de una vida humana nos parece hoy una desmesura tal a multitud de personas que preferimos respetar la existencia de quienes parecen empeñarse en privarla de todo sentido. Nos mueve a ello, entre otras razones, la convicción de que el ser humano posee una capacidad de iniciativa suficiente para hacer posible una recuperación, por inverosímil que sea en ciertos casos.

2. Cuando acontece la concepción, se inicia un proceso asombroso que, de no ser alterado violentamente desde fuera, llega casi siempre a término y da como fruto un nuevo ser personal. Se trata de un proceso unitario -no dividido en fases cualitativamente distintas, como se pensaba en la Edad Media- que aboca al nacimiento de un ser humano, merecedor -por derecho propio- de llevar un nombre -Juan, María...- y formar parte de nuestra sociedad con plenitud de derechos y deberes.

3. Echar a andar el proceso de gestación de un nuevo ser humano -con cuanto implica- es un acto que exige mucha responsabilidad. Ser responsable significa, en este caso, responder a la llamada que nos hace un valor. Los valores no sólo existen; se hacen valer. Una vida humana -aunque se halle en estado de formación- implica un valor, porque es una «fuente de posibilidades de diverso orden». Cuando uno responde positivamente a ese valor, se hace responsable de las consecuencias de tal respuesta; responsable, por tanto, de la nueva vida que vendrá pronto a incrementar nuestra comunidad de personas. Todo lo relativo a las fuentes de la vida merece un inmenso respeto, pues, al entrar en contacto con ellas, tocamos fondo en la realidad que nos sostiene a todos.

4. En ciertos casos, el feto presenta malformaciones que permiten presagiar en el futuro anormalidades graves. Aceptar a un hijo marcado con una tara que hará difícil o imposible una mínima calidad de vida supone un sacrificio notable por parte de los padres.

5. Los padres se hallan a veces en condiciones poco propicias para tener un hijo y atenderlo debidamente. a) son muy jóvenes y necesitan seguir formándose; b) aun siendo ya adultos, carecen de recursos económicos; c) cuentan con medios, pero quieren disponer de libertad para vivir la vida sin trabas; d) por diversas circunstancias no quieren reconocer en sociedad su condición de padres.
Frente a estos hechos, ¿qué actitud nos recomienda adoptar nuestra razón, con su capacidad de razonar, discernir y decidir libremente, con libertad creativa, inmensamente superior a la mera libertad de elegir arbitrariamente? La primera recomendación es no buscar razones para legitimar el aborto en contra de los derechos de seres indefensos y a favor de la «capacidad de maniobra» de los mayores. El respeto a la vida humana debe ser incondicional y absoluto. Razones para anular la vida no es difícil encontrarlas, porque el afán de dominio nos ciega para los valores y consideramos como válidas unas razones que están lejos de serlo. Una vez abierta esta vía del dominio y el manejo arbitrario de la vida de otros seres, pueden encontrarse razones para eliminar no sólo a quienes todavía carecen de voz y no pueden reclamar sus derechos, sino a quienes no se acomoden al modelo de «vida útil y justificable» que impongan los grupos más poderosos. Todo el que conozca la historia de la llamada «gran catástrofe humana» del siglo XX no podrá sino alarmarse ante el panorama que se abre ante nosotros cuando renunciamos a un logro de la Humanidad que debiera ser definitivo y, por tanto, intocable: el respeto incondicional a la vida humana en toda situación (punto 1).

Si adoptamos esta actitud respetuosa -lo que supone un avance en madurez-, no dudamos en movilizar la imaginación creadora para buscar soluciones viables y dignas a los problemas señalados en los puntos 4 y 5. La humanidad actual tiene en su mano multitud de medios para dar una salida digna a situaciones problemáticas. Lo saben bien quienes trabajan en asociaciones de ayuda a jóvenes desamparadas.
Considerar como signo de progreso la legalización del aborto y, en nombre del «progresismo», defender a ultranza la práctica más amplia posible del mismo denota una confusión mental sumamente peligrosa, pues nos hace regresar a épocas de un primitivismo cultural y moral que hoy nos abochorna. No olvidemos que la cultura consiste, radicalmente, en crear formas de unidad valiosas con el entorno, sobre todo con el humano. Lo verdaderamente culto es respetar incondicionalmente la vida humana. A este alto grado de cultura habíamos llegado. Con la práctica del aborto perdemos incomprensiblemente este bien de la Humanidad, más valioso todavía que los edificios, ciudades y parques naturales que consideramos como un «patrimonio universal» y cuidamos con sumo esmero.