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martes, 4 de mayo de 2010
Actor despedido por pensar
Acababa de empezar el rodaje de Scoundrels, una nueva serie de la ABC, y se negó a interpretar una escena de sexo explícito con Virginia Madsen. La cadena decidió sustituirle por otro actor. La noticia ha dado pie a un sinfín de comentarios y explicaciones. Los medios han publicado que la razón de la negativa es que McDonough es católico, con firmes creencias religiosas y tienen mujer y tres niños pequeños. Por eso se niega a interpretar este tipo de escenas.
En los medios digitales –los más dados a este tipo de debates– miles de internautas han apoyado masivamente la decisión del actor. A juzgar por los comentarios a esta noticia, abrumadoramente positivos, se deduce que la coherencia sigue siendo un valor en alza. Son mayoría las personas que alaban la decisión de McDonough y elogian que una persona sea capaz de perder un millón de dólares (que es lo que ha dejado de cobrar) por actuar en conciencia y por respeto a su mujer y a su familia. Los que critican la decisión del actor –además de la cadena, claro– lo hacen señalando que no ha tenido los mismos inconveniente al interpretar papeles violentos.
Sexo y violencia, muy diferentes
Además del lógico sentido común –presente en muchos de los comentarios de estas webs, como el de la mujer que señalaba que, si su marido fuera actor, prefería mil veces verle disparando que en la cama con otra mujer–, en este punto, viene bien releer al crítico francés André Bazin, mentor de Truffaut y Rohmer, inspirador de la Nouvelle Vague e impulsor de la revista Cahiers du cinema. Bazin explica en su célebre libro Qué es el cine como la representación del sexo y la violencia son absolutamente diferentes.
Bazin afirma que la gran diferencia es que las escenas de violencia se representan mientras que las sexuales, en cierto modo, se viven. “Si se muestra en la pantalla un hombre y una mujer con un vestido y postura tales que sea inverosímil que al menos un comienzo de consumación sexual no haya acompañado a la acción, yo tendría derecho a exigir en un film policiaco que se mate verdaderamente a la víctima o al menos que se la hiera más o menos gravemente. Y esta hipótesis no tiene nada de absurdo, porque no hace mucho que el asesinato ha dejado de ser espectáculo, para los romanos, los mortales juegos de circo eran el equivalente a una orgía”.
Bazin señala como –a diferencia de otras artes representativas, como la pintura– “en el cine a la mujer incluso desnuda se la puede desear expresamente y acariciarla realmente y, sin embargo, si queremos permanecer en el nivel del arte debemos mantenernos en lo imaginario. Debemos poder considerar lo que pasa en la pantalla como un relato que no llega jamás al plano de la realidad, o en caso contrario, me hago cómplice diferido de un acto, o al menos una emoción, cuya realización exige intimidad. Lo que significa que el cine puede decir todo pero no puede mostrarlo todo. Se puede hablar de todo tipo de conductas sexuales pero con la condición de recurrir a las posibilidades de abstracción del lenguaje cinematográfico, de manera que la imagen no adquiera jamás un valor documental”.
Desde esta perspectiva, se entiende que haya directores que se nieguen a incluir escenas de sexo en sus películas y prefieran recurrir a la elipsis. El realizador finlandés Ali Kaurismäki, lo explica con elocuencia. En sus cintas, muy oscuras en ocasiones, retrata la vida de prostitutas o amantes pero nunca muestra sexo en la pantallas. “Cuando veo una película y llega la escena de sexo me siento siempre muy violento, y también el público, creo. Son situaciones privadas y me siento un voyeur. Todas esas secuencias parecen siempre la misma; pienso que en Hollywood tienen un stock al que acuden”.
Y el español Patxi Amezcua, preguntado recientemente sobre por qué en su película 25 kilates había poco sexo y palabrotas, comentaba que “no hace falta decir “hijo de puta” para que se note que el personaje está enfadado… Y el sexo despista la mayor parte de las veces”.
Cuando fallan otros recursos
De hecho, las personas que ven mucho cine, por ejemplo, los críticos coinciden en señalar que, con excepciones, el exceso de sexo en una película puede obedecer a dos motivos: o es un reclamo publicitario para hablar de ella por escandalosa o es un modo de intentar salvar un mal guión.
La tesis de Bazin explica también como, al margen de otras cuestiones morales, muchos actores confiesan sentirse incómodos cuando ruedan estas escenas. Otros las ven necesarias para entrar en el mundo del cine –un peaje que hay que pagar– pero renuncian a ellas en cuanto tienen un cierto caché. Es el caso, por ejemplo, de Brad Pitt que, hace años manifestó que no volvería a salir desnudo. “No quiero sentirme avergonzado cuando mis hijos sean más grandes y vean mis películas”, señaló.
Y el espectador, ¿quiere el espectador medio ver sexo en la pantalla grande? A juzgar por los datos de taquilla parece más bien lo contrario. Entre las 10 películas más vistas en el 2009 solo una –Resacón en las Vegas– tiene contenidos sexuales.
En definitiva, toda esta historia revela en el fondo que una de esas frases acuñadas en el mercado del cine –que el sexo vende– no es cierta y que el sexo en la pantalla tiene más inconvenientes que ventajas. Hace perder dinero a los productores y distribuidores, encasilla a los actores, incomoda al espectador, no ayuda a la creatividad de los realizadores y no convence a los críticos. Neal Mc Dougahn, además de buen actor ha demostrado ser un tipo coherente y listo.
miércoles, 2 de abril de 2008
La sexualización de las chicas
Titulado «Report of the APA Task Force on the Sexualization of Girls» (Informe del Equipo de Trabajo de la APA sobre la Sexualización de las Chicas), el estudio es el resultado de la investigación sobre el contenido y los efectos de los medios de comunicación: televisión, vídeos musicales, música, revistas, películas, vídeo juegos e Internet.
El equipo de trabajo examinó también las campañas de promoción y anuncios de productos dirigidos a las chicas. «Tenemos una extensa serie de evidencias para concluir que la sexualización tiene efectos negativos en diversos campos, que incluyen el funcionamiento cognitivo, la salud física y mental, y el desarrollo sexual sano», afirmaba la doctora Eileen Zurbriggen, directora del equipo de trabajo y profesora de psicología en la Universidad de California, Santa Cruz, en una nota de prensa que acompañaba el informe.
La sexualización causa dificultades a cualquier edad, indica el informe, pero añade que es especialmente problemática cuando tiene lugar a una edad más temprana. Lograr la madurez sexual en los adolescentes no es un proceso fácil, reconoce el estudio, pero observa que cuando se anima a una chica joven o adolescente a ser sexy, sin que ellas sepan siquiera lo que esto significa, el proceso se complica aún más.
Saturación de los medios
El informe citaba algunos estudios que detallan la gran cantidad de tiempo pasado en contacto con los medios. Según los datos, el niño o adolescente ve de media tres horas de televisión al día. Sin embargo, cuando se calcula el número de horas totales ante todos los tipos de medios, resulta que los niños están expuestos a algún tipo de medio – televisión, vídeo juegos, música, et…- seis horas y media al día.
Un estudio llevado a cabo en el 2003 informaba que el 68% de los niños tienen una televisión en su habitación, y que el 51% de las chicas juegan a juegos interactivos en sus ordenadores y en consolas de vídeo juegos. Tanto chicas como chicos pasan una media de una hora al día ante el ordenador, visitando páginas webs, escuchando música, frecuentando chats, jugando a juegos o enviando mensajes a sus amigos.
El informe de la Asociación Psicológica Americana observaba: «En la televisión, los jóvenes televidentes encuentran un mundo que es desproporcionadamente masculino, especialmente en los programas orientados a la juventud, y en el que las figuras femeninas es más probable que vistan de modo más atractivo y provocativo que las masculinas». Un gran porcentaje de vídeos musicales contienen imágenes sexuales, y las mujeres suelen ser presentadas vestidas de forma provocativa. El informe también observaba que las artistas femeninas son presentadas de forma que su foco de atención principal no es su talento o su música, sino más bien su cuerpo y sexualidad. Así, concluye el informe, los espectadores reciben el mensaje de que el éxito viene de ser un objeto sexual atractivo.
En cuanto a las canciones mismas, los investigadores de la APA lamentaban que no haya análisis recientes sobre su contenido sexual. En su informe, no obstante, citaban algunos ejemplos de cómo las palabras de algunas canciones de éxito reciente sexualizan a las mujeres, o se refieren a ellas de formas altamente degradantes.
Dudosas influencias
Las revistas para adolescentes son otra importante influencia en las chicas. El informe citaba algunos estudios sobre el contenido de las revistas, y revelaba que uno de los mensajes centrales de las publicaciones es que «presentarse a uno mismo como sexualmente deseable, y obtener así la atención de los hombres, es, y debe ser, la meta focal de las mujeres». Es difícil determinar el enormemente variado contenido que está disponible vía Internet, pero los investigadores de la APA citaban un estudio sobre páginas webs que suelen atraer a las chicas – las páginas webs de fans de celebridades masculinas y femeninas. Un análisis de su contenido encontró que las celebridades femeninas eran de forma aplastantes más representadas con imágenes sexuales que las masculinas, sin importar si se trataba de la página web oficial o de una creada por sus fans.
La publicidad es otra área importante donde se suele sexualizar a las mujeres. Además, el estudio indica que la investigación ha mostrado la tendencia a presentar a las mujeres de forma decorativa o explotadora sigue aumentando. Ha alcanzado el punto, añadía, en el que se usan chicas en poses seductivas para atraer audiencias adultas. Recientemente, algunos comentaristas han resaltado el hecho de que también el mercado del juguete se está viendo afectado por la tendencia a la sexualización. Los investigadores de la APA declararon que estaban preocupados por los vestidos sexualmente provocativos que suelen vestir las muñecas más populares para las niñas entre 4 y 8 años.
Lo mismo ocurre con la ropa. Se invita a chicas en edades cada vez más jóvenes a vestir ropa diseñada para destacar la sexualidad femenina. Los cosméticos también se están dirigiendo a chicas más jóvenes. Todas estas influencias se combinan para ocasionar una serie de problemas a las chicas. El informe de la APA establecía que la sexualización está ligada con tres de los problemas de salud mental más comunes en las chicas y en las mujeres: desórdenes alimenticios, baja autoestima y depresión.
Los investigadores añadían que también existen evidencias que muestran que la sexualización de las chicas, y los sentimientos negativos por el propio cuerpo que provoca, pueden llevar a problemas sexuales en la edad adulta. Indicaban que se relaciona con el problema de la idealización de la juventud como la única edad buena y hermosa de la vida. El actual auge de los productos antienvejecimiento y de la cirugía cosmética es resultado de esta belleza impuesta.
miércoles, 5 de diciembre de 2007
Si nos amamos... ¿por qué ha de ser pecado?
Con frecuencia se apela al amor como la razón fundamental que da derecho a expresar ese amor sexualmente: "Porque nos queremos", dicen. De que se quieran (desean) no hay duda, pero ¿se aman? Porque querer es un verbo ambivalente: se quiere lo que se ama, pero también se quiere lo que simplemente se desea. Por supuesto que nos responderán que están seguros de que se aman, que el suyo es un sentimiento muy intenso, ¿Cómo van a dudar?
Es esa profunda emoción que sienten los jóvenes enamorados lo que para ellos es la prueba inconfundible de que se aman; y sin embargo no es mucho menos decisiva e incluso puede resultar muy sospechosa: porque puede ser que estén confundiendo el amor con el deseo; puede que crean que están amando cuando en realidad sólo están deseando. Porque el deseo, sí, produce emoción, muchas veces una intensa emoción, pero el amor no precisamente produce emoción, aunque muchas veces vaya acompañado de la emoción, pero otras muchas, no. De hecho prescinde de la emoción, porque el amor radica propiamente en la voluntad libre; el amor se funda en una valoración: es lo que una persona vale para mí, por lo que es ella en sí, y esto hace que me identifique con ella, que mire su felicidad como la mía propia que quiera servirle a ella y no servirme de ella, que quiera el mayor bien para ella.
Y este amor está más allá -y por encima- del deseo y de la emoción: por eso, el que realmente ama, no se deja llevar del deseo o no deseo, de las ganas o desganas, de la emoción o no emoción. El supremo acto de amor es el de dar la vida por el amigo, y no creo que el que esté dando su vida por otro, sienta un gusto y una emoción intensa. Al contrario, es precisamente porque va acompañado de una repugnancia enorme, y de un tremendo anti-deseo por lo que conocemos la grandeza de ese amor.
Sentir una intensa emoción por una persona, no es sinónimo que se la ame. Sin embargo esta emoción que siente es lo que convence a los jóvenes de que se aman profundamente. Una confirmación de esto es el número creciente de divorcios de jóvenes que se casaron antes de los veinticinco años. Quizá los que más seguros están de que se aman, son los que menos aman y menos capacitados están para amar, porque precisamente el amor auténtico sólo puede darse en una persona madura, una persona que se auto posee a sí misma, para poder disponer de sí misma y hacer la donación de sí mismo a la persona amada.
¿El sacrificio no es siempre señal de amor?
Claro que responden a esto y dicen que lo suyo no es sólo sentimiento, que los dos se sacrifican el uno por el otro y están dispuestos a sufrir y de hecho han sufrido mucho por conservar su amor. Y esto les confirma de que lo suyo es realmente amor. Porque ¿no dice todo el mundo que el amor se conoce en el sacrificio? Sin embargo esta es otra frase que todo el mundo repite sin profundizar mucho en su significado. Porque una cosa es que aquel que ama se sacrifica por la persona amada y otra cosa es que, el que se sacrifica por una persona es señal de que la ama. También se sacrifica uno por lo que desea.
Pero es que, aunque en realidad se amen, el amor no justifica el que se acuesten juntos: y precisamente porque se aman. Porque el amor conyugal es una mezcla de deseo y de amor. Pero es la parte que hay en él de deseo lo que sobre todo empuja al hombre a la unión sexual, pero no precisamente la parte que corresponde al amor.
Al contrario, el amor lleva muchas veces al hombre a abstenerse. Un esposo puede estar deseando vehementemente a su esposa y el deseo lo está empujando violentamente a una relación sexual. Pero la esposa está cansada, está triste y abatida, no está en actitud y el marido, precisamente porque la ama, se abstiene de tocarla. Si sólo se dejara llevar del deseo, no la respetaría; es pues, sólo el amor lo que lo está deteniendo. Entonces no es concluyente esa razón que se da para justificar las relaciones prematrimoniales: "nos queremos tanto que tenemos que expresarlo sexualmente". ¿No deberían decir mejor: nos deseamos tanto que tenemos que acostarnos juntos?
Es decir, que hay situaciones en la que el mismo amor le al hombre controlar su deseo sexual. Y una de éstas es el noviazgo. La razón es que la unión sexual es el lenguaje del amor total y en el noviazgo no existe una situación de amor total, aunque los novios muchas veces creen que existe.
Sexualidad: lenguaje de amor total
La unión sexual es el lenguaje del amor total porque es la máxima expresión que existe del amor total: la unión sexual es el único acto en que el hombre puede expresar su amor todo él, alma y cuerpo a toda ella, alma y cuerpo. Todo él la ama a ella y viceversa. Es el amor total. Y con la máxima intensidad, hasta el paroxismo, hasta el éxtasis. No existe otra expresión del amor que sea a la vez tan intensa y tan extensa y que abarque a todo el hombre.
Y por lo mismo es también la expresión de la donación total que es el amor. Porque en la unión sexual se donan a sí mismos totalmente el uno al otro de tal manera, que de por sí, por su misma naturaleza, esta donación tiende a plasmarse en un nuevo ser que no es más que la donación mutua del padre y de la madre plasmada en carne: porque el hijo es todo él pura donación del padre y todo él pura donación de la madre. El hijo no es más que el yo del padre y el tú de la madre fundidos en un nuevo yo, que es al mismo tiempo el nosotros del padre y de la madre. Y por eso un hijo debe ser el fruto del amor total de los padres. Esta capacidad que de por sí tiene toda unión sexual de originar un nuevo ser, que es lo que hace que este acto sea el acto más serio, y al mismo tiempo el más gozoso que existe: porque el crear es el acto más serio y gozoso que existe y más si es crear un nuevo hombre, que es un ser hecho para el amor: para amar y ser amado temporal y eternamente. Y el acto en que se crea un ser así ¿no exige ser un acto que por su naturaleza sea la expresión de un amor total? ¿Para cuándo lo dejamos entonces?
El noviazgo ¿situación de amor total?
En el noviazgo no existe todavía una situación de amor total. Porque en el noviazgo ese amor no es todavía definitivo. No digo que no pretendan que sea definitivo y que en su interior no lo sea. Pero esto no basta: el hombre es un ser social por naturaleza y un compromiso no es considerado definitivo hasta que no ha sido reconocido y refrendado públicamente por los representantes oficiales de la sociedad. En realidad, este compromiso continúa siendo privado, no tiene validez pública y por consiguiente no tiene toda la fuerza obligante que podía tener: no es un compromiso total. Y de hecho el hombre no se siente definitivamente obligado por ese compromiso. Y esto lo saben los hombres: por eso cuando quieren realmente una cosa la quieren firmada, por escrito y con testigos. Y hasta que no lo tienen así, saben que no es definitivo, por muchas promesas y muy sinceras que se les haga: pueden suceder muchas cosas. Y en nuestro caso pasa igual: los novios saben que no están definitivamente obligados, se pueden volver atrás y muchas veces lo hacen: habrán roto su palabra, pero ahí queda todo.
Hoy se están poniendo de moda las uniones hechas por el sentimiento, que como hemos dicho, no es lo mismo que el amor. Porque como dicen: "lo que hace el matrimonio es el amor y si dos se aman ¿para qué necesitan unos papeles y unas firmas? ¿Y si no hay amor de qué valen esos papeles y esas firmas? Cierto, lo decisivo es el amor y en verdad que los papeles no hacen al amor; pero el amor si hace los papeles. Porque cuando uno ama de una manera total, exclusiva y definitiva quiere dar a su amor el carácter más total, exclusivo y definitivo que puede. Lo que sucede es que esos que así hablan tienen miedo de comprometerse definitivamente, porque en realidad no se aman, se quieren como se quiere un juguete que saben que algún día los aburrirá y quieren tener las manos libres para tirarlo sin compromisos. Tienen razón, lo que hace el matrimonio es el amor; pero precisamente por eso no se casan: porque lo suyo no es el amor.
Podemos añadir también que no existe una situación de amor total, porque en el noviazgo la donación de sí mismos no es total; aunque lo deseen con toda el alma. Yo puedo tener unos deseos intensos de donar a alguien un millón de euros, pero hasta que de hecho no se lo haya dado, la donación no es total. Puede ser que los novios tengan un deseo enorme de hacer la donación de sí mismos el uno al otro, pero hasta que de hecho no se hayan donado, es decir, hasta que no hayan puesto sus vidas en común de una manera definitiva e irreversible y vivan juntos, gocen juntos, trabajen juntos y sufran juntos no existe una donación total.
Esto no significa que en el matrimonio exista siempre esta situación de amor total: sólo que únicamente en el matrimonio puede existir, porque sólo el matrimonio es una estructura creada por el amor y que de por sí es exclusiva, definitiva y total, como debe ser el amor conyugal.
Por consiguiente, si el noviazgo no es una situación de amor total, es un engaño, es una estafa el estar usando en él el lenguaje del amor total. Y si en el noviazgo no existe todavía una donación total, es inmoral poner el acto que es la expresión de esa donación total. En resumen: que si esas relaciones sexuales tienen por deseo o principalmente por deseo son inmorales; y, si se dicen que se hacen por amor, en realidad no sería un auténtico amor. en ningún caso , pues, están justificadas. Naturalmente que, si como con frecuencia pasa, se confunde el amor con el deseo y no se han descubierto estos valores y mucho menos se poseen, la posición de la Iglesia al declarar inmorales las relaciones pre-matrimoniales parecerá anacrónica y sin sentido.
domingo, 18 de noviembre de 2007
Persona femenina, persona masculina (y II)
¿Qué relación existe entre sexualidad humana y persona? Hay un texto ilustrativo de una de las personas que más ha profundizado en nuestros días en este tema. Ha puesto las bases nada menos que para lo que llama «Teología del cuerpo»:
«La función del sexo, que en cierto sentido es "constitutivo de la persona" (no sólo "atributo de la persona"), demuestra lo profundamente que el hombre, con toda su soledad espiritual, con la unicidad e irrepetibilidad propia de la persona, está constituido por el cuerpo como "él" o "ella"» (Juan Pablo II). Que el sexo es "constitutivo de la persona" (no sólo "atributo de la persona") es mucho afirmar.
Por otra parte hablar de sexualidad es hablar de complementariedad.

El sexo masculino y el femenino están hechos uno para el otro. Forman una unidad de orden superior a la de la persona aislada. Si el sexo está unido a la persona, la pregunta a resolver es la siguiente: ¿es que varón y mujer son también personas diferentes y, por eso, personas complementarias? Como se ve ya tenemos focalizados el tema de la complementariedad y el tema de la persona y la modalización sexual.
Complementariedad varón-mujer
El libro que he escrito sobre “La complementariedad varón-mujer. Nuevas hipótesis”. Lo titulé así porque allí donde juegan masculinidad y feminidad surge fecundidad, no sólo en el aspecto biológico, también en el cultural, en el artístico, en el político y en el social. Lo masculino y lo femenino se potencian uno al otro y posibilitan la fecundidad en todos los ámbitos. Eso es complementariedad.
Sin embargo, se trataba de plantear nuevas hipótesis porque la complementariedad se ha entendido mal. Durante siglos, se ha considerado que el varón era superior a la mujer; ésta no parecía tener valor por sí misma, era el complemento del varón y su única misión era servirle. Otras veces se ha considerado al varón y a la mujer como dos mitades de la humanidad. En este sentido se hizo como una distribución de virtudes y cualidades. Se ha hablado de virtudes femeninas y masculinas. Por último se decía que la complementariedad estaba en un reparto de roles sociales. Esto teñido de una característica: los trabajos desarrollados por las mujeres eran considerados como subalternos y de simple apoyatura a los masculinos. Y durante siglos -como ya se ha dicho anteriormente-, se ha repartido el mundo pensando que la esfera privada pertenecía a las mujeres y la pública a los varones.
Esos modelos de complementariedad están hoy superados. Por referirnos al de la inferioridad no hace falta ni rebatirlo, pues todas las razones pseudocientíficas en las que se apoyaba están hoy desmentidas por las evidencias de la ciencia.Por otra parte, pensar al varón y a la mujer como dos mitades supone no considerar que en cuanto persona, cada uno, en cierto modo, es un todo. En este sentido, dividir las cualidades y las virtudes entre masculinas o femeninas es ilusorio. Las cualidades, en gran medida, dependen de las individualidades, no del sexo. Respecto a las virtudes éstas son humanas y, por tanto, el varón y la mujer pueden vivirlas todas. Lo que sucede es que el varón o la mujer, ordinariamente tienen más inclinación para unas determinadas cualidades o virtudes. Así en términos generales los varones suelen tener mayor capacidad de proyectos a largo plazo, cierta tendencia a la racionalización, la exactitud y el dominio técnico sobre las cosas, etc...; y hay otras cualidades que las aporta generalmente la mujer. Entre otras, es más espontáneo en ella una mayor facilidad para conocer a las personas, la delicadeza en el trato, la capacidad de estar en el concreto, la intuición, la tenacidad. Pues bien, pudiendo vivir todas las virtudes, cada uno ha de aprender -no imitar- del otro sexo. En este sentido, afirmaba Jung que los sexos no sólo son complementarios entre ellos, sino en el interior de cada uno.
Sin embargo, lo verdaderamente importante es que, teniendo cada persona, sea varón o mujer, capacidad para ejercitar todas las virtudes, éstas cristalizan de un modo distinto en el varón y en la mujer. Varón y mujer tienen un modo peculiar de hacer y vivir lo mismo. De ahí surge la verdadera complementariedad. (coro, timbre de voz, tonos, armonía).
La diferencia varón-mujer no se cifra tampoco en tener diversos roles. La mayor parte de los trabajos son intercambiables. Por eso se revelan tan fecundos los equipos laborales formados por varones y mujeres. En cada actividad se hace necesaria la cooperación de los dos sexos, en razón de sus matices femeninos y masculinos.
De ahí que no haya espacios exclusivamente masculinos o femeninos. Familia y cultura son tarea común. Por eso el varón ha de estar más presente en la familia y la mujer en la sociedad. Ambos espacios son comunes. Hace falta ir hacia lo que se podría describir como una familia con padre y una cultura con madre.
Esto requiere muchos cambios sociales. En primer lugar: facilitar la maternidad. La maternidad supone una prestación social de primer orden, cuyo peso no puede recaer exclusivamente sobre la mujer. No debe pagar más y pagar sola. Esto es lo que está pasando actualmente en muchas sociedades. Muchas veces se condiciona el trabajo de la mujer a su posible maternidad, de tal manera que en la práctica se hacen incompatibles muchas veces maternidad y trabajo. Facilitar la maternidad supone estructurar los trabajos con mayor flexibilidad, con nuevos métodos, hacer un plan de reciclajes, crear adecuados servicios sociales en las empresas, etc. Por otra parte el peso de la maternidad no debe caer exclusivamente ni en la mujer, ni sólo en la familia, ni sólo en la empresa. En este campo es necesario que intervenga la subsidiaridad del Estado.
Todo esto supone por parte del varón el descubrimiento de lo que es la paternidad, no sólo con sus propios hijos, sino fomentando ámbitos donde se pueda desarrollar el espíritu maternal. Por otra parte están los derechos de los niños, que necesitan los medios para poder desarrollar una personalidad equilibrada. Y ahí tienen un papel esencial la maternidad y la paternidad. En concreto pienso que en el mundo actual, y desde hace siglos se hace notar un gran déficit de paternidad en la sociedad. Una paternidad que no es paternalismo sino servicio a las personas.
Una optimización de la organización social requiere imaginación. Habitualmente se tiene únicamente un sólo modelo de trabajador: varón, soltero, de 30 años, en plena forma física. En cuanto entran en juego las variables familiares, de salud, etc. ese individuo es rechazado por la estructura social. Esto es particularmente notorio cuando el interesado es una mujer, en época fértil, que desea tener familia. Hace falta imaginación para estructurar trabajos flexibles, donde el trabajo esté al servicio de la persona y de la familia, donde cada cual pueda dar lo mejor de sí mismo en cada una de las circunstancias vitales que vaya atravesando.
Esto requiere que la doctrina social no se haga sólo de un modo abstracto, sino que se vea desde el prisma de que la sociedad está compuesta por individuos iguales y diferentes. Y entre las diferencias aquella que divide realmente la humanidad en dos es la diferencia varón-mujer, una diferencia que no rompe la igualdad. Una diferencia que nos hace complementarios, en la inseparable «unidualidad» de que consta la humanidad.
Persona femenina, persona masculina
Pero no se trata sólo de cambios sociales. Hace falta también una profundización en el pensamiento. A esto responde el segundo libro. Antes veíamos la relación que la sexualidad tiene con la persona, que influye directamente en la identidad personal, y en la personalidad, configura el yo.
La persona tiene al menos dos notas peculiares:
1) Su intimidad. Los clásicos la denominaban incomunicabilidad. Es esa característica que le hace ser única e irrepetible.
2) Otra característica es su apertura. Toda persona está abierta al otro. Una persona única sería una desgracia porque no tendría con quien comunicarse, a quien darse. Todo yo requiere al menos un tú.
Si el sexo, como hemos visto antes configura la persona misma, se podría decir que la apertura constitutiva que tiene cada persona tiene dos modalidades: el varón se abre de un modo peculiar: hacia fuera. La mujer también se abre a los demás con su modo: hacia dentro, acogiendo.
Estos tipos de apertura se pueden expresar con preposiciones, que son las palabras que indican las relaciones. Al varón le correspondería la preposición DESDE, pues parte de sí para darse a los demás. A la mujer le correspondería la preposición EN: pues se abre dando acogida en sí misma.
Esas relaciones se manifiestan de un modo gráfico en la generación de un nuevo ser. El varón al darse sale de sí mismo. Saliendo de él se entrega a la mujer y se queda en ella. La mujer se da pero sin salir de ella. Es apertura pero acogien¬do en ella. Su modo de darse es distinto al del varón y a la vez complementario, pues acoge al varón y a su amor. Sin la mujer el varón no tendría donde ir. Sin el varón la mujer no tendría que acoger. La mujer acoge el fruto de la aportación de los dos y lo guarda hasta que germine y se desarrolle. Durante este proceso el varón está al margen.
Posteriormente la mujer es apertura para dar a luz un ser que tendrá vida propia. A través de la mujer y con ella el varón está también en el hijo. El varón está en la mujer y está en el hijo, pero como fuera de él. La mujer, sin embargo, es sede, casa. El varón está en la mujer. El hijo, cuando ya está fuera de su madre, en cierto modo, sigue estando en ella. También la mujer está en el hijo, pero fundamentalmente ellos están en ella.
Pues bien, este modo de darse diferente y complementario se da en todas los campos y en todas las relaciones humanas heterosexuadas, y apoyándose en la dimensión constitutiva de apertura que la persona tiene podrían dar lugar a dos modos de ser persona la persona femenina y la persona masculina.
La realidad humana sería, entonces, disyuntamente o SER-DESDE o SER-EN. Ahí radicaría la principal diferencia entre varón y mujer, en ser dos tipos de personas distintas, que se abren entre sí de un modo respectivo diferente y complementario. En este sentido el Ser humano sería también más rico que el Ser del cosmos, en el que el transcendental por antonomasia sería el UNO (no el DOS, como en el ser humano, ni el TRES como en el ser divino) ni estaría interna¬mente diferenciado.
La diferencia sexual humana se trataría, entonces, de una diferencia en el mismo interior del SER. Y teniendo en cuenta que el ser humano es personal, sería una diferencia en el seno mismo de la persona. En efecto, lo distinto a la persona -en su mismo nivel- tiene que tener el mismo rango, no puede ser, por tanto, sino otra persona.
Afirmar que la diferencia varón-mujer es una diferencia en la persona supone, por otra parte, haber anclado la diferencia definitivamente en la igualdad. Varón y mujer, cada uno es persona. Tienen la misma categoría; la diferencia entre ellos posee el mismo rango ontológico. La diferencia no rompe la igualdad. Esto vendría a ser un reflejo de la diferencia de las personas divinas en las personas humanas.
martes, 6 de noviembre de 2007
Persona femenina, persona masculina (I)
Reproducimos en dos entregas esta interesante conferencia, pronunciada hace varios años por Blanca CASTILLA Y CORTÁZAR, y que biene a ser una síntesis del pensamiento de la autora de varios ensayos sobre cuestiones en torno a la antropología de la pareja como "Persona y género: ser varón y ser mujer" o “La Complementariedad varón-mujer. Nuevas hipótesis”.
El conocimiento propio
En el templo de Delfos constaba el oráculo: “Conócete a tí mismo”. Siglos después comenta Rousseau: «El más útil y menos adelantado de todos los conocimientos humanos me parece que es el del hombre, y me atrevo a decir que la inscripción del templo de Delfos contiene en sí sola un precepto más difícil que todos los gruesos libros de los moralistas».
A lo largo de la historia el ser humano ha querido conocerse a sí mismo, pero esta tarea resulta ardua. En pleno siglo XVIII es Kant el que retoma la cuestión, formulando lo que ha venido a llamarse el giro antropológico de la filosofía moderna. Kant pregunta con el Salmo VIII: ¿Qué es el hombre? Y sitúa dicha pregunta en cuarto lugar tras las preguntas de la Filosofía («¿qué puedo saber?»), de la Etica («¿qué debo hacer?») y de la Religión («¿qué me cabe esperar?»). E inmediatamente añade: «pero en última instancia se podrían reconducir todas a la Antropología, porque las tres primeras preguntas apuntan a la cuarta».
La pregunta por el hombre se pone entonces en el centro de la filosofía, como aquella cuestión hacia la que apuntan el resto de los conocimientos humanos. Esta pregunta acoge hoy dimensiones muy concretas, pues se desea saber no solamente qué es el ser humano en general, o en abstracto, sino el hombre concreto, en su singularidad irrepetible. Pues bien, esta singularidad acoge el cuerpo, y acoge el sexo, el ser varón o ser mujer. Se reclama hoy una filosofía de cuerpo. Y también una filosofía de sexo. Desde muchas ciencias y por diversas cuestiones sociales, se abre hoy la pregunta acerca de la sexualidad, una característica que aparece ya en el mundo animal, pero que cobra unos matices muy peculiares en torno al ser humano.
Antes de continuar es preciso decir que hasta hoy hay poca filosofía en torno al cuerpo y menos en torno a la sexualidad. Y, sin embargo, hay muchas cuestiones que dependen de su estudio: el tema de la homosexualidad, presente en la sociedad; la estructura del amor y de la familia; la peculiar aportación de cada sexo a la cultura y al mundo de trabajo. Y dentro de los temas teológicos está la conceptualización de la imagen de Dios en el ser humano, el tema del sacerdocio de la mujer, etc.
¿Qué es la sexualidad?
En primer lugar habría que preguntar: ¿qué es la sexualidad? ¿Qué importancia tiene esta característica en la antropología? ¿Tenemos sexualidad porque somos seres corporales o es una manifestación de estructuras más profundas? De un modo drástico se podría preguntar, ¿nos asemeja la sexualidad a los animales o nos hace parecernos a Dios?
Para empezar quiero recoger la distinción lingüística, posible en el castellano, que hace Julián Marías: la diferencia entre los adjetivos «sexual» y «sexuado». Con palabras de Marías: «La actividad sexual es una limitada provincia de nuestra vida, muy importante pero limitada, que no comienza con nuestro nacimiento y suele terminar antes de nuestra muerte, fundada en la condición sexuada de la vida humana en general, que afecta a la integridad de ella, en todo tiempo y en todas sus dimensiones».
La sexualidad, por tanto, entendida como condición sexuada, no se reduce simplemente a una actividad concreta que requiere unos órganos específicos, sino que abarca toda la modalización que hace que el varón y la mujer sean iguales y distintos en todas las facetas de su ser, desde el tono de voz hasta la manera de andar. Los genetistas han calculado esa diferencia en un 3%, pero se halla en cada célula de nuestro cuerpo.
En el s. XIX la sexualidad se puso en el centro de la antropología. El primer autor que lo hizo fue Feuerbach. Después lo trató Freud. Pero sus posturas son diferentes. Para Feuerbach «La carne y la sangre son nada sin el oxígeno de la diferencia sexual. La diferencia sexual no es ninguna diferencia superficial o simplemente limitada a determinadas partes del cuerpo. Es una diferencia esencial y penetra hasta los tuétanos. La esencia del varón es la masculinidad y la esencia de la mujer, la feminidad. Por muy espiritual e hiperfísico que sea el varón, éste permanece siempre varón. Y, lo mismo la mujer, permanece siempre mujer»[4]. Y termina diciendo «La personalidad es, por lo tanto, nada sin diferencia de sexo; la personalidad se diferencia esencialmente en personalidad masculina y femenina».
Para poner de relieve que la sexualidad no es algo accidental o poco importante, sino algo íntimo que tiñe todas las facetas del ser, la describe como “un componente químico”, expresando así que es una realidad humana que no se puede soslayar.
No se puede separar ni de lo que llaman espíritu, ni de los órganos que no son estrictamente sexuales. El cerebro -dice adelantándose a las investigaciones científicas hoy en marcha- está determinado por la sexualidad. Sexuados son lo sentimientos, pensamientos. «¿Eres tú también más que varón? Tu ser o, más bien (...) tu yo, ¿no es acaso un yo masculino? ¿Puedes separar la masculinidad incluso de aquello que llaman espíritu? ¿No es tu cerebro, esa víscera la más sagrada y encumbrada de tu cuerpo, un cerebro que lleva la determinación de la masculinidad? ¿Es que no son masculinos tus sentimientos y tus pensamientos?».
Sin embargo, Freud presenta una visión reductiva de la sexualidad. En palabras de Julián Marías «cuando, a fines del siglo XIX, y por obra principal de Freud, el sexo adquirió carta de ciudadanía en la comprensión del hombre, el naturalismo de la Filosofía que servía de supuesto a la interpretación freudiana del hombre y a la teoría del psicoanálisis enturbió el descomunal acierto, absolutamente genial, de poner el sexo en el centro de la Antropología (...). El error concomitante fue lo que podríamos llamar la interpretación «sexual» (y no sexuada) del sexo, el tomar la parte por el todo ... pues hasta las determinaciones propiamente sexuales del hombre no son inteligibles sino desde esa previa condición sexuada envolvente».
Dos son, por tanto las concepciones de la sexualidad, que se pueden distinguir por esos vocablos de sexualidad y condición sexuada. Aquí me adhiero a la postura de Feuerbach que la toma como condición sexuada, envolvente de todas las dimensiones humanas.
Esta diferencia entre sexualidad y condición sexuada pone de frente también la distinción entre sexualidad humana y sexualidad animal. En la biología, por sexualidad se entiende una función que cumple dos objetivos: la reproducción y el intercambio genético. Ahora bien, ¿existe alguna diferencia entre la sexualidad animal y la humana?
Parece que, entre la sexualidad humana y la animal, existe la misma que se da entre lo que se podría llamar trabajo animal y trabajo humano. Los animales realizan una actividad, pero que está programada. El trabajo de las abejas, no cambia con el correr de los siglos. Su actividad se encuentra enclasada. Sin embargo, en el actuar humano intervienen factores que la hacen muy peculiar como son la inteligencia, la libertad, la creatividad.
Pues bien, en la actividad sexual del ser humano se incluye una factor específico que es la comunicación, que tiene muchos aspectos: el enamoramiento, el amor, el reconocimiento del otro como persona, la creación de relaciones familiares que suponen lazos estables. Paternidad, maternidad, filiación, conyugalidad, son lazos que aspiran a durar y pueden durar toda la vida. Esas relaciones, que dan sentido a la existencia humana, están imbricadas con la sexualidad. Así, una de las características más profundas de la persona es el afán de amar y ser amado. Pues bien, no es lo mismo que me quiera mi madre, que el hombre que he elegido para compartir la vida.
Aspectos que incluye la sexualidad
La sexualidad humana, cumple los mismos objetivos que la animal: intercambio genético y la reproducción. Pero además tiene otras dimensiones desconocidas en el mundo animal: todo aquello que tiene que ver con la comunicación y con el amor.
La sexualidad en uno de sus aspectos es fuente de placer, pero no sólo eso: es fuente de los lazos más profundos que unen a las personas. Tiene un aspecto unitivo y un aspecto procreador, es fuente de vida, de una vida que surge, que está llamada a surgir, como fruto del amor.
Cuando existe amor se desea tener hijos. «Cuando se ama a un hombre (afirma una novelista, muy leída: Susana Tamaro) -cuando se le ama con la totalidad del cuerpo y del alma-, lo más natural es desear un hijo de él. No se trata de un deseo inteligente, de una elección fundada en criterios racionales. Antes de conocer a Ernesto me imaginaba que quería tener un hijo y sabía exactamente por qué lo quería, cuáles eran los pros y los contras de tenerlo. En palabras pobres, era una elección racional, quería tener un hijo porque había llegado a una determinada edad y me sentía muy sola; porque era una mujer y si las mujeres no hacen nada, por lo menos pueden tener hijos. ¿Comprendes? Para comprar un automóvil habría adoptado exactamente el mismo criterio.
»Pero cuando aquella noche le dije a Ernesto: “Quiero un hijo”, se trataba de algo absolutamente diferente y todo el sentido común estaba en contra de esa decisión; sin embargo esa decisión era más fuerte que todo el sentido común. Y además, en el fondo, tampoco se trataba de una decisión, era un frenesí, una avidez de perpetua posesión. Quería a Ernesto dentro de mí, conmigo, a mi lado para siempre».
Hoy en día asistimos, sin embargo, a una trivialización del sexo:
- Se reduce a placer: clases de educación sexual en las Escuelas
- Se separa el aspecto unitivo y procreador;
- La procreación se separa del amor mujeres de 40 años que quieren tener un hijo con los ojos, y - la estatura de un caballero al que conocen eventualmente
- Cine: se presenta como un premio o un regalo esporádico al final de una serie de dificultades compartidas
- Se ve con ojos indiferentes, el divorcio, la contracepción, la instrumentalización de las personas como objeto de placer
- Se constituyen diferentes modelos de familia en los que se aceptan las parejas de homosexuales y lesbianas
- Se puede obtener la vida mediante métodos técnicos de fecundación “in vitro”. Incluso parece que se va poder repetir las personas por “clonación”.
- El aspecto unitivo, el procreador, el placer, los lazos familiares, actualmente disociados, son aspectos que deben armonizarse en la profunda unidad a la que está llamada la persona humana.
Quizá por esto, hoy más que nunca se busca una profundización antropológica en la dignidad de la persona, que como ya dijo Kant no debe ser usada nunca como medio, sino siempre como un fin. ¿Cuál es el sentido profundo de la sexualidad, de la condición sexuada con la que se pueden entablar lazos duraderos, que permiten llegar a la felicidad?

