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miércoles, 28 de noviembre de 2007

10 claves del cambio climático

¿Ficción o realidad? A pesar de que efectos del calentamiento global como el deshielo polar, la desaparición de áreas costeras o las migraciones suenan todavía lejanos, el cambio climático ya está dejando huella en nuestro planeta. Expertos de la Universidad de Navarra aportan evidencia científica a estas transformaciones en un artículo que publica el último número de “Redacción”.

1 ¿QUÉ ES EL CAMBIO CLIMÁTICO?
“El clima no es estático; ha cambiado a lo largo de la historia y lo hará en el futuro. Si los valores medios de la temperatura de la Tierra, en un periodo suficientemente largo, se incrementan de forma significativa, podríamos hablar de calentamiento global, y por tanto de cambio climático. Pero este fenómeno no tiene por qué ser uniforme para todo el planeta, pudiendo haber lugares que incluso sufran enfriamiento”, destaca Daniel Rodés, profesor del departamento de Zoología y Ecología.

2 ¿QUÉ DIFERENCIA A ÉSTE DE OTROS CAMBIOS CLIMÁTICOS PRODUCIDOS EN LA HISTORIA?
“A lo largo de la historia ha habido numerosos cambios climáticos, producidos de forma lenta y ‘natural’“, indica Daniel Rodés.”Pero han sido la actividad humana, sobre todo desde hace 150 años, y la forma de producción y consumo energético las que han creado cambios en algunos factores del clima de manera rápida. Estas alteraciones han afectado a toda la biosfera; fundamentalmente al aumento de la proporción de gases de efecto invernadero, responsables del calentamiento actual de la atmósfera”.

3 ¿QUÉ PAPEL TIENEN EL CO2 Y OTROS GASES EN EL CAMBIO CLIMÁTICO?
Jesús Miguel Santamaría, profesor del departamento de Química y Edafología, señala que
“existe una correlación temporal entre el incremento de la temperatura y la concentración de este gas, debida al desarrollo industrial y al consiguiente consumo de combustibles fósiles. Además del C02, que contribuye en un 76% al efecto invernadero, existen otros gases –cloroflurocarbonos, metano u óxido nitroso– con un potencial de efecto invernadero muy superior, pero que desempeñan un papel secundario en el calentamiento global, ya que sus concentraciones en la atmósfera son muy inferiores”.

4 ¿LAS CONSECUENCIAS DEL CAMBIO CLIMÁTICO SERÁN DEFINITIVAS PARA LA HUMANIDAD?
“Los pronósticos se basan en modelos muy complejos que dependen de las condiciones iniciales o ‘escenarios’. Los resultados más pesimistas provienen de situaciones donde el crecimiento de población y de combustibles fósiles sigue su ritmo actual o aumenta; y los más optimistas, de un cambio drástico en los hábitos de consumo, y del comportamiento del hombre en la biosfera”, explica Daniel Rodés. “Creo que tras los efectos negativos del cambio climático la Tierra se equilibraría; la cuestión es si el hombre estará todavía aquí”.

5 ¿QUÉ OCURRIRÁ CON LA BIODIVERSIDAD DEL PLANETA?
“Si el cambio climático continúa influirá en la redistribución de las especies como ya sucedió en el pasado. Ya están en retroceso algunos grupos zoológicos, como los anfibios o los corales, más sensibles a algunas variables. Pero las transformaciones son lentas. En 100 años puede haber algún movimiento de plantas mediterráneas hacia el norte, pueden desaparecer especies propias del piso alpino, y entrar por el sur otras más adaptadas a medios más cálidos y secos”, asegura Rafael Jordana, catedrático de Zoología.

6 ¿CUÁLES SON SUS EFECTOS EN LAS PLANTAS?
Para Juan José Irigoyen, de la sección de Biología Vegetal, “las plantas cuentan con mecanismos de adaptación sorprendentes. Se ha comprobado que responden al aumento de CO2 con un mayor crecimiento, pero este efecto beneficioso puede anularse con mayores temperaturas y el descenso de lluvias. Aunque su respuesta depende de muchos factores, la distribución y producción vegetal se verá afectada a medio o largo plazo, como ya se registra en el desplazamiento de algunas especies”.

7 ¿Y PARA LA PRODUCCIÓN DE CULTIVOS?
“Los ambientes cultivados, al ser manipulados (riego, fertilización, etc.), son menos sensibles a los cambios climáticos”, asegura Juan José Irigoyen. “No obstante, en cultivos como la vid se constata una aceleración de la maduración y un aumento del grado alcohólico de la uva. El informe del Panel Intergubernamental sobre el cambio climático señala que en regiones frías del planeta, la producción crecería, y en climas más cálidos, disminuiría”.

8 ¿CUÁL PODRÍA SER EL ESCENARIO DE AQUÍ A UN SIGLO?
Existe una gran incertidumbre. Según las predicciones de los científicos, para 2010 la masa de hielo del Ártico será casi inexistente, se debilitarán las corrientes oceánicas –lo que provocará una alteración del clima mundial–, desaparecerán áreas costeras por el incremento del nivel del mar y habrá migraciones motivadas por la escasez de agua y la variación de las temperaturas, etc. Los países en desarrollo serán, probablemente, los que más sufran, ya que carecen de recursos científicos y económicos o de los sistemas de seguridad social para hacer frente a sus repercusiones”, subraya Jesús Miguel Santamaría.

9 ¿TODAVÍA ESTAMOS A TIEMPO DE EVITAR SU IMPACTO?
“En el cambio climático hay muchos factores que no se pueden controlar; naturales, como el vulcanismo; o cósmicos, como los efectos de los ciclos solares sobre la irradiación. Pero, desde hace un siglo, conocemos la existencia del efecto invernadero, producido por exceso de CO2 o metano. Sobre la producción antropogénica de estos gases sí se puede actuar, con los correspondientes costes económicos y de comportamiento que no todos los países o personas están dispuestos a aceptar”, afirma Rafael Jordana.

10 ¿QUÉ MEDIDAS JURÍDICAS PUEDEN ADOPTARSE?
A nivel internacional, que los Estados asuman responsabilidades con el fin de reducir las emisiones y tomen medidas para hacerlas efectivas. EE. UU., el principal emisor de estos gases, aún no ha ratificado el Protocolo de Kioto de 1997. Asimismo, España se comprometió a no aumentar más de un 15% sus emisiones respecto a 1990 y ya vamos por un 46%. Las medidas son muchas, principalmente el sometimiento a valores límite de emisión. Para el profesor de Derecho Administrativo Ángel Ruiz de Apodaca, “lo difícil es que se cumplan por el coste que conllevan y por la dependencia que tenemos de los combustibles fósiles para generar energía”.
CLAVES DEL

domingo, 18 de noviembre de 2007

La crisis medioambiental, desafío moral

La ONU reúne en Valencia a 450 expertos para preparar el informe que aconsejará a los Gobiernos en la lucha contra el cambio climático. Ban Ki-moon dice que hay medios 'reales y asequibles' para combatir el cambio climático (El Mundo, 18.11.2007)

 
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Una vez más la Santa Sede se ha adelantado a los acontecimientos que hacen referencia al bien común con la intervención del observador vaticano, el pasado 31 octubre 2007 (ZENIT.org).- «La crisis medioambiental es un desafío moral», afirmó el arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante Naciones Unidas en Nueva York, ante la Segunda Comisión de la 62 Asamblea General sobre «El desarrollo sostenible», el prelado recordó que la crisis medioambiental «nos llama a examinar cómo usamos y compartimos los bienes de la tierra y qué pasaremos a las generaciones futuras».

«Los poderes cada vez más amplios del ser humano sobre la naturaleza deben estar acompañados por una así mismo amplia responsabilidad respecto al ambiente», observó. Según la delegación vaticana, «proteger el medio ambiente significa más que defenderlo». Implica «una visión más positiva del ser humano, en el sentido de que a la persona no se la considera un problema o una amenaza para el medio ambiente, sino un responsable del cuidado y la gestión del mismo».

En tal sentido, «non sólo no hay oposición entre el ser humano y el medio ambiente, sino que hay una alianza establecida e imborrable, en la que el medio ambiente condiciona de modo fundamental la vida y el desarrollo del hombre, mientras que el ser humano perfecciona y ennoblece el medio ambiente, mediante su actividad creativa».

La preocupación primaria de la delegación vaticana es por tanto la de subrayar «la importancia de captar el imperativo moral subyacente, por el que todos, sin excepción, tienen una gran responsabilidad en la defensa del medio ambiente». Este deber, prosiguió el arzobispo, no debe ser considerado en oposición al desarrollo pero no tiene tampoco que «ser sacrificado en el altar del desarrollo económico».

Dado que la cuestión medioambiental está directamente relacionada con otras cuestiones fundamentales, constató, la consecuencia es que las necesarias «soluciones solistas» son todavía más difíciles de encontrar. «Mientras tratamos de encontrar el modo mejor de defender el medio ambiente y lograr el desarrollo sostenible, debemos también trabajar por la justicia en las sociedades y entre las naciones», observó el prelado.

En la mayor parte de los países, recordó, «son los pobres y los que no tienen ningún poder los que deben sostener de modo más directo el impacto de la degradación medioambiental». «Imposibilitados de hacer otra cosa, viven en tierras contaminadas, cerca de descargas de residuos tóxicos»; «los agricultores de subsistencia eliminan bosques y forestas para sobrevivir. Sus esfuerzos para llegar a fin de mes, perpetúan el círculo vicioso de pobreza y degradación medioambiental». La necesidad extrema es «la peor de todas las contaminaciones», observó.

El arzobispo Migliore reconoció de todos modos que existen también elementos positivos. «Están emergiendo signos alentadores de una mayor conciencia pública de la interconexión de los desafíos que afrontamos --observó--. Y «el malestar provocado por las previsiones de las consecuencias catastróficas de los cambios climáticos despertó a individuos y a países a la necesidad de cuidar el medio ambiente».

La delegación vaticana auspició por tanto que estos signos positivos puedan llevar a la «consolidación de una visión del progreso humano compatible con el respeto a la naturaleza, y a una mayor solidaridad internacional en la que la responsabilidad por el cuidado del medio ambiente sea compartida de modo equitativo y proporcional entre los países desarrollados y los que están en vías de desarrollo, entre ricos y pobres».

«Corresponde a las autoridades asegurar que estos signos prometedores se traduzcan en políticas públicas capaces de detener, invertir el sentido y prevenir la degradación medioambiental, persiguiendo el objetivo del desarrollo sostenible para todos». Las leyes, sin embargo, no bastan para modificar los comportamientos, observó Migliore. Un cambio de actitud exige «un empeño personal y la convicción ética del valor de la solidaridad», así como «una relación equitativa entre los países ricos y los pobres, imponiendo especiales deberes a las estructuras industriales a gran escala, ya sea en los países desarrollados, como en aquellos en vías de desarrollo, para que tomen en serio medidas para la defensa medioambiental».

Una actitud más atenta respecto a la naturaleza, comentó, puede ser además alcanzada y mantenida mediante la educación y una «campaña de conciencia constante». «Cuantas más personas conozcan los diversos aspectos de los desafíos medioambientales que afrontan, mejor se podrá responder», concluyó el prelado.